Liendo:

Lejos de la dolarización extrema y de “volver al pasado”, Horacio Liendo prepara un libro de próxima aparición, “Dinero estable”, en el que desarrolla un plan monetario y cambiario alternativo al actual. Dólares de curso legal con el mismo estatus del peso, reforma del Banco Central mucho más profunda que la que tiene media sanción en Diputados, prohibir el control de cambios, suprimir el financiamiento del Central al Tesoro y hacer una indexación permanente de precios y salarios, son sus principales ejes.

Domingo Cavallo, de quien fue secretario de Legal y Técnico en los años ‘90, prologó su libro. Liendo fue uno de los diseñadores del plan de convertibilidad, sobre el que hoy tiene alguna dosis de autocrítica.

En una entrevista con Infobae, desgranó un plan que lejos estuvo de quedar en la teoría. En la campaña de 2023, estuvo en la mesa de trabajo de los candidatos Javier Milei y Patricia Bullrich. Y antes de convertirse en un libro, se plasmó en varios proyectos de ley.

¿Cuál es el diseño monetario y cambiario que propone para la Argentina de hoy, considerando lo que ya hizo Milei en casi tres años de gobierno?

— Básicamente, se trata de restablecer el dinero estable. Una sociedad no puede funcionar adecuadamente sin eso. No tener moneda equivale a no tener sistema métrico decimal, la Constitución las pone en el mismo rango. Después de haberla recuperado durante casi 11 años, destruimos sistemáticamente la moneda. No solo destruimos el peso con la reintroducción de la inflación; destruimos el dólar como moneda alternativa con la pesificación. También la posibilidad de las obligaciones indexadas, cuando se reintrodujeron índices de actualización que luego se falsearon, lo que destruyó la confianza. La sociedad quedó atrapada, sin salida. La población no tiene cómo defenderse de los ataques del Gobierno contra el dinero estable. Esos ataques tienen que ver con la voracidad para financiar gastos y políticas propias, así como con el diseño y la manipulación de la política cambiaria.

“¿De qué se tendría que ocupar el Banco Central? Solo de la política monetaria del peso, como la Reserva Federal"

¿Cuáles son las principales modificaciones en lo cambiario?

— El control de cambios tuvo distintas variantes a lo largo de la historia y llegó a momentos muy agudos, como durante el régimen peronista. Con la Constitución de 1949 a través de las diferencias de cambio se financiaban, en los hechos, impuestos para algunos y subsidios para otros. En 1970 se estableció el régimen penal cambiario, que transformó cualquier operación no autorizada en un delito. De ese régimen penal cambiario depende buena parte de este sistema: somos títeres de ese sistema. No hablo solo de levantar el cepo, como hizo Macri al comienzo de su mandato y luego reinstaló antes de terminar. Hablo de derogar el régimen penal cambiario y, para asegurarnos de que no sea restablecido, establecer el curso legal del dólar. Tendríamos dos monedas de curso legal, el peso y el dólar.

¿Cuál es el efecto macroeconómico de que la Argentina tenga dos monedas de curso legal: una sobre la cual puede influir y ejecutar un plan monetario, y otra que depende de EEUU, que puede preferir un dólar fuerte o débil? ¿Eso no trae problemas?

— No trae ningún problema. Tuvimos ese régimen, con la variante de que, en lugar de una flotación absolutamente limpia, había un régimen de convertibilidad. En algún sentido, es lo mismo: la cuenta capital está totalmente liberada, no hay restricciones y se eliminan las obligaciones de ingresar o trasladar dólares. Que no tengamos incidencia sobre la política del dólar simplemente implica que los argentinos podrán competir su moneda con el dólar. Propongo que el peso sea emitido por el Banco Central, que no debiera tener incidencia en la política cambiaria, con limitaciones concretas: podría comprar y vender como un operador más del mercado, pero no podría incidir en el precio.

Domingo Cavallo, de quien Liendo fue secretario de Legal y Técnico en los años ‘90, prologó su libro

Es decir, no sería una decisión discrecional, sino una restricción legal.

