El pueblo del Pirineo que el franquismo sumergió y un grupo de sindicalistas reconvirtió en un paraíso vacacional, barato y lleno de lujos

Si nos ponemos fatalistas, Morillo de Tou no debería existir. En 1963, el franquismo llenó de agua sus campos para construir el embalse de Mediano y expulsó a sus vecinos. Durante tres décadas, la maleza devoró las casas de piedra y nadie reclamaba el pueblo ni quería su pasado. Todo cambia el 23 de abril de 1986. Ese día, Marcelino Camacho, entonces líder de Comisiones Obreras, firmó la cesión del núcleo con la Confederación Hidrográfica del Ebro. Otro concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Zaragoza organizó las primeras cuadrillas de voluntarios. Piedra a piedra y con sus manos, las casas recuperaron sus tejados y las parcelas sus lindes.

Cuarenta años después, CCOO Aragón celebró el aniversario con un vídeo conmemorativo y una nueva entrada al complejo. El secretario general del sindicato en Aragón, Manuel Pina, recordaba eso de “convertir el olvido en oportunidad para el Sobrarbe”. A tres kilómetros de la villa medieval de Aínsa, durante décadas solo tuvo maleza por vecino. Hoy recibe a miles de turistas cada verano.

Frontera cristiana. Los primeros registros del núcleo datan del siglo XVI, cuando aparece rodeado por una muralla defensiva. En la Alta Edad Media formaba parte de la línea de vigilancia visual entre Aínsa y Abizanda, división entre los reinos cristianos y el avance musulmán. Cuando las aguas se calmaron, los vecinos colina abajo ocuparon las tierras fértiles junto al río Cinca, donde vivieron de la agricultura y la trashumancia hasta finales del siglo XIX.

Agua va. Venía siendo sentenciado desde 1915, pero la condena llegó en 1936. Este fue el año en el que arrancaron las obras del pantano de Mediano, justo cuando la Guerra Civil paralizó medio país. De los más de mil embalses durante el franquismo, más de 500 pueblos terminaron bajo el agua, desde Galicia hasta el Pirineo.

La Ley de Expropiación Forzosa de 1954 intentó regular las indemnizaciones, pero la urgencia y la burocracia complicaron los resultados. Granadilla, en Cáceres, sufre el caso más absurdo: sus más de mil vecinos abandonan la villa en 1955 por el embalse de Gabriel y Galán. El pueblo sigue siendo un fantasma. Eso fue justo lo que le pasó a Morillo de Tou: en la primavera de 1969, una crecida del embalse de Mediano sorprendió a los vecinos en misa, que apenas tuvieron tiempo de sacar los enseres antes de que el agua no volviera a bajar. Durante quince años nadie tocó las ruinas. 

Un pueblo de Cantabria no se fía de lo que hacen las piscinas privadas mientras no mira. Así que las está espiando con drones
Un pueblo de Cantabria no se fía de lo que hacen las piscinas privadas mientras no mira. Así que las está espiando con drones