La política exterior de la segunda Administración de Donald Trump tiene cada vez más un rostro económico y financiero en el marco de la filosofía transaccional que promueve la Casa Blanca. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha denominado a esta concepción “economic statecraft”, que representaría el salto cualitativo del Tesoro a la geopolítica con el uso deliberado de herramientas económicas y financieras para alcanzar objetivos de seguridad nacional y política exterior. En el ejercicio e implementación de estos propósitos, se ha convertido en casi un Canciller de facto, aunque ese cargo le corresponda al Secretario de Estado Marco Rubio.
La diferencia no es meramente semántica. El enfoque se basa en la concepción estratégica de que, si Estados Unidos posee una ventaja económica y financiera de particular magnitud, debería utilizarla con la misma intensidad que al poder militar. Esa práctica se ha empezado a aplicar tanto para aliados como con respecto a adversarios. El ascenso del Secretario del Tesoro ilustra esa transformación. Mientras Rubio dispone de embajadas y diplomáticos, Bessent maneja bancos, sanciones, aranceles, deuda, mercados y, sobre todo, el dólar.
El conjunto de esas herramientas explica por qué Scott Bessent ha adquirido una relevancia internacional que excede ampliamente las funciones tradicionales del Tesoro. Varios ejemplos ilustran ese giro. En agosto de 2026, lanzó la denominada “Operation Economic Outcast”, una campaña, incluso en el marco del G-20, destinada a aislar económicamente a Irán e intentar modificar las decisiones de terceros países en el sentido que mantener determinados vínculos económicos o políticos con Teherán podría afectar seriamente el acceso al sistema financiero estadounidense.
Las sanciones contra Rusia, por la guerra contra Ucrania, demostraron hasta qué punto puede llegar el mecanismo de penalización ejecutado por Bessent, además de utilizar las sanciones como una herramienta o palanca gradual de negociación con Moscú sin provocar una crisis energética o financiera. También fue clave en el acuerdo sobre los recursos minerales de Kiev a favor de Estados Unidos.
Otro ejemplo del poder de Bessent se extiende a las negociaciones con China, donde no solo es factor decisivo de la disputa comercial y tecnológica entre Washington y Beijing, además de administrar la interdependencia entre las dos economías y reordenar las cadenas de suministro, sino que se ha convertido en el factótum principal de la táctica geopolítica para determinar quién controlará en última instancia las dependencias estratégicas de la economía mundial.
Con la India está intentando que se convierta en una alternativa comercial a China dentro de las cadenas globales de producción y suministro.
El mensaje a Nueva Delhi es que, si reduce la dependencia a Rusia y China, tendrá un acceso mucho más favorable al mercado y la inversión estadounidense. De hecho, convirtió el arancel en una ficha de negociación para reducir las compras de petróleo a Rusia. También logró que India contribuya a contener el modelo exportador chino.
En las negociaciones con la Unión Europea, el Tesoro parece utilizar el acceso al mercado de Estados Unidos con una intención de integración selectiva para conseguir mayores compromisos europeos incluso en áreas como los conflictos del Medio Oriente y otras prioridades en el marco de la OTAN. Canadá es otro ejemplo de ese accionar al utilizar la posibilidad de revisar el acuerdo de libre comercio para influir sobre la política interna y externa de un aliado histórico. Con la UE, como con Canadá, Bessent está intentando unir comercio, inversión y seguridad nacional en una misma negociación.
La diplomacia de Bessent tiene también otra cara más amigable y cooperativa destinada a sostener, estabilizar y premiar a países considerados estratégicos. Fue el caso de la asistencia otorgada a la Argentina a finales del 2025, pero también el respaldo a Japón en julio 2026, en el que también actuó con recursos del Exchange Stabilization Fund para sostener el yen o la operación destinada a estabilizar el won de Corea del Sur. En este marco, la estabilidad económica de aliados se convierte en un objetivo geopolítico.
Estos ejemplos refuerzan la idea de que la diplomacia de Estados Unidos ya no se mide solo por las fuerzas armadas y la capacidad nuclear que pueda movilizar. El punto central hoy son las puertas financieras que pueda abrir o cerrar. Por eso la gestión del Secretario del Tesoro merece ser observada con atención al haber llevado a la geopolítica la lógica de Wall Street donde todo tiene un precio, toda concesión exige una contrapartida y todo vínculo internacional puede convertirse en una transacción.



