El martes, con la reunión de Gabinete ya avanzada en el salón Eva Perón, el canciller Pablo Quirno pidió la palabra para desarrollar una estrategia sobre las declaraciones frescas de Donald Trump, quien había dicho el día anterior que la posición de Estados Unidos en favor de Gran Bretaña en la disputa por Malvinas está “bajo revisión”.
Fue un generoso regalo del azar mucho más relacionado -como se sabe- con la tensión norteamericana con los británicos por los apoyos en la guerra con Irán que con el afán de defender a los argentinos en la causa nacional por las Islas, pero operó como un disparador que abrió en la Casa Rosada una ventana llena de oxígeno.
Durante el encuentro con sus ministros, Milei pidió hacer un comunicado para amplificar el mensaje de Trump pero fue entonces cuando Santiago Caputo propuso una cadena nacional que, bajo la consigna de un anuncio relacionado con Malvinas, se convirtió automática y naturalmente en un foco de atención que se desbloqueó anoche, en un mensaje de quince minutos, que tiene incorporados en su interior una multiplicidad vertiginosa de objetivos cuya ejecución y final son todavía inciertos, pero que le permitieron al Gobierno, sin dudas, acelerar una agenda inesperada y recuperar la codiciada conversación pública.

Hackear el interés de los argentinos en un tema dañado. Repentinamente, Milei volvió a llamar a la unión. El texto que leyó ayer, con un tono que no usaba hace rato y que pronunció repitiendo la vibración exacta de aquella apertura de sesiones ordinarias del Congreso el 1 de marzo de 2024 cuando -después de días de agresividad profunda en sus declaraciones- convocó a todo el sistema político al Pacto de Mayo, terminó con estas palabras:
“Y a todos los argentinos, y en especial a la política, quiero transmitirle lo siguiente: Podemos discutir sobre cualquier otra cosa, podemos discutir mis formas, podemos estar en desacuerdo sobre la política fiscal o cambiaria, pero este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación, y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas”.
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Es el mismo artefacto enmarañado que desafía a la oposición a una respuesta difícil y fue la primera reacción narrativa contundente de la Rosada después del plot twist que significó la bandera de Malvinas en el partido de Argentina-Inglaterra y el posterior intento -fracasado- de aprobar una ley que promovía la liberación de los porcentajes de venta de territorio a los extranjeros, además de antecedentes históricos de declaraciones de Milei sobre Margaret Thatcher y su consideración mayúscula a la voluntad de los isleños para la resolución del conflicto.
Todo un combo piantavoto en un peligroso escenario pre electoral. La carta de Messi despidiéndose de la Selección la semana pasada también influyó en el terreno de las emociones. Todo es parte de uno de los poquísimos temas que aglutinan, trascienden e interpelan a los argentinos sin importar su edad, sexo ni condición socioeconómica. Sobre esa zona tan delicada, operó esta aparición de tomar una posición contundente. Indiscutible.
La lista de empresas
Detrás de la cadena nacional, esa herramienta comunicacional tan usada por el Presidente cuando quiere remarcar o instalar mensajes, se operativizó otra agenda, no sólo relacionada con la narrativa y la soberanía sino con un tema mucho más urgente, más estratégico: la posición de este Gobierno sobre el avance de los proyectos de explotación petrolera en Malvinas, sobre todo Sea Lion, un proceso que empezó hace más de quince años y que ahora entró en una etapa contundente de definición y que efectivamente si se concreta y vuelve económicamente relevantes a las islas, dejaría la lucha argentina por la soberanía cada vez más alejada de una realidad posible.

Para hacer un pequeño repaso, Sea Lion es un yacimiento petrolero ubicado en la Cuenca Norte de Malvinas, a unos 220 kilómetros al norte de las islas, descubierto en 2010 y operado actualmente por la israelí Navitas Petroleum, y a la británica Rockhopper Exploration.
Las dos empresas tomaron a fines del año pasado la decisión de pasar de una etapa de exploración a una de ejecución del proyecto buscando sacar barriles de petróleo ya en 2028. La posición argentina es, naturalmente, que las licencias otorgadas por las autoridades de las Islas no tienen validez.
Para eso, ayer en el mensaje el Presidente y Cancillería anunciaron la utilización dos leyes que permiten sanciones económicas y penales aprobadas durante el kirchnerismo y anunciarán un proyecto de ley que irá al Congreso para ampliar las consecuencias de esas normas a los directivos de las compañías que operen Malvinas, a todos los que colaboren en esa cadena de producción y para diversificar el objeto no sólo a las empresas que exploten recursos hidrocarburíferos sino todos los recursos naturales.
De las curvas de todo este movimiento, es imposible no consignar que para aplicar esas sanciones, Milei anunció la utilización de una ley escrita por Pino Solanas, el fallecido cineasta y dirigente político que hizo de la soberanía hidrocarburífera uno de los temas de su vida. Un oxímoron inesperado.
Además del decreto que ya salió publicado por Cancillería, se conocerá en las próximas horas una lista de 70 empresas vinculadas de alguna manera con el proyecto Sea Lion. Ocho de ellas ya tienen algún vínculo comercial con proyectos petroleros argentinos.
Una de ellas, de origen noruego, acaba de proveer un componente importante al mega proyecto VMOS (Vaca Muerta Oil Sur), la obra de infraestructura impulsada por YPF en asociación con Vista, Pan American Energy (PAE), Pampa Energía, Shell, Chevron, Pluspetrol, Tecpetrol y la empresa neuquina GyP en Punta Colorada. Es una inversión de USD 3.000 millones para transportar y exportar petróleo desde la Cuenca Neuquina hasta la costa atlántica de Río Negro.
Cancillería le notificará a la empresa noruega que si no se retira de cualquier tipo de participación en el proyecto Sea Lion, no podrá venderle nada a los proyectos argentinos.
¿Es cierto que hay un directivo muy relevante de una petrolera llamando a directivos de grandes empresas del exterior para informarles personalmente que si operan con las explotadoras de Malvinas, dejarán de contratarlos en cualquier proyecto argentino? Diplomacia paralela.
Llamados
En este movimiento osado, que involucra planos muy diferentes, es improbable acertar a la eficacia del resultado. El núcleo, el nódulo sobre el petróleo en Malvinas es un tema contundente que no venía siendo priorizado y que ahora se acelerará. ¿Cómo reaccionará el Congreso?
Si se lo mira en la interna doméstica, el movimiento también abre preguntas. Por primera vez en mucho tiempo, no sólo el Presidente sino también Karina Milei avaló y concedió el control de este operativo sin que ninguno busque emerilizarse. Son gestos de necesidad también.
La soberanía sobre Malvinas es una intervención sobre un terreno más osado y riesgoso donde los resultados siempre son mucho más difíciles de demostrar. Por encima de eso, el avance de la exploración petrolera en Malvinas es, según aseguran en los ámbitos de la inteligencia oficial, uno solo de otros temas no revelados todavía, que diversificarían la potencialidad económica de las islas, que históricamente no tenían ese atractivo.
Caputo cierra una semana donde sus zonas de influencia y control -entre las que se cuenta la SIDE que fue clave en este anuncio- se revitalizaron notablemente en las apenas 48 horas que pasaron entre el anuncio de la cadena nacional y la concreción del mensaje presidencial.
Ayer mismo, sin ir más lejos, Jefatura de Gabinete habilitó 30 mil millones más de pesos de presupuesto para la Secretaría de Inteligencia, un organismo clave en toda esta historia.



