Varios migrantes en la playa de El Trampolín de Ceuta. (EFE/Reduan)

Muchas de las personas que a finales de julio entraron de forma irregular a Ceuta desde Marruecos lo hicieron por motivos económicos, con el objetivo de que España les pueda brindar las oportunidades que no encuentran en su país. Pero también hay otros migrantes que se han visto obligados a huir de la violencia, la persecución social y las leyes que criminalizan su orientación sexual o su identidad de género, como les ocurrió a Hassan y Fariha, que permanecen en la ciudad autónoma con la esperanza de poder solicitar asilo.

En el caso de Hassan, nombre ficticio de un joven marroquí gay de 19 años, llegó a Ceuta el 31 de julio, nadando desde Fnideq (Castillejos) hasta la playa de Miramar. Lo hizo a pesar de que se jugaba la vida, consciente de los riesgos que implica y de que, si lograba alcanzar España, tampoco sería fácil. Pero “no tenía otro remedio”. En Marruecos, su exnovio ingresó en prisión hace un año, explica por teléfono a Infobae, después de que la policía encontrara fotografías en las que ambos aparecían desnudos, además de otros jóvenes. La Justicia le condenó a 10 meses de cárcel y al pago de una multa de unos 1.000 euros y, desde entonces, Hassan asegura que dejó de sentirse seguro en el país. En el reino alauita, las relaciones entre personas del mismo sexo continúan penalizadas en el artículo 489 del Código Penal, con penas de prisión que van desde los seis meses a los tres años de prisión.

“No vine a Ceuta porque me faltara el trabajo, el dinero o la comida. En Marruecos tenía un buen empleo y hablo tres idiomas. Pero vine porque no me siento seguro en mi país debido a mi sexualidad. No puedo vivir como una persona normal dentro de la comunidad LGTBIQ+ y, además, cuando mi madre se enteró de que soy gay, me echó de casa”, relata en un perfecto inglés. “Tu país no te apoya y tu familia está en contra de ti, porque lo consideran haram (prohibido, según la ley islámica). Los insultos que escuchas si alguien descubre que eres gay pueden llegar a destruirte por dentro”, asegura.

Decenas de personas se concentran cerca del embolsamiento de Loma Colmenar con la esperanza de conseguir una plaza en un nuevo centro de acogida. (EFE/Reduan)

Aunque Hassan está alojado ahora en un refugio vinculado a la Iglesia donde puede dormir, comer y ducharse, cuenta que sus primeros 15 días en Ceuta durmió a la intemperie, al igual que lo siguen haciendo muchos migrantes que aún no han podido acceder a los dispositivos temporales de atención humanitaria habilitados por las administraciones, ya que su capacidad es insuficiente. Por el momento, el Gobierno no contempla el traslado de los adultos a la península y, mientras, esa concentración de migrantes en un territorio de apenas 20 kilómetros cuadrados no hace más que incrementar el malestar de la población ceutí, que reclama “soluciones reales” para recuperar la normalidad cuanto antes.

Este joven reconoce que la llegada a Ceuta no le ha proporcionado la seguridad que esperaba, de forma que se ha encontrado con racismo e insultos homófobos, además de que la precariedad agrava su sensación de desprotección. “Nos llaman maricones y nos dicen que deberíamos ir al infierno. Ni siquiera aquí me siento seguro”, lamenta. Sin embargo, Hassan confía en poder acceder pronto al proceso de asilo y así “empezar una vida nueva” en España. “Solo quiero poder vivir abiertamente como un hombre gay y conseguir trabajo”.

Violencia y humillaciones

La situación de algunas personas trans que cruzaron la frontera a finales de julio es aún más delicada. Lo explica Tima, una mujer trans marroquí y reconocida activista por los derechos del colectivo LGTBIQ+, que llegó a España en 2023 con un visado humanitario tras pedir protección para evitar el servicio militar obligatorio en Marruecos. Con ella contactaron decenas de personas del colectivo tras el cruce masivo a Ceuta, pidiéndole ayuda al no tener un sitio donde dormir bajo techo ni disponer de otros recursos para sobrevivir, además de la “violencia y humillaciones” a las que están expuestas.

