La economía crece, pero no llega al bolsillo: el empleo concentra el 44% de la preocupación en redes
En el universo digital, la economía se observa cada vez menos desde las pizarras financieras y cada vez más desde el bolsillo . La cuestión del trabajo concentra más del 44% de la conversación económica de las redes sociales , muy por encima de la inflación, la pobreza y el dólar. El dato revela dón
En el universo digital, la economía se observa cada vez menos desde las pizarras financieras y cada vez más desde el bolsillo.
La cuestión del trabajo concentra más del 44% de la conversación económica de las redes sociales, muy por encima de la inflación, la pobreza y el dólar. El dato revela dónde se aloja la principal inquietud social: en la capacidad de conseguir un empleo, conservarlo y transformar el salario en consumo.
Mientras indicadores como el EMAE muestra la expansión de buena parte de la economía, sus efectos sobre el empleo y el poder adquisitivo resultan insuficientes.
El crecimiento, impulsado especialmente por las actividades primarias, la minería y la pesca, todavía no compensa las dificultades del consumo masivo, la industria y la construcción, ni los problemas para acceder al crédito.
Es decir: el PIB argentino crece mientras empeora la percepción social de la economía.
(Foto: Emiliano Lasalvia / AFP)
Si la expansión no mejora el empleo ni los salarios disponibles, la recuperación macroeconómica tardará mucho más en convertirse en bienestar cotidiano.
Las previsiones tampoco anticipan una salida rápida. El REM del Banco Central todavía proyecta crecimiento para 2026, pero redujo su estimación anual al 2,7%, 0,4 puntos menos que un mes antes.
Más que una recuperación vigorosa, el consenso espera una economía que avanza con dificultad y profundas diferencias sectoriales. Las redes captan esa dualidad y responden con escepticismo.
Un agosto preocupante
El sentimiento promedio detectado por Monitor Digital sobre ocho variables económicas cayó de -60 puntos NSR en julio a -76 en agosto.
El deterioro alcanzó 16 puntos en apenas un mes, equivalente a un aumento cercano al 27% en la intensidad de la negatividad.
Dentro de la serie iniciada en septiembre de 2023, agosto de 2026 se ubicó como el tercer peor mes, apenas detrás de diciembre de 2023 (-77) y abril de este año (-76).
La caída de agosto no resulta inédita por su magnitud, sino por su sincronización: las ocho variables analizadas retrocedieron al mismo tiempo.
Las señales más intensas aparecieron en el crédito y la inflación, dos cuestiones que impactan rápidamente en las expectativas familiares: cuánto cuestan los bienes y servicios y cuánto cuesta financiar los gastos cotidianos.
En agosto, la conversación económica mostró retrocesos en todas las categorías
El crédito dejó de funcionar como alivio
El crédito registró el deterioro proporcional más fuerte de agosto en la conversación económica en redes: pasó de -39 a -74 puntos NSR y alcanzó el segundo peor resultado de toda la serie.
Durante julio, el financiamiento en pesos perdió dinamismo y varias líneas retrocedieron en términos reales, afectadas por las tasas elevadas y el aumento de la morosidad.
En paralelo, crecieron los préstamos en dólares, aunque su acceso quedó concentrado principalmente en empresas vinculadas al comercio exterior.
El Banco Central mostró una fotografía más matizada: el crédito agregado en pesos aumentó 1,2% real desestacionalizado en julio, impulsado por líneas comerciales.
Sin embargo, el costo para las personas continuó en niveles elevados. A comienzos de agosto, la tasa promedio de los préstamos personales rondaba 69,5% nominal anual.
Es decir, el crédito existe, pero no necesariamente allí donde el consumidor necesita sentirlo como un alivio.
La inflación volvió a contaminar las expectativas
La inflación mostró el segundo mayor deterioro digital de agosto, con un crecimiento de la negatividad del 74,9% respecto de julio.
El IPC de julio llegó al 2,1%, frente al 1,9% de junio. La diferencia parece pequeña después de los niveles inflacionarios que atravesó la Argentina, pero interrumpió otra vez la expectativa de una desinflación lineal.
