El INAH analiza tres aguijones de raya y una espina de bagre recuperados en el salvamento arqueológico del Tramo 1 del Tren Maya. (Aldo Dena-INAH)

El análisis de tres aguijones de raya y una espina de bagre recuperados en entierros del Tramo 1 del Tren Maya puede aportar nuevas pistas sobre las prácticas de autosacrificio de las sociedades mayas.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) estudia las piezas halladas en junio de 2021 cerca del río Usumacinta, en Tabasco, para determinar su relación con rituales y ofrendas funerarias precolombinas.

Los objetos fueron localizados durante el salvamento arqueológico realizado en el tramo de 226 kilómetros entre Palenque, Chiapas, y Escárcega, Campeche.

La investigación sigue en desarrollo y reúne evidencia de especies de agua salada y de agua dulce en un mismo contexto funerario.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, sostuvo en el boletín del INAH que los materiales recuperados permiten abrir interrogantes sobre el pasado.

“Cada hallazgo recuperado durante un salvamento arqueológico abre nuevas preguntas sobre nuestro pasado”, afirmó.

Curiel de Icaza señaló que los objetos localizados durante los trabajos del Tren Maya, que ahora están bajo estudio del INAH, aportan elementos para conocer prácticas rituales de las antiguas sociedades de la región.

La funcionaria remarcó que el valor de estos materiales no se limita al momento de su recuperación. “El conocimiento no termina con su recuperación, sino que continúa en los laboratorios y puede seguir dando resultados durante años”, expresó.

El INAH estudia piezas recuperadas en entierros cerca de Tenosique

Los vestigios fueron encontrados cerca del poblado de Tenosique, Tabasco, en una zona vinculada con el río Usumacinta.

El sitio forma parte del Tramo 1 del proyecto ferroviario, donde la Secretaría de Cultura del Gobierno de México desarrolló labores de salvamento arqueológico por medio del INAH.

La investigación está dirigida por Marisol Arce Acosta, titular del Laboratorio de Zooarqueología del Proyecto Marco de Salvamento Arqueológico Tren Maya. En el trabajo también participa el arqueólogo Said Amiel Luna Limón.

El conjunto está formado por tres fragmentos de aguijones de raya y una espina de bagre, también llamado pez gato.

Todos aparecieron en contextos funerarios, una circunstancia que guía el estudio sobre su posible papel dentro de prácticas religiosas.

Los especialistas recuperaron las piezas en un área aproximada de tres hectáreas.

La ubicación de cada objeto, las fracturas observadas y la presencia de sedimentos son parte de los elementos que se revisan para comprender su relación con los entierros.

El primer registro corresponde a la región media de una espina de raya. El ejemplar estaba fracturado en las zonas distal y proximal a causa de la presión sedimentaria y se vinculó con el entierro de un individuo.

El INAH analiza tres aguijones de raya y una espina de bagre recuperados en el salvamento arqueológico del Tramo 1 del Tren Maya. (Amiel Luna-INAH)

La pieza mide cerca de tres centímetros. Su aspecto pulido se atribuye al contacto con sedimentos abrasivos, una característica que confirma que pertenece a la misma capa del entierro.

Luna Limón advirtió en el boletín institucional que el contexto arqueológico todavía deja una posibilidad abierta: “No podemos descartar que se trate de una ofrenda funeraria”.

El segundo objeto también es una espina de raya. Presenta pulimento y fracturas en su zona media, condiciones que comparte parcialmente con el primer hallazgo.

La tercera espina de raya se asoció a un entierro. Tiene fracturas perpendiculares producidas por presión sedimentaria, aspecto estriado y una alta adhesión de sedimentos en la superficie.

El cuarto caso corresponde a la espina de bagre. Por su localización, se sabe que formó parte de un entierro que contenía los restos de un adulto masculino.

Luna Limón advirtió en el boletín institucional que el contexto arqueológico todavía deja una posibilidad abierta: “No podemos descartar que se trate de una ofrenda funeraria”. (Amiel Luna-INAH)

Said Amiel Luna Limón explicó el sentido del autosacrificio maya

La evidencia arqueológica y la bibliografía existente muestran que el autosacrificio se practicó en toda el área maya desde el Preclásico Tardío hasta el Posclásico, entre 500 a.C. y 1520 d.C., según expuso Luna Limón durante una conferencia virtual.

El arqueólogo definió ese acto como una entrega voluntaria de sangre a seres sobrenaturales. La práctica también tenía un sentido de purificación antes de realizar un rito de mayor alcance.

“El autosacrificio” consistía en “la efusión voluntaria, más o menos dolorosa, de la propia sangre”, explicó Luna Limón en la presentación citada por el INAH.

El especialista indicó que esa sangre se presentaba como ofrenda ante los seres sobrenaturales. La práctica tenía además una función de preparación ritual, de acuerdo con la definición expuesta durante la conferencia.

Los registros disponibles plantean que las élites realizaban estos actos en beneficio del orden cosmogónico. La elección de las partes del cuerpo respondía a asociaciones simbólicas específicas.

En las mujeres, la lengua se vinculaba con la fertilidad. En los hombres, el pene estaba relacionado con la creación.

