La semana concluyó con una noticia desprovista de novedad pero de inmenso impacto: el acuerdo petrolero firmado entre Donald Trump y el régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez.
Es obvio que la Casa Blanca asumió el control de las reservas petroleras de Venezuela desde la captura misma de Nicolás Maduro. Con aquella operación quirúrgica y fulminante, sacó del poder un dictador, pero dejó al mando a la dictadura que el heredero de Hugo Chávez llevaba años liderando.
Lo que ocurrió esta semana y Trump anunció con bombos y platillos, es que lo que ocurría de hecho ahora quedó institucionalizado. El vasallaje que Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y los demás miembros de la nomenclatura chavista practicaron desde el primer día de la era pos-Maduro, quedó documentada en un “acuerdo”.
Se institucionaliza de ese modo la obscena transformación del régimen más anti-norteamericano de Sudamérica a ser un régimen títere de Washington, o más específicamente, de Trump.
Por cierto, la operación de rasgos cinematográficos que llevaron a cabo comandos de elite de la Delta Force le dejó en claro a la dictadura que la única opción para mantener en el poder era pasando de la noche a la mañana del antinorteamericanismo furioso a virreinato de Mar a-lago. Pero si los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello, Tarek William Saab y el general padrino López, además del resto de integrantes del régimen facineroso que encabezaba Maduro, tuvieran una pisca de dignidad, se habrían plantado en resistencia aún sabienbdo que serían derrotados, o habrían renunciado a ser parte de un régimen vasallo del “imperialismo” al que llevaban décadas denunciando.
Si hubieran pactado dejar Venezuela y asilarse en la Rusia de Putin, por ejemplo, con millones de dólares robados en las últimas décadas, hubieran mostrado menos miseria moral que la que mostraron transformándose en una versión americana de Vichy.
Cuando en 1940 Hitler derrotó a Francia, el Tercer Reich ocupó de manera directa parte del territorio y estableció en el sur, con capital en Vichy, una supuesta “Francia independiente”.
Lo más doloroso para los nacionalistas y los izquierdistas de Francia, fue que a la cabeza de ese régimen títere de Berlín estaba el mariscal Philippe Petain y Pierre Lava. El militar era una suerte de procer viviente por su rol en la batalla de Verdum y otros momentos claves de la Primera Guerra Mundial, mientras que el segundo había sido el abogado de la central obrera y parte del socialismo inspirado por George Sorel.
La diferencia, entre otras, es que ningún miembro del Vichy caribeño tiene glorias en el pasado. Eran un régimen facineroso y no tuvieron vergüenza al convertirse en empleados de Washington que administran el petróleo venezolano en nombre y en beneficio de Trump.
Esto no significa que hoy los venezolanos estén peor que hasta el día anterior a la captura de Maduro en enero del año en curso. Están mejor, porque el régimen es más débil y menos represivo, pero sin la democracia que en la segunda mitad del siglo 20 había distinguido a Venezuela en un continente plagado de dictaduras militares.