Toni Falbo, psicóloga social: “Todos los defectos que se le atribuyen al hijo único nunca pudieron ser confirmados por la ciencia”
Ser hijo único cargó durante mucho tiempo con una reputación poco favorable. Se asumía que crecer sin hermanos podía convertir a una persona en alguien egoísta, excesivamente mimado o con dificultades para relacionarse con los demás. Sin embargo, décadas de investigaciones llegaron a una conclusión
Ser hijo único cargó durante mucho tiempo con una reputación poco favorable. Se asumía que crecer sin hermanos podía convertir a una persona en alguien egoísta, excesivamente mimado o con dificultades para relacionarse con los demás.
Sin embargo, décadas de investigaciones llegaron a una conclusión muy distinta. Toni Falbo, profesora de la Universidad de Texas en Austin y una de las principales especialistas en el tema, sostiene que esos estereotipos nunca encontraron un respaldo científico consistente.
Qué dice la ciencia sobre los hijos únicos
La idea de que los hijos únicos son solitarios o malcriados tiene raíces antiguas. A comienzos del siglo XX, incluso algunos referentes de la psicología describían esta condición en términos muy negativos.
Hoy la evidencia apunta en otra dirección. Según Falbo, “los tópicos del hijo único como ‘solitario, egoísta e inadaptado’ no pueden ser confirmados por la investigación empírica”.
La especialista explica que la ausencia de hermanos no determina la personalidad, ya que factores como la crianza, la escuela, las amistades y el entorno familiar tienen un peso mucho mayor en el desarrollo de cada persona.
¿Los hijos únicos tienen menos habilidades sociales?
Uno de los prejuicios más repetidos es que, al no convivir con hermanos, los hijos únicos desarrollan peores capacidades para compartir o resolver conflictos.
Falbo reconoce que algunos estudios detectaron que durante los primeros años pueden mostrarse algo más retraídos, pero esa diferencia suele desaparecer cuando comienzan la escuela y amplían su círculo social.
Al llegar a la preadolescencia, la cantidad de amigos y la calidad de los vínculos sociales es comparable con la de quienes crecieron con hermanos.
Las ventajas y desafíos de crecer sin hermanos
Las investigaciones también encontraron algunos aspectos positivos. Al pasar más tiempo interactuando con adultos, algunos hijos únicos desarrollan antes un vocabulario más amplio y pequeñas ventajas académicas durante la infancia.
Eso no significa que sean más inteligentes. La propia Falbo aclara que esas diferencias tienden a reducirse con el paso de los años.
Al mismo tiempo, toda la atención de los padres suele concentrarse en un solo hijo. Esto puede traducirse en mayor acompañamiento y disponibilidad afectiva, pero también en expectativas y presiones más intensas.
La tendencia de las familias con hijo único es algo que creció en las últimas décadas. (Foto: Pexels)
La crianza pesa más que la cantidad de hermanos
La terapeuta familiar Teresa Moratalla propone dejar de hablar de defectos y empezar a pensar en circunstancias distintas. Un hijo único no practica dentro de casa algunas dinámicas propias de los hermanos, pero esas habilidades pueden aprenderse con amigos, primos y compañeros de escuela.
Por eso, la conclusión de Falbo es clara: crecer sin hermanos no convierte automáticamente a una persona en egoísta, caprichosa o inadaptada. La personalidad se construye a partir de múltiples experiencias, y no únicamente por la cantidad de hijos que haya en una familia.