La exposición itinerante “Renoir y el amor” reabre el debate sobre Renoir y divide a la crítica entre la admiración y el rechazo

Una exposición itinerante sobre Renoir reabre el debate sobre si el impresionismo puede ser, a la vez, genial y misógino. Pierre-Auguste Renoir lleva más de un siglo dividiendo a la crítica, pero una muestra que recorre tres continentes vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿era realmente un gran pintor?

La exposición “Renoir y el amor”, que debutó este verano en el Museo de Orsay de París, llegará en octubre a la National Gallery de Londres y en primavera al Museo de Bellas Artes de Boston, informó Artnet News.

El recorte temporal no es casual: excluye deliberadamente las obras más tardías de Renoir, las que más polémica han generado. Son esas pinturas de la última etapa —desnudos de trazo descuidado, figuras de muslos voluptuosos y expresiones vacías— las que alimentaron, hace una década, la campaña “Renoir pinta fatal”, liderada por el artista Max Geller. El movimiento llegó a organizar protestas frente a museos de distintas ciudades y hoy pervive como cuenta de Instagram, según el medio especializado en arte.

La exposición sobre Renoir se centra en su etapa de mayor madurez y excluye de forma deliberada las obras más tardías -  REUTERS/Yves Herman/

Geller describió su rechazo ante “manos que parecen tentáculos” y “fondos que parecen vegetación podrida”, y atribuyó la presencia masiva de esas obras en colecciones estadounidenses a un fenómeno de mercado: “Las obras de mala calidad fueron enviadas por miles a través del Atlántico” para satisfacer el apetito de los nuevos ricos, afirmó en declaraciones recogidas por el medio.

Los detractores de Renoir tienen antecedentes de peso en la historia del arte

Las críticas no son nuevas. Édouard Manet llegó a declarar que Renoir “no tiene ningún talento” e instó a quienes lo conocían a que le dijeran que dejara de pintar. Mary Cassatt habló de “cuadros de mujeres enormemente pelirrojas con cabezas diminutas”. El crítico Clement Greenberg escribió que un día lo encontraba “poderoso” y al siguiente “casi débil”, incapaz de definirlo con precisión, según Artnet News.

La visita a la Fundación Barnes de Filadelfia —que alberga 181 obras del pintor— ilustra bien esa incomodidad: obras de Claude Monet y Paul Cézanne conviven con una cantidad abrumadora de Renoirs que, según muchos visitantes, acaban diluyendo el impacto de las grandes piezas.

Las pinturas finales de Renoir impulsaron la campaña “Renoir pinta fatal”, liderada por Max Geller y convertida luego en protestas y una cuenta de Instagram

Martha Lucy, subdirectora de investigación del Museo Barnes, sostuvo que Renoir tiene una habilidad particular para capturar la cercanía entre amantes y amigos. “Sus pinturas son accesibles. Son muy bonitas y sus personajes son agradables”, afirmó en declaraciones recogidas por Artnet News.

Uno de los ejemplos que la institución ha prestado para la muestra itinerante es El almuerzo (1875), una escena de café que, según Lucy, “muestra dos personas que se conectan en medio del tumulto de la vida urbana” con un dominio técnico del color que merece ser reconocido.

El fundador del museo, Albert Barnes, ya elogió en su momento la capacidad de Renoir para transmitir “la alegría de pintar la vida real de la gente común”. Esa accesibilidad, sin embargo, también ha sido leída como superficialidad: un crítico de los años ochenta la llamó “Pollyanna con un pincel”.

El movimiento anti-Renoir cuestiona el canon museístico y reclama que los museos amplíen el espacio para artistas de comunidades marginadas - (Drouot)

La discusión sobre su obra se cruza con señalamientos por antisemitismo y misoginia

El debate estético no está desvinculado del ético. El antisemitismo de Renoir lo llevó a rechazar públicamente al pintor Camille Pissarro. Y su forma de representar a las mujeres ha generado un cuestionamiento creciente entre historiadores del arte.

Karen Leader, profesora asociada de historia del arte en la Universidad Atlántica de Florida, elogió la obra temprana de Renoir como “compleja” y “técnicamente lograda”, pero advirtió que las pinturas posteriores resultan “impactantes” por estar “hechas para el puro placer de la mirada masculina”, según declaraciones recogidas por Artnet News. Lucy, por su parte, admitió que “la forma en que pinta a las mujeres puede resultar desagradable para mucha gente”.

El debate sobre Renoir también incluye señalamientos por antisemitismo y misoginia, en especial por su rechazo a Camille Pissarro y su representación de las mujeres - REUTERS/Benoit Tessier  NO RESALES. NO ARCHIVES     TPX IMAGES OF THE DAY

El movimiento anti-Renoir plantea una pregunta más amplia sobre el canon museístico

Para Leader, “el valor de ‘obra maestra’ de una colección de Renoirs es una construcción patriarcal que alimenta una hegemonía de ‘grandes artistas’ impulsada por el mercado”. Citó a la historiadora del arte feminista Linda Nochlin para argumentar que la historia del arte debería ser “una disciplina crítica, no positiva”, y llamó a los museos a usar sus recursos para educar en lugar de entretener.

Geller coincidió en el fondo: “Los museos tienen un espacio limitado en las paredes. Tenemos magníficas pinturas de genios de comunidades marginadas”, planteó. Aun así, reconoció que el movimiento que fundó va más allá del rechazo a un pintor en particular. “No se trata de odiar a un pintor en particular. Nos mueve el amor por el arte y el deseo de tener museos que reflejen su riqueza”, dijo en declaraciones al medio.

La muestra puede visitarse en la National Gallery de Londres del 3 de octubre de 2026 al 31 de enero de 2027, y luego en el Museo de Bellas Artes de Boston del 20 de febrero al 13 de junio de 2027.