— Exactamente. Entonces, ¿de qué se tendría que ocupar el Banco Central? Solo de la política monetaria del peso, como la Reserva Federal: expandir pesos cuando la demanda de dinero sube y retirar pesos de circulación, o contraer la base monetaria, cuando su demanda baja. Fui director del Banco Central, así que conozco su funcionamiento interno. Actualmente, además de las funciones propias de un banco central, tiene la Superintendencia de Entidades Financieras, que se lleva mucho tiempo de trabajo del Directorio. Muchas entidades de supervisión expandieron su área de influencia y la división entre mercado de capitales y mercado financiero se volvió mucho más tenue. Eso es lo que propongo.

En concreto, ¿la Superintendencia debería absorber las funciones de la Comisión Nacional de Valores (CNV)?

— No solo eso, también las de la Superintendencia de Seguros, la Inspección General de Justicia (IGJ) en materia de ahorro y préstamo para la vivienda, y las de cooperativas y mutuales en lo que hace a actividades financieras. No existiría con incidencia financiera, que no estuviera bajo la órbita de esa entidad que se llamaría Superintendencia de Actividades Financieras.

El proyecto para reformar el BCRA que ya tiene media sanción en el Congreso, ¿cuánto de esto soluciona?

— La reforma de la Carta Orgánica me parece un poco timorata. Está bien y va en la buena dirección: limita la capacidad del Estado para tomar préstamos del Banco Central. Todo eso es positivo. Pero, a mi juicio, tiene algunas cuestiones negativas.

¿Cómo cuáles?

— Mantiene la capacidad del Banco Central para endeudarse. Es un concepto equivocado. El Banco Central no está para tomar deudas: está para emitir dinero estable a la población. Durante la convertibilidad, con la Carta Orgánica de 1992, el Banco Central tenía prohibido endeudarse, excepto para operaciones de mercado abierto destinadas a manejar determinadas situaciones, como los depósitos. En 2002, cuando el país cayó en default derogaron por decreto esa parte de la Carta Orgánica y autorizaron expresamente al Banco Central a emitir obligaciones que no fueran dinero.

“La reforma de la Carta Orgánica me parece un poco timorata. Está bien y va en la buena dirección, pero tiene algunas cuestiones negativas”

Ahí arrancan los famosos pasivos monetarios.

— Exactamente. Y todavía el Central tiene facultades para hacerlo, algo ajeno a su tarea. Básicamente, las funciones del Banco Central son emitir dinero y las del Tesoro, emitir bonos. Cuando se mezclan ambas funciones, entramos en una ensalada que no entendemos. Ese límite fue claro y tajante durante la convertibilidad, y durante 11 años no tuvimos ningún problema. Hay que volver a eso.

¿Milei debería liberar por completo el mercado cambiario, como hizo Macri al asumir en 2015?

— Propongo algo un poco distinto. Milei, o quien sea, debería enviar y sancionar un nuevo régimen monetario para la República Argentina que incluya todas estas cuestiones. Si no adopta todas las reglas de manera consistente desde el inicio, genera señales confusas. Si levanto el cepo pero mantengo toda esta mezcla, la gente no sabe qué hacer y empieza a especular entre tasa y dólar. Una Carta Orgánica sin una ley monetaria produce lo que hemos tenido y que el Presidente criticó muchas veces, con razón: una facultad ilimitada de emitir dinero, que no tiene sustento en la Constitución.

Macri fue gradualista en lo fiscal y drástico en lo cambiario. Milei parece seguir el camino inverso: tuvo superávit desde el primer día, pero todavía existe el cepo para las empresas. Si hoy adoptara un plan como el que propone, sin control de cambios ni regulación cambiaria, ¿qué problemas podría traerle?

