Quienes conviven con perros conocen bien la escena: antes de hacer sus necesidades, dan varias vueltas, olfatean el suelo y parecen tardar una eternidad en elegir el lugar. Aunque gran parte de ese comportamiento está relacionado con los olores y el marcaje territorial, una investigación científica encontró un factor mucho más sorprendente: el campo electromagnético de la Tierra.

El trabajo fue realizado por investigadores de República Checa y Alemania, quienes analizaron durante dos años la conducta de aproximadamente 70 perros de 37 razas diferentes. Los resultados sugieren que, bajo determinadas condiciones, los animales muestran una orientación corporal muy específica antes de orinar o defecar.

Qué descubrió el estudio sobre los perros y el campo magnético

Los científicos registraron 1.893 defecaciones y 5.582 micciones, observando hacia dónde se orientaba el cuerpo de cada perro durante esos momentos.

La conclusión fue llamativa: cuando el campo magnético terrestre permanecía estable, los perros tendían a colocarse sobre un eje norte-sur y evitaban con mayor frecuencia la orientación este-oeste.

Los autores señalaron que este comportamiento desaparecía cuando el campo magnético sufría alteraciones, por lo que creen que la estabilidad geomagnética sería un factor clave en esa elección.

Cuando el campo magnético terrestre se encontraba relativamente estable, los perros tendían a colocarse siguiendo un eje norte-sur  (Foto: Adobe Stock).
Cuando el campo magnético terrestre se encontraba relativamente estable, los perros tendían a colocarse siguiendo un eje norte-sur (Foto: Adobe Stock).

Por qué los perros dan vueltas antes de hacer sus necesidades

La veterinaria y especialista en comportamiento canino Linda Michaels explicó que ese ritual no responde a un único motivo.

Antes de elegir el lugar, los perros evalúan distintos aspectos del entorno:

  • Los olores dejados por otros animales.
  • El tipo de superficie y la vegetación.
  • Experiencias previas en ese sitio.
  • Posibles señales ambientales que los humanos no perciben.

Por eso, dar vueltas y mantener la nariz pegada al suelo forma parte de un proceso de evaluación mucho más complejo que un simple capricho.

La orientación mediante el campo geomagnético ya fue documentada en numerosos animales. Las aves migratorias lo utilizan durante sus viajes de miles de kilómetros, mientras que salmones, insectos, ciervos y ganado también muestran patrones relacionados con el eje norte-sur.

El caso de los perros resulta especialmente interesante porque se trata de una especie que convive estrechamente con los seres humanos y cuyo comportamiento cotidiano parece esconder mecanismos biológicos que todavía se siguen investigando.

Mediante la orina, los perros dejan información olfativa para otros individuos. (Foto: Freepik).
Mediante la orina, los perros dejan información olfativa para otros individuos. (Foto: Freepik).

Los especialistas aclaran que el campo magnético no explica por sí solo dónde hace sus necesidades un perro.

La orina y las heces funcionan como herramientas de comunicación social: contienen información química que otros perros pueden detectar, motivo por el cual muchos animales prefieren árboles, postes o lugares previamente marcados.

Además, el aprendizaje también influye. Desde cachorros, los perros incorporan qué superficies están permitidas y cuáles no, desarrollando con el tiempo preferencias muy específicas.

Por eso, si un perro tarda demasiado durante el paseo, no conviene apurarlo ni castigarlo. Cuando finalmente hace sus necesidades en el lugar correcto, reforzar esa conducta con un premio ayuda a consolidar el aprendizaje y mejora la convivencia.