
La menopausia cambia el funcionamiento del corazón al reducir los niveles de estrógeno y progesterona, lo que puede elevar el colesterol, la presión arterial y la grasa abdominal entre los 45 y 55 años, advierte la cardióloga Karla Kurrelmeyer del Hospital Houston Methodist.
En el marco del Día Mundial del Corazón, que se conmemora el 29 de septiembre, la especialista recomienda vigilar estos indicadores, modificar hábitos y solicitar una valoración médica para reducir el riesgo de infarto y evento cerebrovascular.
La transición no ocurre de un día a otro. Para la mayoría de las mujeres, la perimenopausia dura alrededor de cuatro años, aunque puede extenderse durante una década. Durante ese tiempo, los valores de colesterol, presión, peso y glucosa pueden cambiar de manera gradual.
La doctora Kurrelmeyer recomienda acumular 150 minutos de ejercicio vigoroso por semana, combinar actividades aeróbicas con entrenamiento de fuerza y mantener una alimentación saludable para el corazón, como la dieta mediterránea.
El descenso del estrógeno: qué ocurre en el cuerpo
Se considera que una mujer llega a la menopausia tras pasar un año completo sin menstruación ni sangrado ligero. Antes aparece la perimenopausia, una etapa en la que disminuye de forma paulatina la producción de estrógeno y progesterona.
En Estados Unidos, la menopausia se presenta en promedio a los 52 años. La edad puede variar según las condiciones de salud, los antecedentes familiares, intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos que afecten la función de los ovarios.
El estrógeno y la progesterona contribuyen a mantener una presión arterial más baja y a relajar los vasos sanguíneos. Estas funciones favorecen el flujo de la sangre y ayudan a limitar la formación de placa que estrecha las arterias.
“Muchas personas creen que las hormonas desaparecen cuando termina la menstruación, pero sus niveles disminuyen poco a poco”, señala la cardióloga Karla Kurrelmeyer.

La médica detalla que los factores de riesgo reflejan ese cambio hormonal. “Durante un periodo de cinco a diez años, aumentan los triglicéridos y el colesterol LDL o ‘malo’, mientras disminuye el HDL o colesterol ‘bueno’”, explica.
Colesterol LDL, presión arterial y grasa abdominal aumentan durante la transición
La reducción hormonal también se relaciona con cambios metabólicos. Al bajar los niveles de estrógeno y progesterona, puede aumentar la presión arterial y disminuir la masa muscular, incluso si el peso corporal no registra una variación evidente.
La pérdida de músculo no siempre equivale a bajar de peso. La grasa corporal puede aumentar, sobre todo alrededor de la cintura. Esta acumulación se asocia con el síndrome metabólico, que también favorece la resistencia a la insulina, la prediabetes y la diabetes.
“Cuando pierdes estas hormonas naturales, aumenta la presión arterial y disminuye la masa muscular”, dice Kurrelmeyer. “Puede aumentar la grasa corporal, sobre todo alrededor de la cintura”.
El síndrome metabólico reúne alteraciones como presión alta, glucosa elevada, exceso de grasa abdominal, triglicéridos altos y colesterol HDL bajo. La coexistencia de estos factores eleva la probabilidad de desarrollar enfermedad cardiaca.
Un estudio publicado en 2020 en la revista Circulation reporta que solo el 56% de las mujeres identifica a las enfermedades cardiacas como su principal causa de muerte. Una encuesta de Wrapp Consulting añade que solo el 12% de las millennials que empiezan a llegar a la perimenopausia se siente bien informado sobre esta etapa.
La menopausia temprana adelanta el riesgo de infarto y evento cerebrovascular
La menopausia puede presentarse antes de lo habitual por causas naturales, la extirpación quirúrgica de los ovarios o ciertos tratamientos médicos. Algunas publicaciones definen la menopausia temprana antes de los 45 años y otras utilizan el límite de los 40 años.
La especialista del Hospital Houston Methodist señala que, al perder años de efecto protector del estrógeno, los factores cardiovasculares pueden aparecer antes.
“El riesgo de futuros eventos cardiovasculares aumenta considerablemente porque se pierden entre cinco y diez años del efecto protector del estrógeno”, sostiene Kurrelmeyer.
La diabetes, la presión alta y el colesterol elevado representan riesgos mayores que la menopausia temprana. Aun así, la especialista pide revisar el conjunto de condiciones de cada paciente, incluidos los antecedentes familiares y los resultados de estudios cardiacos.
Las mujeres con lupus, artritis reumatoide o psoriasis también pueden requerir atención preventiva más temprana. Estas enfermedades elevan la inflamación en la sangre y pueden facilitar la ruptura de placas en las arterias, incluso cuando la acumulación de grasa no parece extensa.
Hipertensión gestacional y preeclampsia requieren vigilancia cardiológica