Varios migrantes acampados en la ciudad autónoma. (EFE/Reduan)

“El 30 y 31 de julio empecé a recibir mensajes de personas LGTBQ+ que se encontraban en Ceuta y no habían podido entrar en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Algunas me decían que estaban en peligro, que les habían golpeado por la noche, así que empecé a buscar ayuda con organizaciones humanitarias para conseguirles alojamiento”, explica Tima, que actualmente reside en Madrid. Desde la asociación Border Resistance piden la suspensión de cualquier procedimiento de deportación para solicitantes de asilo LGTBIQ+ y recuerdan el peligro al que estas personas se exponen si regresaran a Marruecos, donde la policía “no les protege”. Tima destaca el caso de Fariha, una mujer trans que se vio obligada a salir de Marruecos porque “allí no tiene derechos” y que sufrió varias agresiones sexuales, además de violencia por parte de su propio padre.

Fariha cuenta que llegar a Ceuta fue una de las experiencias más cercanas a la muerte que ha tenido, porque le tocó nadar durante mucho tiempo con una herida abierta en la mano y, aunque hubo gente que le ayudó, el mar la empujaba adentro una y otra vez. Cuando logró llegar a suelo español, se fue directamente al bosque. “Estuve tres días sin comer. Estaba en la calle, me habían robado el teléfono y el dinero que tenía para seguir mi camino, así que me escondí en el bosque y durante ese tiempo solo bebí agua”, relata. Después se reunió con otros jóvenes y logró conseguir algo de dinero para pagar alguna noche en una vivienda. “Cocinaba para ellos y me dejaban quedarme”, explica Fariha, que debía pagar 30 euros diarios por dormir en una habitación con 12 personas y, cuando no podía reunir esa cantidad, volvía a la calle. “Fue muy duro y tengo mucho miedo de sufrir ataques o agresiones como las que viví en el bosque y en el centro de la ciudad, cuando un motorista me amenazó de muerte y me dijo que regresara a mi país”.

Las personas migrantes LGTBIQ+ que permanecen en Ceuta, asegura Fariha, no tienen un lugar seguro donde quedarse y “temen por su seguridad”, aunque también confía en que la situación se calme y pueda obtener el asilo. Pese a todos los obstáculos, espera reconstruir su vida en un entorno en el que pueda vivir abiertamente su identidad sexual sin miedo a sufrir agresiones o represalias.

El Gobierno sigue defendiendo a Marruecos

La crisis en Ceuta ha vuelto a protagonizar esta semana la agenda política. El pasado jueves, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció ante el pleno del Congreso y allí defendió que mantiene su confianza en Marruecos, pese a un informe policial elaborado por la CENIF (Centro Nacional de Inmigración y Fronteras) que atribuye a agentes de Rabat un papel activo en la entrada masiva de migrantes a la ciudad autónoma. El documento, remitido a la magistrada de la Audiencia Nacional María Tardón, sostiene que esos agentes “guiaron el cruce a través del agua”.

Durante la comparecencia, Sánchez aseguró que su Gobierno mira “de igual a igual” a todas las potencias extranjeras e insistió en que no va a iniciar un conflicto sin tener “hechos sólidos” que evidencien la participación de un tercer Estado como Marruecos. El mandatario recalcó que no tienen una política de apaciguamiento con el reino alauí, sino una política de “buena vecindad” en la que hay “líneas rojas”, como la soberanía española de Ceuta y Melilla.

No obstante, tanto la oposición como los socios parlamentarios del Gobierno rechazan la defensa de Sánchez sobre Marruecos y le exigen más contundencia con el país vecino.