Inés Ulanovsky reconstruye en Palabras existen una memoria del siglo XX a partir de textos personales, diapositivas anónimas halladas en Buenos Aires y objetos urbanos que la tecnología desplazó, en un libro que convierte teléfonos públicos, guías, buzones y archivos de papel en rastros de una vida cotidiana que cambió en pocos años.
La autora articula recuerdos propios con fotografías ajenas para registrar la transformación de los objetos, los modos de comunicación y la experiencia urbana. Según se contó en una entrevista con Infobae A las Nueve que da origen al texto, las diapositivas incorporadas al libro corresponden a los años 60 y muestran una ciudad, una ropa, unos autos y unos teléfonos públicos que remiten a formas de vida hoy desplazadas.
Ulanovsky explicó que escribió sobre el final del siglo XX y sobre una despedida que todavía le resulta difícil. “Empecé a escribir sobre algunos recuerdos”, dijo la fotógrafa y escritora sobre un trabajo que definió como un registro de su propio siglo pasado.

El libro enlaza recuerdos personales con objetos y palabras que dejaron de circular
El proyecto tomó forma a partir de materiales abandonados en la calle. Ulanovsky mencionó teléfonos rotos, televisores y radios, piezas que vinculó con escenas corrientes de otras décadas.
Ese punto de partida también marcó una diferencia con Las fotos, su obra anterior, construida con historias protagonizadas por imágenes dentro del terreno de la no ficción. En Palabras que ya no existen, en cambio, buscó una estructura más libre, donde los textos nacen de recuerdos personales y dialogan con objetos y documentos que pertenecieron a desconocidos.
Uno de los pasajes aparece junto a la imagen de un teléfono: “Llamé al 113 y me quedé escuchando el paso del tiempo”. La frase remite al servicio telefónico que informaba la hora y condensa una práctica asociada al uso del teléfono fijo.

La autora enlazó esa escena con agendas, guías telefónicas y boletos de transporte, objetos que formaron parte de la vida diaria de quienes crecieron en el siglo pasado. También reunió palabras presentes en el libro o en las fotos, como cospel, guía y Philcar, términos que las generaciones más jóvenes pueden no reconocer.
Ulanovsky situó allí uno de los ejes del libro: los cambios tecnológicos no solo reemplazaron aparatos, también alteraron hábitos. Recordó una conversación con uno de sus hijos, que describió al iPod como un artefacto de otra época y dudó de que sus padres lo hubieran usado.
El cruce entre memoria privada y memoria urbana
Mientras terminaba el libro, la autora encontró numerosas diapositivas en la puerta de su casa, sin saber quién las tomó ni cómo llegaron hasta allí. Las rescató, las escaneó y decidió incorporarlas a la publicación.
Ulanovsky vio en esas imágenes anónimas un diálogo entre recuerdos propios y ajenos. “Se establecía ahí un diálogo interesante de recuerdos propios y ajenos”, explicó sobre el vínculo entre sus textos y esas escenas de Buenos Aires.

El libro no identifica a las personas retratadas. Para la autora, esas figuras pudieron tener un sentido íntimo para quien fotografió, pero también permiten reconocer experiencias urbanas compartidas por lectores que nunca conocieron a los protagonistas de las imágenes.
Entre esas evocaciones, recordó una escena ligada a la vida antes de Internet: una vez buscó en la guía el teléfono fijo de Charly García, llamó sin esperar respuesta y el músico atendió. La anécdota le sirvió para pensar un tiempo en el que muchas acciones dependían de objetos físicos y de gestos que ya no se practican del mismo modo.
Las fotos impresas y los archivos en papel ocupan un lugar central en su trabajo
Ulanovsky también subrayó el valor material de las fotografías impresas. Explicó que sus dos libros parten de soportes físicos y que nunca habría podido encontrar una foto digital tirada en la calle.
La escritora conserva una colección de imágenes halladas en espacios públicos. “Todo el tiempo me encuentro con esas fotos”, señaló al mencionar materiales que pueden tocarse, guardarse y observarse fuera de la pantalla.

También aludió al grupo Negativos Encontrados, dedicado a difundir negativos y fotografías recuperadas por personas que los hallaron en distintos lugares. Según relató, después de la muerte de alguien algunos familiares desechan esas imágenes, y en ciertos casos los dueños originales lograron reconocer fotos propias que otro integrante de la familia había descartado.
Para Ulanovsky, los álbumes familiares preservan una forma de transmisión que va más allá de la imagen. Cada foto suele estar acompañada por una historia repetida en reuniones familiares y esa circulación oral pasa de una generación a otra.
En ese recorrido, describió los archivos como espacios de búsqueda y hallazgo. También recordó que muchos medios dejaron de conservar archivos en papel y que parte de esos materiales terminó en la calle.
Palabras que ya no existen reúne ese conjunto de recuerdos, hallazgos e imágenes en una publicación de Paripé Books.
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