La India, ese enigmático e interminable rompecabezas de 1400 millones de habitantes, quiere convertirse en un país desarrollado y potencia mundial en 2047.

No es una fecha casual. Ese año, dentro de poco más de dos décadas, se cumplirá el centenario de su independencia del imperio británico, que ha dejado huellas y heridas profundas en el país.

Es un objetivo ambicioso para una de las economías que más crece en el mundo con una tasa estimada en alrededor del 7% para este año.

El país tiene todo para alcanzar el rango de potencia global: un mercado interno inacabable con la mayor población joven del planeta; enormes inversiones en infraestructura y un liderazgo cada vez más marcado en tecnología, economía digital, manufacturas, servicios, inteligencia artificial, industria farmacéutica, defensa y hasta en el área de la exploración espacial. Es una nación que se abre a la inversión extranjera y que ya es la cuarta economía del mundo.

India negocia hoy con Estados Unidos, comercia con Rusia, compite con China y acaba de cerrar este año un histórico acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. En el campo diplomático, busca asumir un rol de mando del sur global a través de su influencia en los BRICS y busca posicionarse como una tercera vía “neutral” frente al desgastante conflicto entre Washington y Beijing.

Pero al mismo tiempo los desafíos son infinitos. Si bien la pobreza ha bajado en forma considerable en los últimos años, la cantidad de indios que vive con menos de 4,20 dólares por día alcanza a casi un cuarto de la población, según cifras del Banco Mundial. Esta desigualdad social se palpa en grandes ciudades como Nueva Delhi, Agra y Chennai, que TN visitó en una misión periodística organizada por el gobierno indio.

La India, entre la modernidad y una cultura milenaria

La India no es una sola nación. Son varios pueblos que comparten un mismo universo en el que conviven diferentes complejidades religiosas, espirituales y sociales antiquísimas.

El país abraza a un laberinto de mundos tangibles y planos inmateriales. En un imperceptible pestañeo, el presente moldea un futuro amarrado a ritos milenarios, entre el cansino andar de una vaca por una calle superpoblada, la descarnada combinación de olores sin identidad precisa y los bocinazos interminables de su populosa capital, Nueva Delhi, de más de 33 millones de habitantes.

El caos de tránsito en Nueva Delhi (Foto: Marcelo Izquierdo / TN)
El caos de tránsito en Nueva Delhi (Foto: Marcelo Izquierdo / TN)

Es una sociedad comunitaria y jerárquica, que vive bajo reglas marcadas por siglos de historia y se reúne en sus templos y sus intrincados mercados populares.

La mayor democracia del mundo, cuyas elecciones presidenciales se desarrollan durante cinco semanas, coexiste entre todos estos planos.

En sus 3.287.263 kilómetros cuadrados (el séptimo país más extenso del planeta, por delante de la Argentina) se hablan 1500 lenguas, aunque solo 22 son consideradas oficiales. Paradójicamente, el inglés heredado tras casi dos siglos de dominación británica permite una comunicación fluída entre todas las regiones más allá de sus complejidades culturales y lingüísticas.

En ese escenario deslumbrante, India es un intrincado y fascinante mundo de contradicciones.

Es el hub tecnológico de Chennai, su polo farmacéutico y su pujante economía digital. Pero también es el caos de tránsito modelado por miles de humildes “tuk tuk”, los triciclos motorizados que agilizan el transporte urbano. Es además la polución y la absoluta falta de higiene en el revoltijo de locales comerciales y culinarios de la atrapante ciudad vieja de la capital.

Es la modernidad que encierra su modelo industrial y su avanzado centro de investigación Sudha Gopalakrishnan Brain Center, ubicado en corazón del Instituto Indio de Tecnología de Madrás, que busca mapear el cerebro humano a nivel celular y de conectividad mediante imágenes de alta resolución y reconstrucciones en 3D.

Pero también son los avisos clasificados de los diarios dominicales en los que familias buscan pareja para sus hijos con la especificación de la casta requerida para arreglar un matrimonio conveniente. Aunque esta estructura milenaria que dividió a la sociedad en grupos está prohibida por ley, persisten las divisiones de castas y la endogamia, en especial en zonas rurales.

Fieles realizan rituales en un templo hindú (Foto: Marcelo Izquierdo / TN)
Fieles realizan rituales en un templo hindú (Foto: Marcelo Izquierdo / TN)

Como tierra de contrastes, la India es pura diversidad étnica y religiosa.

Es el color de los vibrantes vestidos de sus mujeres y la mirada penetrante de los hombres en sandalias que no llevan ningún apuro.

Es el bindi o punto rojo que ellas llevan orgullosas en el centro de la frente, entre las cejas, donde la tradición hindú ubica el “tercer ojo” de la sabiduria y que suele indicar que se trata de una mujer casada.

Pero también es la tilaka que los hombres hindúes llevan en sus frentes como símbolo de identidad espiritual y devoción y cuyos colores y formas representan distintas deidades, tradiciones y estados energéticos. Pero también son las minorías musulmana, cristiana, sij, budista y jainista desparramadas por todo el país.

La India es la lluvia monzónica que empapa y barre la contaminación, pero también el calor aplastante que muere en la puerta de cada empresa, hotel o dependencia oficial con sus aires acondicionados que bajan hasta 20 grados la temperatura en un solo paso durante sus agobiantes veranos.