Las complicaciones durante el embarazo pueden revelar que el sistema cardiovascular enfrentó dificultades para adaptarse a las exigencias del organismo. Kurrelmeyer describe al embarazo como una “prueba de esfuerzo” para el corazón.
La hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, la preeclampsia, los síndromes placentarios maternos, un bebé pequeño para su edad gestacional y el síndrome HELLP deben formar parte del historial que se evalúe antes de iniciar un tratamiento para la menopausia.
“Estas condiciones muestran que el sistema cardiovascular tuvo dificultades para adaptarse a las exigencias del organismo y aumentan considerablemente el riesgo de futuros problemas cardiacos”, afirma la especialista.
La recomendación es no esperar hasta los 60 o 65 años para conocer los niveles de colesterol, presión arterial, glucosa y peso. Una consulta preventiva puede ayudar a identificar cambios antes de que aparezca un infarto o un evento cerebrovascular.
Palpitaciones en la menopausia pueden requerir atención médica
El estrógeno y la progesterona también influyen en el sistema eléctrico del corazón. Su disminución puede alterar de forma temporal las señales cardiacas y provocar palpitaciones, descritas con frecuencia como un aleteo o un vuelco dentro del pecho.
Kurrelmeyer indica que, por lo general, se trata de latidos auriculares prematuros consecutivos que pueden causar taquicardia auricular paroxística. Estos episodios duran desde segundos hasta algunos minutos y desaparecen.
Las palpitaciones son frecuentes en periodos de cambios hormonales como la pubertad, el embarazo y la menopausia. La deshidratación, la falta de sueño, la cafeína y el estrés también pueden favorecerlas.
Es necesario buscar atención médica si las palpitaciones aparecen con dolor en el pecho o espalda, falta de aire, dificultad para respirar, desmayo, mareo, náuseas, vómito o si se prolongan por más tiempo de lo habitual.
La terapia hormonal depende del riesgo cardiovascular individual
La terapia de reemplazo hormonal alivia síntomas de la menopausia, pero no es adecuada para todas las pacientes. La decisión requiere valorar antecedentes personales, enfermedades cardiovasculares y estudios que midan la presencia de calcio en las arterias coronarias.
Un estudio de la Sociedad de la Menopausia reporta que las mujeres tratadas con estrógenos equinos conjugados, solos o con acetato de medroxiprogesterona, mejoran varios indicadores cardiacos, excepto los triglicéridos.
Kurrelmeyer recomienda evitar la terapia hormonal cuando un escaneo cardiaco muestra una puntuación de calcio superior a 300. Ese resultado indica una probabilidad alta de eventos cardiovasculares a corto o largo plazo.
La médica añade que el estudio HERS identificó un aumento de nuevos eventos en mujeres que utilizaban terapia hormonal y tenían antecedentes de estents, bypass, infarto o evento cerebrovascular.
Las pacientes con una puntuación de calcio menor a 300 podrían utilizar terapia hormonal durante un periodo corto, aunque la decisión debe tomarse con el ginecólogo o el cardiólogo según el estado de salud individual.

Dieta mediterránea y fuerza muscular ayudan a reducir los factores de riesgo
La doctora Kurrelmeyer recomienda una alimentación saludable para el corazón, entre ellas la dieta mediterránea. Este patrón prioriza frutas, verduras, leguminosas, granos enteros y fuentes de grasa como el aceite de oliva.
La actividad física debe incluir ejercicio aeróbico de intensidad moderada a alta al menos tres veces por semana, además de ejercicios de fuerza en otros días. El objetivo del entrenamiento muscular es frenar la pérdida de masa y conservar la movilidad durante el envejecimiento.
La especialista sugiere considerar una consulta con cardiología después de confirmar la menopausia con el ginecólogo. Para quienes tienen menopausia quirúrgica, inducida por tratamientos o prematura, la revisión puede ser necesaria desde los 40 años.
“Si no has sufrido un infarto o evento cerebrovascular, no te han colocado un estent, no has tenido un bypass y no padeces diabetes, enfermedad vascular periférica ni enfermedad renal crónica, sugiero esperar hasta confirmar la menopausia para acudir con un cardiólogo”, finaliza Kurrelmeyer.




