La increíble historia de Celeste: tiene 15 años, vive en una comunidad originaria de Misiones y se recibió de árbitra
El fútbol es una máquina de sueños inagotable . Así se presenta también para Celeste Núñez , una chica de apenas 15 años que vive en la comunidad originaria mbya guaraní de Misiones y que, tras dar sus primeros pasos como jugadora, hoy sueña con convertirse en árbitra profesional y llegar a los esta
El fútbol es una máquina de sueños inagotable. Así se presenta también para Celeste Núñez, una chica de apenas 15 años que vive en la comunidad originaria mbya guaraní de Misiones y que, tras dar sus primeros pasos como jugadora, hoy sueña con convertirse en árbitra profesional y llegar a los estadios más grandes del mundo.
“Desde los 11 años que el fútbol es mi pasión”, le dijo Celeste a TN desde la casa que comparte con su mamá Laura, su papá Marcos y sus ocho hermanos.
Hace cuatro años, Celeste fue seleccionada para integrar uno de los equipos femeninos del Municipio de Fracrán en las Ligas Interculturales, un encuentro de fútbol que reúne a todas las comunidades originarias de Misiones. El conjunto, además, juega también a nivel local bajo el nombre de Paula Mendoza, en homenaje a la esposa del primer cacique de su comunidad. La aldea se conoce como Paí Antonio Martínez y está compuesta por unas 140 familias. Allí viven unas mil personas, sobre la ruta nacional 14.
La joven, que empezó a jugar en su equipo como delantera y luego alternó posiciones como mediocampista, pronto empezó también a interesarse por el arbitraje. ”Mis ganas de ser árbitra nacieron por el gran amor que siento por el fútbol y porque quería conocer el deporte desde otro punto de vista”, explicó.
Marcos, el papá de Celeste, jugó al fútbol a nivel local hasta los 34 años. Tras dejar la actividad, se volcó al arbitraje. A sus conocimientos prácticos le sumó la teoría, aprendida en el curso que hizo en San Vicente, una localidad cercana a Fracrán. Hasta allí también llegó hace un tiempo la joven que, con clases dos veces al mes, logró obtener su diploma de árbitra: “En ese curso estudiamos todas las reglas que se ponen en juego dentro de la cancha”.
Celeste vive con su papá, su mamá y sus ocho hermanos (Foto: Gentileza: @erica.voget y @cuerpasreales_hinchasreales)
El primer partido de Celeste como árbitra
El debut de Celeste en el arbitraje fue como asistente (jueza de línea) en un partido de fútbol infantil masculino en la localidad de San Pedro. Sin embargo, su experiencia fue algo problemática: “Me puse nerviosa y nos terminaron corriendo a todos de la cancha”, relató hoy ya con cierta tranquilidad por el paso del tiempo.
Y precisó: “Yo estaba de jueza de línea y mi compañero, de árbitro principal. No cobré un offside. Después de eso paré un tiempo, pero no dejé de ir a la cancha para ver los partidos en los que dirigía mi papá”.
El papá de Celeste, además de trabajar en su chacra y en el Municipio de Fracrán, actualmente se desempeña como árbitro todos los fines de semana y es el único integrante de su comunidad en la Comisión de Árbitros de San Vicente. Dirige partidos los fines de semana en localidades como El Soberbio, San Pedro, Fracrán, San Vicente y Dos de Mayo, entre otras. Hasta allí va la joven para seguir formándose y, tal vez, tener alguna oportunidad de entrar a la cancha a dirigir.
Cómo sigue la carrera de Celeste
Cuando Celeste hizo el curso para ser árbitra, solo había tres mujeres en su clase. Ella, además, era la única de su comunidad. Ahora, tomó la decisión de dejar su equipo de fútbol y de no participar de la liga como jugadora, para poder ser designada como árbitra en algún partido.
Celeste Núñez tiene el diploma tras haber terminado el curso de arbitraje (Foto: Gentileza: @erica.voget y @cuerpasreales_hinchasreales)
La joven, cuya historia fue dada a conocer por el colectivo de fotógrafas llamado “Cuerpas reales, hinchas reales”, está decidida a dejar atrás ese mal trago de su debut oficial. Acompañando a su papá, logró entrar como asistente a algunos partidos y así va ganando confianza.
“Si no hay nadie, me voy con vos”, le dijo Celeste hace algunas semanas a su papá y se subió a la moto con él para recorrer los 120 kilómetros hasta El Soberbio. Con el equipo completo a cuestas (indumentaria, silbato, banderines, banderas del tiro de esquina) llegaron hasta la cancha a la que el juez de línea designado no pudo asistir. “Mi hija es árbitra”, le dijo Marcos a uno de los organizadores del torneo, que pronto dio el visto bueno.
“Tuve un poco de nervios, pero ya sabía lo que tenía que hacer y fue una experiencia muy linda”, reconoció la joven sobre esa nueva oportunidad que se le presentó en su carrera.
Celeste está cursando tercer año del secundario en una escuela que está dentro de su comunidad. “Me va muy bien. Hace poco retiramos los boletines y no me llevo ninguna materia hasta ahora”, destacó. En paralelo, quiere seguir creciendo en el arbitraje, siendo actualmente la única mujer de su comunidad que desarrolla ese rol: “Voy a seguir metiéndole las pilas para seguir estudiando”.
La búsqueda de oportunidades y el camino detrás de un sueño
“En mi comunidad no hay muchas oportunidades para seguir creciendo y yo quiero llegar a lo más alto”, sostiene Celeste. Con su tono firme, busca que no queden dudas de cuáles son sus ilusiones y sus aspiraciones.
La joven sueña con seguir una carrera en el arbitraje profesional (Foto: Gentileza: @erica.voget y @cuerpasreales_hinchasreales)
Para Marcos, su papá, es importante poder ofrecerle una esperanza a su hija: “Nosotros la apoyamos emocional y económicamente, pero cuesta mucho. Queremos que la sociedad vea que los jóvenes de los pueblos originarios también tienen ganas de superarse y de tener un futuro”.
La expectativa de la joven es poder, en algún momento, recibir una beca o una invitación para seguir formándose en alguna escuela de árbitros profesional.
“Yo la animo, me comprometo y la llevo a las canchas de manera continua para que pueda dedicarse de lleno a esto y superarse”, señaló Marcos.
Con el italiano Pierluigi Collina como referente, Celeste no titubea cuando habla de su máximo sueño: “Me gustaría en unos años ir a dirigir en canchas de mundiales, como por ejemplo el Monumental. Quiero llegar a esos lugares”.