— No creo que le traiga problemas; le traería grandes beneficios. En la sustancia, es lo que él planteaba. Si adoptara estas medidas, serían un complemento imprescindible para el plan. Hay mucho énfasis en recuperar sectores postergados con enorme potencial, como el energético, el minero y la industria del conocimiento. Todo eso está muy bien y genera muchas divisas. Salvo en el RIGI, hay obligación de liquidarlas en pesos. Probablemente no haya demanda suficiente para eso. Este sistema cambiario es para la escasez, para la vieja Argentina. El sistema para la nueva Argentina debe ser el de libertad de cambio: quien gana dólares, si quiere conservarlos, debe poder hacerlo. La demanda de pesos debe determinar exclusivamente cuánto emite el Banco Central.

¿Cómo funcionaría la nueva UVA?

— El peso actual, como denomino a esa unidad de cuenta, equivaldría a 1.000 pesos corrientes más CER desde el día en que se lance el régimen monetario que propongo. Se aplicaría a todas las obligaciones a plazo en pesos corrientes que no devenguen intereses ni tengan ajustes de otro tipo. Con el Peso Actual se medirían salarios, jubilaciones, alquileres, medicina prepaga, servicios públicos e impuestos. El mercado financiero funcionaría mucho mejor si los ingresos de la gente se ajustaran con la misma unidad que las obligaciones de los préstamos, independientemente de la tasa de interés.

¿Eso sería obligatorio y generalizado? En lugar de los que proponen un acuerdo de precios y salarios, su plan es que ajusten por un mismo índice, por ley?

— El régimen se aplicaría de ese modo, aunque quien quiera hacer un acuerdo voluntario diferente podría hacerlo. También hay que analizarlo desde el poder de negociación salarial. Cuando sindicatos y empresas negocian salarios en función de la inflación, adquieren un poder enorme. La inflación es una anomalía en la sociedad. Si la inflación fuera del 20% mensual y se ajustara un salario 18% o 16%, eso implicaría mover riqueza de unos a otros de manera arbitraria. Por eso creo que el ajuste por inflación debería estar centralizado. Si se ajustan por inflación todas estas obligaciones, el Banco Central solo tendría un señoreaje de tasa de interés, no de inflación. Eso es lo que corresponde, porque la inflación es un impuesto no legislado que le quita patrimonio a la gente.

Con el esquema monetario actual, Milei logró llevar la inflación de más de 200% interanual en torno a 30 puntos. Si este esquema se sostiene y no se modifica, ¿en algún momento podría llegar a una inflación internacional, del 4%, como la de la región y el mundo?

— Es más difícil de contestar porque depende de muchas variables y de cómo siga el proceso. Cuando miro cómo empezó la base monetaria durante la gestión del presidente Milei y cómo está ahora, advierto que creció sustancialmente más que la demanda de dinero. La demanda de dinero creció mucho, pero la base monetaria pasó de 8 billones a 46 millones de pesos. Si tomo solo la circulación monetaria, es decir, si no descuento los depósitos que tienen los bancos en el Banco Central, aparece parte del problema. No estamos hablando solo de indexar el gasto, sino también los ingresos.

No hay que crear argendólares. Hay que establecer un encaje del 100% para los depósitos en dólares en la Argentina

Se habla mucho del ejemplo de Perú. ¿Qué podría tomar de allí la Argentina y qué no le conviene replicar?

— El ejemplo de Perú es excelente. En 1993 introdujo en la reforma constitucional dos cláusulas muy relevantes. La primera garantiza que la población pueda mantener y disponer de monedas extranjeras, que es lo que acá sustituyo con el curso legal del dólar. La segunda establece que el Banco Central no puede financiar al Tesoro. Esas dos cláusulas son esenciales. La manera de adoptar un régimen parecido es mediante el instrumental que diseñé, que incluye una reforma al Código Penal para criminalizar como la falsificación, la emisión sin respaldo y el cambio de reglas.

¿La emisión sin respaldo debería ser un delito?

