An aerial view shows an area hit by a landslide on September 10, caused by heavy rains and an earthquake that loosened the hillside, at the Cerro del Chiquihuite, in the municipality of Tlalnepantla de Baz, Mexico December 8, 2021. Picture taken December 8, 2021. Picture taken with a drone. REUTERS/Luis Cortes

Investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) estudian con Inteligencia Artificial las zonas del Cerro del Chiquihuite que presentan mayor riesgo de deslaves, con el propósito de generar información que permita anticipar emergencias y proteger a las comunidades asentadas en sus laderas.

El proyecto combinará conocimientos de geología, geofísica y topografía con herramientas de ciencia de datos, monitoreo sísmico e hidrometeorológico y modelos predictivos. Esta integración permitirá analizar las condiciones del terreno y detectar cambios que pudieran representar un peligro para los habitantes.

Para llevar a cabo la investigación, la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), Unidad Ticomán, y la Escuela Superior de Cómputo (Escom) formalizaron una alianza con las autoridades de Protección Civil de la Ciudad de México y del Estado de México, informó la Gaceta Politécnica.

IA y ciencia de datos para prevenir deslaves en el Cerro del Chiquihuite

La iniciativa lleva por nombre “Identificación y modelado de las zonas de alto riesgo y vulnerabilidad ante los fenómenos naturales que se registran en el Cerro del Chiquihuite”. Sus coordinadores son Iván Giovanny Mosso García, director de la Escom, y Pedro Vera Sánchez, investigador y especialista en geología de la ESIA Ticomán.

Uno de los aspectos centrales será la instalación de sensores de monitoreo sísmico e hidrometeorológico en puntos específicos de las laderas. La información recopilada será procesada por especialistas de la Escom mediante técnicas de Inteligencia Artificial y modelos matemáticos.

El análisis incluirá distintos factores que pueden modificar la estabilidad del cerro, entre ellos:

  • Sismos y movimientos del terreno
  • Lluvias y acumulación de humedad
  • Actividad geológica local y regional
  • Composición de las rocas
  • Condiciones de la vegetación
  • Transformaciones provocadas por asentamientos humanos

De acuerdo con datos de La Prensa, el Cerro del Chiquihuite ha experimentado modificaciones por fenómenos naturales como lluvias, sismos y actividad geológica. Estos procesos hacen necesario estudiar el cuerpo montañoso de manera integral y mantener una vigilancia continua sobre las áreas más vulnerables.

El proyecto representa la primera ocasión en que especialistas del Politécnico integran formalmente áreas como la Geología y las Ciencias de la Tierra con la Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos para estudiar las condiciones de riesgo en esta zona limítrofe entre la capital del país y el Estado de México.

Drones y modelos láser permitirán analizar la superficie

Los investigadores de la ESIA Ticomán, entre ellos estudiantes y profesores de Geofísica, Geología y Topografía, realizarán trabajos de campo para definir los lugares más adecuados donde serán colocados los sensores.

Además, se emplearán drones equipados con dispositivos especiales para obtener modelos láser del terreno e imágenes multiespectrales. Esta tecnología ayudará a conocer con mayor precisión la composición de la superficie y la relación existente entre la vegetación y los diferentes tipos de roca.

La información acumulada será organizada en series de tiempo, una metodología que compara datos del pasado y del presente para formular proyecciones sobre el comportamiento futuro de un fenómeno. De esta forma, los especialistas buscarán reconocer patrones y cambios que puedan advertir sobre una posible inestabilidad.

El volumen de información requerirá infraestructura de cómputo de alto desempeño. Con ella se elaborarán modelos complejos conocidos como gemelos digitales, es decir, representaciones virtuales del cerro capaces de integrar y relacionar múltiples variables del entorno.

Resultados podrán consultarse en tiempo real

Las proyecciones elaboradas con los datos geológicos y su procesamiento mediante Inteligencia Artificial podrían indicar a las autoridades de Protección Civil dónde se localizan los puntos con mayor nivel de riesgo.

Los responsables estimaron que los primeros resultados del proyecto estarían disponibles en un plazo de tres meses. Posteriormente, la información producida por el sistema de monitoreo podrá ser consultada en tiempo real por las dependencias encargadas de prevenir y atender emergencias.

El sistema también podría contribuir a la emisión de alertas de riesgo, la actualización de los Atlas de Riesgos y el reforzamiento de los programas de Protección Civil en los municipios y alcaldías cercanos al cerro.

La metodología desarrollada por el IPN no quedaría limitada al Chiquihuite. En caso de comprobar su efectividad, podría reproducirse en otras regiones de México con características geológicas y condiciones de vulnerabilidad similares.

Mariana, Paola, Mía y Dilan: las víctimas del deslave de 2021

El estudio tiene como antecedente la tragedia ocurrida el 10 de septiembre de 2021, cuando una parte del Cerro del Chiquihuite se desgajó sobre viviendas de la colonia Lázaro Cárdenas Segunda Sección, en el municipio de Tlalnepantla de Baz. Las intensas lluvias registradas en el Estado de México precedieron al desprendimiento de grandes rocas que dañó varias casas y dejó personas atrapadas.

Entre las víctimas se encontraba Mariana Martínez Rodríguez, de 21 años, estudiante de la carrera de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La joven fue localizada sin vida entre los escombros, junto con su hermana Jessica, quien sobrevivió al derrumbe. La comunidad universitaria lamentó su fallecimiento y recordó su interés por aprender y su cercanía con compañeros y profesores.

También perdieron la vida Paola Daniela Campos Robles, de 22 años, y sus hijos Mía Mayrin Mendoza Campos, de tres años, y Jorge Dilan Mendoza Campos, de cinco. Mía fue recuperada cinco días después del deslave, mientras que los cuerpos de Paola y Dilan fueron encontrados tras 11 días de búsqueda, luego de que binomios caninos ubicaran sus restos entre los escombros.

La tragedia dejó cuatro personas fallecidas y afectó a unas 205 familias. Después del desastre se planteó la reubicación de habitantes asentados en zonas peligrosas y la entrega de apoyos a los damnificados. El nuevo proyecto del IPN busca transformar la información científica en instrumentos preventivos para evitar que una emergencia semejante vuelva a cobrar vidas.