Agosto también sumó ajustes en servicios, transporte, medicina privada y otros gastos habituales. Los trenes del AMBA aumentaron alrededor del 11,6%, mientras el Gobierno mantuvo bonificaciones extraordinarias sobre el gas y la electricidad para amortiguar parte del impacto invernal.
La inflación dejó de ser solamente el dato mensual del INDEC. Opera como una sucesión de pequeños aumentos que reduce el ingreso disponible.
Trabajo y pobreza, el corazón del malestar
Que el trabajo concentre el 44,1% de las menciones económicas en el debate digital representa uno de los principales hallazgos del informe de Monitor Digital, aunque esa centralidad se repite desde hace años.
La tasa de desempleo del primer trimestre fue del 7,8%. Los registros laborales también marcaron una caída mensual del 0,1% en el empleo registrado total y entre los asalariados privados durante mayo. La Encuesta de Indicadores Laborales repitió esa baja en junio.
Los salarios registrados crecieron 2,4% durante junio y superaron al IPC del mes. Sin embargo, los ingresos del sector privado registrado avanzaron apenas 1,9%, exactamente lo mismo que la inflación.
El acumulado anual todavía mostró dificultades para recuperar plenamente el poder adquisitivo.
También reaparecieron señales de alarma alrededor de la pobreza. La Universidad Torcuato Di Tella proyectó un 31,6% para el primer semestre, con una estimación del 32,7% para el segundo trimestre, frente al 30,5% del primero.
La UCA, mediante otra metodología, también detectó un freno en la reducción de la pobreza durante el comienzo de 2026. Esa realidad ayuda a explicar los estremecedores -86 puntos NSR que alcanzó la variable en agosto.
La economía productiva pierde temperatura
El sentimiento promedio sobre las ramas productivas retrocedió de -38 a -44 puntos NSR en plataformas sociales durante agosto, un deterioro mensual del 16,8%.
Seis de las siete actividades empeoraron. El campo funcionó como único oasis y pasó de -13 a -7 puntos. Tecnología alcanzó el peor sentimiento de toda su serie, mientras industria, servicios, energía y finanzas quedaron entre sus registros históricamente más negativos.
La composición de la conversación resulta decisiva. Servicios concentra el 33,7% de las menciones productivas, industria el 28,8% y finanzas el 21,7%. En cambio, campo representa apenas el 2,8% y minería el 2,1%.
Allí aparece una trampa para la percepción económica: las actividades que sostienen buena parte del crecimiento tienen poca gravitación digital, mientras los sectores ligados al empleo urbano, el consumo y la vida cotidiana concentran la atención.
Y justamente allí continúan las dificultades.
Las ventas en supermercados y mayoristas cayeron 3,1% interanual en junio. El consumo masivo retrocedió 2,6% interanual en julio y acumuló una baja del 2,9% durante los primeros siete meses.
La construcción disminuyó 4,1% mensual en junio y la UIA estimó para julio una reducción industrial desestacionalizada del 0,6%, con la producción fabril todavía cerca de 10% por debajo de los niveles de 2022 y 2023.
Crecimiento en veremos y sin euforia
El EMAE mejoró en junio, la balanza comercial acumuló un superávit de USD 16.080 millones entre enero y julio, las reservas superaron los USD 49.000 millones a comienzos de agosto y el mercado todavía proyecta una expansión del PIB durante 2026.
Sin embargo, todavía no aparece una recuperación vigorosa, homogénea y perceptible.
El REM redujo la previsión anual de crecimiento al 2,7% y proyectó apenas 1% de expansión desestacionalizada para el tercer y el cuarto trimestre.
Agosto agregó incertidumbre financiera: el riesgo país llegó a 532 puntos y, aun después de la corrección, acumuló una suba cercana al 17% mensual. Al mismo tiempo, disminuyó el ritmo de compra de divisas del Banco Central.
La proyección estadística de Monitor Digital tampoco anticipa una normalización rápida. El sentimiento económico general permanecería en un nivel “pésimo” durante los próximos meses, mientras la percepción sobre las ramas productivas continuaría fuertemente negativa hasta fin de año.
La economía crece en los indicadores, pero todavía no consigue cruzar la frontera decisiva: llegar al bolsillo y transformar los números en expectativas de bienestar.