— Exactamente, al igual que muchas otras conductas. Son delito cuando las comete un particular no cuando las comete el Estado. Hay otro asunto relevante: no hay que crear argendólares. Hay que establecer un encaje del 100% para los depósitos en dólares en la Argentina. Esto se entiende a partir de lo ocurrido en 2001, cuando la salida de dólares durante la última etapa de la convertibilidad generó un gran estrés. Creo que esa fue la causa de la crisis, que pudo haberse manejado, pero que finalmente se combinó con un golpe institucional que decidió cambiar todas las reglas de juego.

Eso quiere decir que, si deposito dólares en un banco, esos dólares quedarían en el banco y no podrían prestarse.

— Sí. Podría haber alguna excepción muy limitada para operaciones de comercio exterior, como la financiación de exportaciones. Pero los dólares tampoco estarían en el Banco Central de la República Argentina, que cambiaría su denominación. Estarían depositados en bancos del sistema de la Reserva Federal. Los bancos locales tendrían que constituir esos encajes en bancos del sistema de la Reserva Federal, bajo determinadas características.

¿Tampoco integrarían las reservas del Banco Central?

— Caerían las reservas del Banco Central, pero quedarían las reservas netas, que serían las que tendría efectivamente el organismo. Seguramente serían muchas, porque hay reformas para que el Banco Central tenga títulos públicos comercializables. Deberían desaparecer las letras intransferibles que tienen actualmente las autoridades y todos esos títulos deberían cotizar en el exterior. Esos serían los títulos que el Banco Central vendería o compraría para manejar la política monetaria.

“Si mantengo el régimen actual que tiene la Argentina, los depósitos en dólares pueden ser pesificados y eso es constitucional. Tenemos que salir de ese régimen”

Se discute mucho por estos días la decisión del Banco Central de flexibilizar el crédito en dólares. ¿Fue un error de la convertibilidad permitir que los bancos prestaran dólares a quienes no los generaban?

— Respecto del régimen que pusieron actualmente en vigencia, es parecido a lo que yo pensaba en aquella época. Yo creía que el descalce de monedas no era un problema y que, al establecer la convertibilidad, todo se reducía a que, cuando la base monetaria bajaba en pesos porque la gente no quería pesos, retiraba dólares y el nivel se restablecía. Pero la crisis de 2001 deja una enorme enseñanza. La ley de convertibilidad era una ley de base monetaria, no un régimen financiero. El régimen financiero estaba definido en la ley de entidades financieras y en las regulaciones prudenciales del Banco Central.

¿Fallaron las regulaciones?

— Cuando las revisamos, eran razonables. Probablemente deberían haber existido encajes más altos para los depósitos en dólares, como ocurre en Perú. Eso habría evitado parte del problema. ¿Cómo se financió la caída de depósitos durante 2001? Esa es la autocrítica que me piden. Los depósitos cayeron aproximadamente USD 16.000 millones. De esa cifra, USD 4.000 millones se financiaron con una caída de las reservas de la convertibilidad. Los USD 12.000 millones restantes surgieron de la caída de préstamos del sistema financiero al sector privado que provocó un aumento sustancial de la tasa de interés en dólares. La causa de esa caída no fue una apreciación del peso, como se sostiene muchas veces, porque las exportaciones fueron muy superiores a las importaciones. No había atraso en dólares; había un problema de retiro de depósitos por pérdida de confianza. Para este nuevo régimen, propongo no cometer ese error. La decisión que toma actualmente el Gobierno previene la emisión de dólares porque los bancos no prestan dólares: prestan pesos, y los dólares deben venderse en el mercado.

¿Por qué no funcionó la ley de Inocencia Fiscal? ¿Es solo una cuestión de desconfianza que hace que la gente no quiera llevar sus dólares al banco o hay un problema de diseño de la medida?

— Fundamentalmente una cuestión de confianza. Si mantengo el régimen actual que tiene la Argentina, los depósitos en dólares pueden ser pesificados y eso es constitucional. Tenemos que salir de ese régimen. Empezó en 2002 y todavía no terminó. Una vez que marquemos el final de esa pesadilla, la Argentina volverá a confiar, si las reglas están bien diseñadas, y volcará sus dólares al sistema.