Están en el bolso de cualquiera que sale a caminar, en el pote de frutos secos del almacén y en la lonchera de quien no tiene tiempo para parar a comer. Pero cada vez que aparecen sobre la mesa, surge la misma discusión: ¿son un snack saludable o una bomba de azúcar disfrazada de fruta?

La respuesta, como casi siempre en nutrición, depende de la cantidad.

El truco está en el volumen, no en el veneno

Toda fruta tiene azúcar natural. Cuando se deshidrata, lo único que se va es el agua: el azúcar queda igual, pero mucho más concentrado en un bocado más chico.

Una de las razones por las que las pasas se asocian con la salud cardiovascular es su contenido de potasio. (Foto: Adobe Stock)
Una de las razones por las que las pasas se asocian con la salud cardiovascular es su contenido de potasio. (Foto: Adobe Stock)

Alice Lichtenstein, profesora de Ciencia y Política de la Nutrición en la Escuela Friedman de la Universidad de Tufts, en Estados Unidos, explica que ese es justamente el problema: al ocupar menos espacio, resulta mucho más fácil pasarse de la porción indicada.

Un ejemplo simple lo muestra bien:

  • 10 uvas frescas llenan bien la palma de la mano y funcionan como merienda
  • 10 pasas de uva ni siquiera la cubren, así que es fácil comer varios puñados sin darse cuenta
  • Media taza de uvas tiene alrededor de 7,5 gramos de azúcar
  • Esa misma media taza, pero de pasas, trepa a unos 47 gramos, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA)

Cuidado con la porción, no con la fruta

Amanda Sawyer, dietista registrada y profesora asociada en el Departamento de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, lo resume sin vueltas: “No quieres comerte el tamaño de una manzana entera en frutas secas”.

Su recomendación es simple: pesar o medir con la mano la porción antes de servirla, en lugar de comer directo del paquete mientras se mira una pantalla.

Según explicó, los valores nutricionales cambian mucho apenas se sale del tamaño de porción recomendado, así que ese control vale la pena.

Un aliado para entrenar y para elegir bien

Más allá del debate por el azúcar, la fruta deshidratada tiene un rol concreto: es una fuente rápida de energía. Según explica la Clínica Universidad de Navarra, el organismo transforma esos azúcares en glucógeno, la reserva energética que el cuerpo usa en el hígado y los músculos cuando necesita un extra durante el ejercicio o el ayuno.

Esa digestión veloz explica por qué dátiles, pasas y orejones aparecen tan seguido entre quienes entrenan fuerza y buscan reponer energía sin pesadez estomacal.

No es casualidad que las ventas vengan en alza: un informe de la consultora Data Bridge Market Research proyecta que el mercado mundial de snacks de fruta deshidratada podría superar los 445 millones de dólares hacia 2032, empujado por el auge de las dietas basadas en plantas y la búsqueda de opciones sin aditivos.

Para aprovechar sus beneficios sin sorpresas, conviene tener en cuenta:

  • Revisar la etiqueta: algunas frutas deshidratadas, como los arándanos rojos, suelen traer azúcar añadido
  • Desconfiar de los chips de banana: varias marcas los fríen en aceites con grasas saturadas
  • Elegir versiones sin azúcares ni aceites agregados siempre que sea posible
  • Medir la porción con la mano o una balanza, en lugar de comer directo del paquete

Con esos recaudos, la fruta deshidratada puede seguir cumpliendo el rol que la hizo popular: un envión de energía práctico, rico y fácil de llevar a cualquier lado.