
En la isla japonesa de Tsushima, un equipo de la Universidad de Kioto descartó que la inusual cola corta observada en un gato leopardo de Tsushima en peligro de extinción se deba a una hibridación reciente con gatos domésticos.
El estudio fue publicado en la revista Global Ecology and Conservation y surgió después de que especialistas que realizaban trabajo de campo detectaran al menos 3 ejemplares con una cola más reducida de lo habitual, un rasgo frecuente en los animales domésticos, pero no documentado antes en esta población aislada.
La observación encendió una alerta porque la especie solo vive en esa isla y comparte el espacio con animales del entorno urbano, según el artículo divulgado en Phys.org.
Según el relevamiento oficial sobre la especie difundido por el Ministerio de Medio Ambiente de Japón, la población fue estimada en un rango que equivale a alrededor de 150 individuos, una cifra que sostiene la preocupación por la conservación.
El análisis buscó descartar una hibridación

Los investigadores capturaron a uno de los ejemplares observados para examinarlo y comprobaron que su cola medía aproximadamente la mitad de lo normal.
A partir de ese caso, el equipo se propuso determinar si esa anomalía respondía a un mestizaje genético o a una variación surgida dentro de la propia población del gato leopardo de Tsushima.
“Un fenotipo inusual puede generar inmediatamente dudas sobre la hibridación, pero queríamos determinar objetivamente qué nos dice realmente el genoma antes de sacar conclusiones basándonos únicamente en la apariencia”, afirmó Yuki Matsumoto, primera autora del estudio.
Para abordar esa pregunta, los especialistas analizaron el genoma completo del ejemplar de rabo corto y lo compararon con datos genómicos de otros 15 gatos leopardo, 5 individuos domésticos de la isla y 4 gatos leopardo de Amur continentales, tomados como referencia externa de animales salvajes.
El análisis genético descartó mezcla

El trabajo incluyó análisis de componentes principales, estimaciones de endogamia a nivel genómico, filogenia del ADN mitocondrial, ADMIXTURE y estadísticas F, herramientas utilizadas para evaluar relaciones de parentesco, ascendencia e introgresión. Además, el equipo revisó 2 genes vinculados con anomalías en el extremo posterior de los felinos hogareños.
Según el estudio, los resultados no encontraron pruebas de introgresión de gato doméstico ni en el ejemplar de cola corta ni en los otros 15 gatos leopardo analizados. Cada etapa del examen genómico ubicó al animal dentro de la población de Tsushima y no detectó anomalías que apuntaran a un cruce reciente.
Ese resultado despejó la principal sospecha planteada por la apariencia del animal, aunque no resolvió el origen del rasgo. Las observaciones de campo realizadas por el grupo en distintos puntos de la isla sugieren que este fenotipo poco común podría tener otras causas.
La conservación sumó una nueva base genética

“Las apariencias por sí solas pueden ser engañosas a la hora de gestionar la fauna silvestre en peligro de extinción”, sostuvo Matsumoto y agregó que “al combinar observaciones de campo a largo plazo, exámenes veterinarios y datos genómicos, podemos tomar decisiones de conservación basándonos en evidencia genética en lugar de basarnos únicamente en el fenotipo”.
El equipo espera ahora examinar a más individuos con cola reducida y trabaja en un sistema de monitoreo genético no invasivo. Esa herramienta buscaría seguir a los animales sin necesidad de capturarlos, algo relevante para una especie escasa y vulnerable.
El estudio fue presentado como la primera caracterización clínica y genómica de un individuo de cola corta del género Prionailurus, al que pertenecen estos felinos salvajes. Ese dato ubica el trabajo como un antecedente para futuras evaluaciones sobre variaciones físicas dentro de poblaciones amenazadas.
Con esos resultados, la investigación aporta una base genética para el seguimiento de una especie limitada a un territorio insular y sometida a especial vigilancia. También refuerza la necesidad de confirmar con evidencia científica si un cambio visible en un animal responde a cruces con otras poblaciones o a procesos propios de la especie.


