Investigadores de Mayo Clinic identificaron cinco subtipos biológicamente distintos de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, un trastorno en el que se acumula grasa en el hígado. El hallazgo se conoce en un contexto en el que esta patología afecta a 38% de los adultos en el mundo, según una revisión epidemiológica publicada en la revista Clinical and Molecular Hepatology.

Hasta ahora, solía tratarse como una única entidad clínica. Sin embargo, la nueva investigación indica que dentro de esa definición amplia existen recorridos diferentes, con probabilidades desiguales de evolucionar hacia cirrosis, cáncer, insuficiencia hepática, trasplante, enfermedad cardiovascular y otras complicaciones.

El estudio publicado en Nature Communications planteó que la MASLD no sigue un único curso y que sus subtipos presentan riesgos distintos de cirrosis, cáncer, insuficiencia hepática y enfermedad cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Publicado en la revista Nature Communications, el estudio señaló que dos de los grupos identificados, con fuerte componente genético, quedaron asociados a una progresión más rápida hacia formas avanzadas, incluso en personas sin obesidad o diabetes.

Los autores, de todos modos, presentan esta clasificación como una propuesta exploratoria: por ahora no constituye categorías diagnósticas ni subtipos formalmente aceptados por las guías clínicas.

Los cinco subtipos muestran riesgos distintos y dos de ellos dependen con fuerza de la genética

Entre los perfiles detectados, uno fue el cardiometabólico, asociado a los factores más conocidos del cuadro, como obesidad, diabetes, hipertensión y alteraciones en las grasas de la sangre, entre ellas colesterol y triglicéridos.

El segundo corresponde a un perfil cardiorrenal con predominio masculino, asociado a problemas cardiovasculares y a deterioro de la función de los riñones. El tercero aparece sobre todo en mujeres y se vincula con obesidad, trastornos del estado de ánimo y una alta frecuencia de apnea del sueño, un cuadro en el que la respiración se interrumpe de manera repetida mientras la persona duerme.

Uno de los subtipos de MASLD corresponde al perfil cardiometabólico y se asocia con obesidad, diabetes, hipertensión, colesterol y triglicéridos elevados (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los dos grupos restantes fueron los que más interés despertaron por su peso genético. Uno de ellos, definido como MASLD poligénica, presentó menos enfermedades metabólicas asociadas que los perfiles anteriores, pero aun así mostró una mayor tasa de trasplante hepático.

El término poligénica indica que el riesgo no depende de una sola alteración hereditaria, sino de la combinación de varias variantes genéticas que, juntas, aumentan la probabilidad de que la enfermedad avance.

El quinto grupo fue la MASH poligénica, vinculada a una mayor probabilidad de fibrosis avanzada y falla renal aguda. MASH es la forma inflamatoria de esta enfermedad: además de acumular grasa, el hígado presenta lesión e inflamación, un proceso que puede favorecer la aparición de cicatrices y comprometer su funcionamiento con el tiempo.

Otro subtipo de MASLD mostró un perfil cardiorrenal con predominio masculino y vínculo con problemas cardiovasculares y deterioro de la función renal (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el comunicado de prensa, Shulan Tian, bioinformática de Mayo Clinic y coautora principal sénior, resumió la importancia del hallazgo con una frase que apunta al sentido práctico de la investigación: “Una vez que se separan estos subtipos, se puede empezar a vincular los tratamientos con la biología que realmente está impulsando la enfermedad”.

Los investigadores plantean que no todos los pacientes con MASLD deben evaluarse igual. Si el diagnóstico tiene mecanismos distintos, pueden variar las señales de alerta, el ritmo de progresión y las estrategias de seguimiento. La clasificación propuesta busca identificar con más precisión quiénes tienen mayor riesgo y quiénes pueden beneficiarse de controles o tratamientos ajustados a la causa biológica.

El estudio combinó historias clínicas y secuenciación genética para detectar patrones ocultos

Según explicaron en el comunicado de prensa, el análisis incluyó enzimas hepáticas, índice de masa corporal, niveles de lípidos y enfermedades asociadas como diabetes, depresión y apnea del sueño. A partir de esos datos, los investigadores aplicaron modelos computacionales para detectar grupos de pacientes con rasgos biológicos en común.

La lógica del enfoque parte de una idea simple: un mismo diagnóstico puede reunir recorridos muy distintos.

La MASLD poligénica presentó menos enfermedades metabólicas asociadas, pero mostró una mayor tasa de trasplante hepático por su componente genético (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el comunicado, Eric Klee, director asociado de investigación e innovación del Midwest en Mayo Clinic y coautor principal sénior, sostuvo que “Lo que está surgiendo aquí es una forma de identificar de manera sistemática subgrupos significativos dentro de una enfermedad compleja”. También señaló que “esto ayuda a trazar el mapa de una enfermedad compleja con tal precisión que se puede empezar a anticipar su curso e intervenir antes de que ocurra el daño más grave”.

El trabajo también se apoyó en el Research Data Atlas de Mayo Clinic, una plataforma que cruza datos genéticos y clínicos para identificar patrones en grandes poblaciones. Según informó la institución, una de sus herramientas centrales es Tapestry Study, que reunió más de 100.000 datos de exoma, la parte del material genético que contiene instrucciones para fabricar proteínas.

La MASH poligénica quedó vinculada a fibrosis avanzada y falla renal aguda en la forma inflamatoria de la enfermedad hepática (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además de diferenciar perfiles de riesgo hepático, el estudio encontró asociaciones con problemas que exceden al hígado. Por primera vez, se observaron vínculos entre grupos específicos y condiciones como depresión, apnea del sueño y migraña. El dato refuerza la idea de un impacto sistémico, con efectos que van más allá de este órgano.

El próximo paso será probar la clasificación en más pacientes y evaluar terapias dirigidas

Los investigadores remarcaron que estos resultados todavía deben evaluarse en poblaciones más amplias. El próximo paso será probar el enfoque en grupos de pacientes más diversos y estudiar cómo responde cada grupo a distintos tratamientos, entre ellos los agonistas del receptor GLP-1, una familia de fármacos utilizada en diabetes y obesidad.

En ese sentido, Tian señaló que “cuando los datos clínicos y genómicos se analizan juntos a esta escala, empiezan a aparecer patrones de progresión de la enfermedad que de otro modo permanecerían ocultos”.