Está demostrado que los árboles ayudan a reducir la temperatura en las ciudades, pero ¿quién les ayuda a bajar su propia temperatura a ellos, que no tienen patitas? Porque a diferencia de los animales y los humanos, los árboles no pueden moverse a zonas más frescas cuando aprieta el calor.
Sin embargo, eso no significa que no tengan sus propios mecanismos para combatirlo. De hecho, lo hacen: abren sus estomas (algo así como unos poros), lo que les permite evaporar agua y así enfriar las hojas como si sudasen. Este mecanismo de refrigeración es esencial para su supervivencia, y más ahora con el cambio climático. Aunque esto es sabido, muchos de los mecanismos internos siguen sin comprenderse del todo.
El descubrimiento. Un equipo de investigación del VIB, la Universidad de Gante y la KU Leuven ha descubierto una innovación evolutiva que ayuda a las plantas a sobrellevar las altas temperaturas. Lo que han encontrado es una vía antes desconocida que ayuda a que esos estomas se abran en momentos de estrés térmico, en la que la proteína UBP24 tiene un papel fundamental. Con el calor, esta proteína se estabiliza y, como un efecto dominó, se estabilizan otras proteínas que mantienen abiertos esos poros y, por tanto, el sistema de refrigeración de la planta. Vamos, funciona como una válvula de escape ante el calor extremo.
Por qué importa. Con el calentamiento global, la vegetación se enfrenta a olas de calor cada vez más frecuentes e intensas que amenazan tanto su supervivencia como su productividad, algo esencial, por ejemplo, para la agricultura. Porque necesitamos las plantas por su papel en la fotosíntesis y la producción de oxígeno, pero también porque nos nutrimos directa o indirectamente de ellas. En pocas palabras, ayuda a reforzar la seguridad alimentaria en este escenario de cambio climático, ya que puede servir para identificar nuevas formas de fortalecer la resistencia de los cultivos frente al calor.
Evolucionando para adaptarse. Este trabajo es el último de un equipo que lleva tiempo estudiando esta área de gestión del calor en los vegetales: en 2024, el profesor Ive De Smet y su equipo ya habían publicado cómo se regula la apertura y cierre de estomas ante calor y sequía, destacando que ambas señales pueden oponerse, ya que el calor favorece la apertura de los estomas mientras la sequía favorece su cierre.
Este nuevo estudio añade un paso más: la evolución. Al comparar UBP24 en decenas de especies vegetales, han descubierto que el interruptor molecular que permite a la proteína responder al calor apareció en las plantas vasculares justo cuando surgió el control activo de la apertura y cierre de los estomas. O sea que su sensor térmico y el control de los poros surgieron a la vez.