También se laceraban los lóbulos de las orejas y las yemas de los dedos. Ambas zonas eran consideradas sensibles y tenían valor simbólico.

Los materiales recuperados en el Tramo 1 no permiten concluir todavía que cada ejemplar haya sido utilizado en un autosacrificio.

El INAH los estudia porque fueron hallados en contextos funerarios y porque las espinas de ciertos peces aparecen en registros vinculados con ese tipo de rituales.

La relación entre los objetos y los entierros constituye una de las líneas centrales del trabajo. Los investigadores deberán precisar el uso de cada pieza a partir de los elementos disponibles en el registro arqueológico.

Los vestigios fueron encontrados cerca del poblado de Tenosique, Tabasco, en una zona vinculada con el río Usumacinta.  (Amiel Luna-INAH)

Los aguijones de raya fueron instrumentos de ritual en las Tierras Bajas del Sur

Luna Limón destacó que el aguijón de raya fue un instrumento frecuente en los rituales de autosacrificio de las Tierras Bajas del Sur.

Esa preferencia quedó representada en dinteles y documentos mencionados en la explicación del arqueólogo.

“En las Tierras Bajas del Sur, el aguijón de raya fue el instrumento predilecto”, afirmó el especialista ante el boletín del INAH.

El arqueólogo indicó que los documentos y las representaciones describen una secuencia ritual relacionada con la sangre obtenida durante esas prácticas. El líquido se reunía en recipientes que contenían hojas de corteza de árbol.

Cuando la corteza se secaba, se quemaba. Luna Limón explicó que la sangre ascendía de ese modo, “inmaterializada”, hacia el “otro mundo”.

Esa referencia permite situar los tres fragmentos de aguijones hallados cerca de Tenosique dentro de una tradición ritual conocida en el área maya.

El estudio actual busca aportar más información a partir de materiales recuperados en un contexto arqueológico concreto.

La condición fragmentaria de los objetos también forma parte de la investigación. En al menos dos de las piezas, el INAH registró fracturas que atribuyó a la presión sedimentaria.

El pulimento de las espinas de raya y la adhesión de sedimentos en su superficie aportan información sobre su permanencia en la capa arqueológica.

Esos rasgos contribuyen a examinar el vínculo entre los objetos y los entierros donde fueron encontrados.

Marisol Arce Acosta identificó especies de agua salada y de agua dulce

Arce Acosta determinó que los aguijones pertenecen a las familias Dasyatidae, conocidas como rayas látigo, y Myliobatidae, que incluye a las rayas águila. Se trata de especies de agua salada.

La espina de bagre corresponde a la familia Ictaluridae, formada por peces de agua dulce. La coexistencia de estos materiales abre una línea de investigación sobre su presencia en contextos semejantes.

“La diferencia es una línea de investigación interesante”, expresó Arce Acosta en el comunicado difundido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La especialista señaló que todavía se desconoce si el bagre fue empleado como herramienta para el autosacrificio. Esa cuestión forma parte de las interrogantes que deberá atender el estudio de los vestigios.

Arce Acosta indicó que la espina de ese pez aparece en contextos similares a los de las espinas de raya. También afirmó que, por su función, es apta para el ritual.

El hallazgo de la espina de bagre adquiere interés porque este tipo de objeto es menos común en los registros de autosacrificio. El INAH la relaciona temáticamente con otros elementos marinos asociados al inframundo o Xibalbá.

La presencia de una especie de agua dulce y de especies de agua salada forma parte de la información que los especialistas deberán integrar al análisis. El boletín no establece una conclusión definitiva sobre la función ritual de la espina de bagre.

Arce Acosta determinó que los aguijones pertenecen a las familias Dasyatidae, conocidas como rayas látigo, y Myliobatidae, que incluye a las rayas águila. Se trata de especies de agua salada. (Aldo Dena-INAH)

Claudia Curiel de Icaza destacó el valor de preservar los materiales

La secretaria de Cultura señaló que la investigación posterior al trabajo de campo permite ampliar el alcance de cada hallazgo.

El análisis de laboratorio resulta necesario para responder las preguntas que surgen a partir de los contextos arqueológicos.

Curiel de Icaza afirmó que los objetos localizados durante el salvamento del Tren Maya ofrecen evidencias para conocer las prácticas rituales de sociedades antiguas.

Su declaración ubicó el estudio como una etapa posterior e indispensable tras la recuperación de los materiales.

El trabajo dirigido por Arce Acosta reunirá la información zoológica y arqueológica disponible sobre las piezas. La finalidad es comprender su procedencia y su lugar dentro de los entierros registrados en el área cercana al Usumacinta.

La responsable del Laboratorio de Zooarqueología sostuvo que los vestigios muestran el aprovechamiento de recursos naturales. “Estas piezas constituyen evidencia material del uso de los recursos naturales”, afirmó.

Arce Acosta planteó que los ríos pueden ser considerados ambientes proveedores de proteínas y de insumos para objetos rituales. Esa observación vincula las especies identificadas con los recursos disponibles para las antiguas poblaciones.

El estudio de los tres aguijones de raya y de la espina de bagre continúa abierto.

Los resultados permitirán precisar qué lugar ocuparon estos materiales en los entierros y qué información pueden aportar sobre las prácticas religiosas mayas en la región.