
A pesar de su juventud, Aixa Vigil lleva más de una década en el vóley peruano y ya acumula campeonatos, mundiales,. Pero una lesión que la obligó a reinventarse desde adentro para volver con fuerza y lograr sus objetivos deportivos
A los 24 años, la atacante de Universitario de Deportes habló sin filtros sobre lo que vivió cuando el tendón la sacó de la cancha, sobre el peso de representar a un país que exige al máximo y sobre la cuenta pendiente con Chile en el próximo Sudamericano de Brasil.
La lesión y el trabajo invisible

La recuperación fue lenta. Vigil lo admite sin rodeos: hubo semanas en que el mayor esfuerzo no era físico sino mental. “Ha sido difícil, ha sido súper difícil. Más porque es la impotencia de no poder ayudar al equipo”, señaló. En la Copa América, estuvo presente en los tres primeros partidos pero no pudo saltar ni intervenir desde la cancha. Verlo desde afuera, dijo, fue lo más pesado.
Para atravesar ese período, la jugadora recurrió a dos psicólogos. Uno de ellos le repitió una idea que terminó siendo el eje de su proceso: hay cosas que no se pueden controlar. La lesión era una de ellas. “Él me decía que había cosas que no podía controlar y claramente lo de la lesión yo no podía controlarlo, era algo que mi cuerpo necesitaba tiempo para recuperarse solo”, explicó. Lo que sí podía hacer era acompañar ese proceso con ejercicios de movilidad y fortalecimiento del tendón desde su casa, mantener la cabeza tranquila y no forzar el cuerpo antes de tiempo.
Fue la primera vez en su carrera que una lesión la dejó fuera de un torneo de selección. Esa novedad le costó más de lo esperado. Pero cuando el médico le dio el alta, retomó con una claridad que pocas veces se expresa tan directo: “Tu sabes, acá tengo que mejorar yo solita y seguir entrenando para poder ayudar al equipo”.
La revancha con Chile y el objetivo mundialista

El Sudamericano de Brasil es el horizonte inmediato y la vara con la que se mide todo lo que viene. El formato del torneo es todos contra todos, lo que garantiza el cruce con Chile, rival directo de Perú en la Copa América pasada. Ese partido, jugado sin rodaje previo y con parte del equipo recién integrado, no salió bien y terminó en derrota. Vigil no lo esquiva: “Se vio que no hicimos un buen partido”. Pero también rescata la evolución posterior del grupo durante el torneo.
La pregunta sobre si existe una revancha pendiente la responde sin titubear. “Sí, yo creo que sí. Va a ser una revancha de todas maneras y estamos trabajando no solo para ganarle a Chile, sino para ganarle a varios que necesitamos para poder lograr ese cupo mundial”, sostuvo.
Para ella, el panorama regional se ha vuelto más complejo. Colombia sorprendió al vencer a Argentina en la última Copa América, lo que redistribuyó las jerarquías que parecían establecidas. Vigil lo analizó desde adentro: conoce a los entrenadores de ambas selecciones rivales porque los tuvo en la liga peruana. A Facundo Morando lo describe como “más emocional, más vibrante”. A Guilherme Schmitz, técnico de Colombia con quien trabajó en San Martín, lo define como “más técnico, más calmado, más recto”. De él aprendió, entre otras cosas, la disciplina táctica que convierte la instrucción de un entrenador en una certeza de cancha: “Él me decía que iba a pasar algo y pasaba”.
La selección peruana, según Vigil, atraviesa un momento de crecimiento real. Cuenta con nutricionista, psicólogo y preparador físico incorporados al cuerpo técnico desde el año anterior, lo que la volvió más profesional. El entrenador Antonio Rizola aparece en su relato como una figura que equilibra exigencia y contención: le permitió ausentarse para completar prácticas de su maestría y le pidió que volviera. “Él siempre me dice que me ve más como una hija que como una deportista. Eso te ayuda mucho a seguir creciendo porque no te da motivos para decir que no a selección”, subrayó.