Es el caótico paisaje urbano con sus casas limpias y sus calles periféricas revueltas por charcos hediondos, basura y la presencia siempre inquietante de pequeños ejércitos de monos. Pero también es la India rural con sus tradiciones mas profundas, su flora y su fauna únicas.

La India es el imponente Tah Mahal, una de las nuevas siete maravillas del mundo, y también el Ganges, el rio sagrado donde se realizan milenarios ritos funerarios. Pero además es la vanguardia tecnológica, digital y científica que arrastra el país hacia el desarrollo.

La India es Bollywood con su interminable industria cinematográfica, su arte inigualable, el yoga, sus ruinas históricas y la lucha pacifica que Gandhi lideró para alcanzar la independencia. Pero también es la potencia nuclear y militar en conflicto permanente con su vecino incómodo Pakistán y con temas limítrofes aún pendientes con su gran competidora, China.

Es todo eso y mucho más que eso. Es su abrumadora comida picante y la extrema amabilidad de su gente que traspasa clases sociales y creencias.

La India atrapa al visitante, lo traga de un solo bocado y lo escupe con sus contrastes más crudos sobre un rompecabezas multicolor de 1400 millones de piezas que no terminan de encajar, pero al que nunca se renuncia a armar.

¿Qué le falta a la India para alcanzar el estatus de país desarrollado?

La India es hoy la cuarta economía global, solo detrás de Estados Unidos, China y Alemania.

Los datos son contundentes.

  • El PBI alcanza los 4,13 billones de dólares.
  • El crecimiento de la economía india fue del 7,7% en el año fiscal 2025/2026.
  • Las exportaciones totales ascienden a 863,1 mil millones en 2025.
  • La economía digital representa cerca del 12% del PBI.
  • La edad promedio de la población india es de 28 años, la más joven del mundo.
  • Tiene la segunda red vial más grande del planeta. Se construyen 40 km diarios.
  • Posee el tercer ecosistema de startups global.
  • Las energías renovables constituyen más del 51,5% del total de la capacidad instalada en el país.
  • Es el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles.
  • Recibió un billón de dólares en Inversion Extranjera Directa desde el año 2000, la mayoría en la última década.
  • La IA podría aportar 1,7 billones de dólares a la economia india en 2035.

Además, las proyecciones oficiales para 2047 prevén que:

  • La India se convertirá es la segunda economía más grande del mundo con un PBI de 32 billones de dólares.
  • Tendrá siete veces más vuelos que ahora.
  • Cuadruplicará la capacidad de gestión portuaria.
  • Las exportaciones crecerán 12 veces hasta 8 billones de dólares anuales.
  • El ingreso per capita aumentará 10 veces hasta los 20 mil dólares anuales.

“La economía del país ocupaba el tercer lugar en el mundo hasta hace poco, cuando estalló la guerra en Medio Oriente. Pasó al cuarto puesto apenas hace un par de meses. Pronto va a volver al tercer lugar”, dijo a TN Sana Virmani, especialista sénior de Invest India, la agencia nacional de promoción y facilitación de inversiones del Gobierno indio.

El gobierno del primer ministro Narendra Modi, en el poder desde 2014, cree que el país volverá en breve al podio.

“No puedo decir cuándo, pero será pronto. Recuperar el tercer puesto no será muy difícil”, indicó Virmani.

Ashok Partheeban, director del área de operaciones para América Latina de los laboratorios Caplin Point, con sede en Chennai, dijo a TN que el objetivo de alcanzar el rango de país desarrollado no es una utopía, aunque admitió que hay mucho camino por recorrer para convertirse en potencia global.

“Nos hacen falta muchísimas universidades para lograr una mayor especialización. Eso lo tiene China, pero no nosotros. Es lo primero”, comentó.

Además, señaló: “Lo segundo es el apoyo interno del gobierno, con la agilización de procesos, que es muy lenta en la India en comparación con China”.

“Es lo único que nos hace falta para acelerar el proceso. Se puede acelerar mucho más porque las nuevas generaciones vienen con muchísimas ganas, pero siempre trabajamos con freno de mano”, sostuvo.

Para el empresario farmacéutico, “India tiene a su favor el idioma inglés y el acceso a países con alta tecnología como Estados Unidos, que quiere colaborar con nosotros. China tiene una desventaja porque se choca mucho con Estados Unidos”.

“Además, el indio es muchísimo más flexible para hacer negocios. La mayoría de las grandes empresas son familiares y uno puede tomar la decisión sin consultar”, afirmó.

El empresario griego-uruguayo Constantino Troupkos, dueño de la curtiembre Naussa y con inversiones en la India, dijo a TN que “básicamente todo gira en torno a la disciplina”.

“Existe una gran dificultad primero en concretar y segundo en cumplir. Pero hay potencial con una cantidad enorme de gente inteligente y costos bajos”, indicó.

Para el empresario nacido en Grecia y que vive entre Uruguay y la India, el gran desafío es “lograr costos de producción competitivos, sin olvidar un gran mercado interno que va creciendo paralelo a su desarrollo económico”.

La India es un país de múltiples diversidades y planos espirituales que se abre al mundo real. Son 1400 millones de personas que conforman el rompecabezas más fascinante del planeta. Pieza por pieza, está armando un futuro que se alimenta de la cooperación y el crecimiento económico del presente unido a un pasado de inigualable riqueza. Con todas sus contradicciones, sus palpables desigualdades sociales y su innegable desarrollo, la India quiere tutearse con las potencias del planeta.