Abrazo de Messi y Pedri en el Barcelona (EFE/Toni Albir/Archivo)

Pedro González López (Pedri) tiene 23 años, pero ya parece un veterano. El versátil y talentoso mediocampista surgido de UD Las Palmas ya ostenta ocho títulos con el Barcelona, y una Eurocopa y una corona en el Mundial 2026 con la selección de España. Y deslumbra con su simpleza para jugar cada vez que pisa un campo de juego. El volante publicó una extensa y sentida carta en The Player’s Tribune, en la que repasó su vida vinculada al deporte. Y le dedicó un conmovedor apartado a Lionel Messi, por su admiración y la ayuda que le brindó el argentino para que se adaptara en el universo culé.

Sobre su desembarco en el conjunto blaugrana, al que arribó a cambio de 5.000.000 de dólares, evocó: “Recuerdo que mi hermano voló conmigo a Barcelona, y tuvimos que ir en taxi al entrenamiento porque ninguno de los dos tenía carné de conducir. Era la época del COVID, así que tenías que llegar ya vestido de casa. Así que ya me ves en el asiento de atrás de un taxi normal, vestido con toda la ropa de entrenamiento del Barça, camino de la Ciutat Esportiva Joan Gamper”.

“Bajamos del taxi, voy a la caseta de seguridad y digo: ‘Hola, me llamo Pedri. Vengo a entrenar’. El guardia me hizo señas para que pasara, y no tenía ni idea de por dónde ir. Y cuando abrí la puerta de la zona de jugadores, adivinad quién fue la primera persona que vi. Literalmente, la primera persona. Es Leo. Está delante de mí. De verdad. Me quedé sin palabras. Intenté presentarme, pero no sé qué fue lo que dije. Leo me sonrió, me dijo que me relajara, y me acompañó al vestuario”, describió aquel primer cara a cara con Messi.

Se enfrentaron en la final del Mundial 2026 (REUTERS/Jeenah Moon)

“Es divertido porque llegué en el mismo momento que Trincão, y durante unos cuantos días, nos quedamos en el gimnasio después del entrenamiento, porque nos daba demasiada vergüenza entrar en el vestuario con todas aquellas leyendas: Busquets, Piqué, Jordi, Leo… Nos quedamos por ahí disimulando como si estuviéramos haciendo estiramientos eternamente. Creo que nunca había ganado tanta flexibilidad. Hacíamos abdominales, nos atábamos bien los cordones de las botas o simplemente comentábamos cómo había sido el entreno aquel día. Estábamos alucinando solo con estar allí“, continuó. Pero ese ardid para no pasar vergüenza llegó a su fin con la intervención del astro argentino, que hoy sigue brillando a los 39 años en el Inter Miami.

“Al final Leo se nos acercó un día. Se debió dar cuenta de lo que estaba pasando, y dijo: ‘Eh, ¿qué hacéis aquí? Venid dentro con nosotros’. Leo nos llevó al vestuario y nos mostró dónde sentarnos. Éramos como dos cachorritos. ‘¿Aquí? ¿Puedo sentarme aquí?’. Siempre le estaré agradecido por eso. Leo y Jordi (Alba) rompieron el hielo, y nos hicieron sentir cómodos. Pero yo no estaba seguro de si me quedaría en el equipo o de si finalmente iban a cederme. Sinceramente, en el entrenamiento me sentí como en casa. En los ejercicios de posesión, el balón se movía a la velocidad del rayo. Pero lo cierto es que, cuando juegas con genios, el balón siempre te llega al pie, en el momento perfecto. Te lo hacen todo más fácil. Sentí que lo estaba haciendo todo bastante bien, pero es el Barça. Miras la plantilla y piensas: ‘¿Realmente puedo encajar aquí?’“, concluyó su relato sobre aquellos días iniciáticos, en los que no solo se dio cuenta de que podía ser parte del Barcelona. De a poco, entendió que era otra estrella en ese firmamento.