Reino Unido avanzó este martes con una nueva batería de sanciones contra Irán que busca dificultar el acceso de Teherán al sistema financiero británico, restringir la adquisición de bienes y tecnología sensibles y aumentar las limitaciones sobre su sector aéreo. El paquete forma parte de una estrategia de Londres para impedir que el régimen iraní desarrolle capacidades que puedan acercarlo a la obtención de un arma nuclear y para responder a otras actividades consideradas hostiles.
La legislación presentada por el Gobierno británico deberá completar su trámite parlamentario antes de entrar plenamente en vigor. Una vez aprobada, permitirá recuperar varias restricciones sectoriales que habían sido levantadas después del acuerdo nuclear de 2015, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA).
Entre las principales disposiciones figura una ampliación de los controles comerciales sobre productos, servicios y tecnologías que puedan ser utilizados por Irán. Londres también pretende limitar las posibilidades de que entidades iraníes obtengan financiación a través de instituciones vinculadas al sistema financiero británico.
El proyecto incorpora además restricciones para las aeronaves iraníes. En términos generales, los aviones operados por Irán no podrán aterrizar en territorio británico, salvo cuando se apliquen determinadas excepciones o autorizaciones específicas.
El paquete también contempla mayores facultades para actuar contra embarcaciones relacionadas con actividades iraníes. Esta herramienta se suma a las restricciones económicas destinadas a reducir la capacidad de Teherán para obtener recursos, componentes y conocimientos procedentes del exterior.
Stephen Doughty, ministro británico de Exteriores, defendió las nuevas medidas como parte de la respuesta de Londres al avance del programa nuclear iraní. En una declaración escrita, afirmó que el Gobierno británico “redobla nuestras acciones para frenar las ambiciones nucleares de Irán”.
Doughty sostuvo además que el objetivo es garantizar que Teherán no pueda llegar a disponer de un arma nuclear. Según el funcionario, Irán había acumulado más de 400 kilogramos de uranio enriquecido hasta el 60% de pureza, un nivel que, aunque inferior al necesario para fabricar directamente un arma nuclear, representa una capacidad nuclear considerable.
El régimen iraní sostiene que su programa tiene fines exclusivamente pacíficos y rechaza que sus actividades nucleares persigan la fabricación de armas. Sin embargo, Reino Unido, Francia y Alemania activaron en agosto del año pasado el denominado mecanismo de “snapback”, después de concluir que Teherán no había respondido de manera suficiente a sus preocupaciones sobre el cumplimiento de sus compromisos nucleares.
Ese procedimiento permitió restablecer sanciones internacionales que habían quedado suspendidas tras el acuerdo nuclear. Londres comenzó posteriormente a preparar medidas nacionales adicionales para complementar las restricciones recuperadas mediante ese mecanismo.
Sanciones a la aviación iraní
Las nuevas disposiciones británicas llegan en un escenario de fuerte presión internacional sobre Irán. Estados Unidos también ha ampliado sus sanciones contra sectores estratégicos iraníes. Entre las medidas recientes de Washington figuran restricciones dirigidas contra compañías e intermediarios relacionados con la aviación iraní, incluidos actores vinculados a Mahan Air.
La presión también alcanza a empresas y operadores de terceros países señalados por facilitar el acceso de Irán a aeronaves, componentes y tecnología de origen estadounidense. Washington sostiene que el régimen utiliza su infraestructura aérea para trasladar armas, personal y cargamentos ilícitos.
En el frente energético, Londres aclaró que las nuevas sanciones no impedirán la continuidad del proyecto gasífero Shah Deniz, en Azerbaiyán, considerado relevante para el suministro energético europeo. La normativa contempla licencias específicas para permitir que la participación vinculada a Irán dentro del consorcio continúe operando bajo determinadas condiciones.


