
Once años de investigación y 183.000 participantes ha llevado a un estudio de la Universidad de Cincinnati y Northwestern University a concluir que usar más de dos horas y media al día las redes sociales aumenta el riesgo de depresión. A partir de los 150 minutos de uso de aplicaciones como Instagram, TikTok o Facebook, la probabilidad de reportar síntomas depresivos comienza a aumentar de manera significativa: un 17% por cada hora adicional de exposición diaria.
La publicación de la investigación coincide con el anuncio del pago de casi 18.000 millones de dólares por parte de Meta para resolver las demandas por la adicción de los adolescentes a sus herramientas. Los fiscales de 29 Estados alegaban que la empresa de Mark Zuckerberg había diseñado Facebook e Instagram para generar adicción en los menores al mismo tiempo que había ocultado los peligros de su uso. Además, Meta habría recopilado sin consentimiento datos de los niños que usaban estas plataformas.
Para llevar a cabo el estudio, publicado en la npj Mental Health Research, los investigadores utilizaron información de la encuesta Media Behavior and Influence Study (MBIS), realizada anualmente durante el mes de enero. Cada edición contó con al menos 15.000 adultos y buscó representar las características de la población estadounidense. El equipo recurrió a modelos de aprendizaje automático, concretamente bosques aleatorios balanceados, combinados con métodos estadísticos tradicionales. El análisis tuvo en cuenta variables como edad, sexo, educación e ingresos, además del tiempo dedicado a televisión, videojuegos, internet y correo electrónico.
Un efecto especialmente visible entre los jóvenes
Las redes sociales figuraron entre los factores individuales más relevantes para predecir la depresión, junto con los ingresos, la edad y el género. Desde 2019, el tiempo dedicado a estas plataformas pasó a ocupar el primer puesto en importancia dentro del modelo. El efecto fue particularmente marcado entre las mujeres de 18 a 25 años, ya que en este grupo la prevalencia de depresión autorreportada osciló entre el 24% y el 40%, frente al 15%-25% registrado entre los hombres de la misma edad. Los autores señalan que la relación podría haberse intensificado con la expansión de nuevas plataformas y, especialmente, desde 2020.
Aún así, los resultados deben interpretarse con cautela, puesto que el estudio no demuestra que las redes sociales provoquen depresión. Al tratarse de encuestas de carácter transversal, también es posible que las personas con síntomas depresivos recurran con mayor frecuencia a las plataformas digitales. Además, la depresión se determinó mediante autorreportes y no mediante una evaluación clínica validada. Tampoco se diferenciaron formas de uso, como navegar pasivamente por contenidos, publicar o interactuar con otras personas. Ni se analizaron por separado las distintas plataformas.
Estas limitaciones dejan abiertas preguntas importantes sobre qué mecanismos podrían explicar la asociación. Entre las hipótesis figuran la comparación social, la alteración del sueño o determinados patrones de interacción online.
Un punto de partida para nuevas investigaciones
Para los autores, el resultado refuerza la necesidad de distinguir entre las distintas formas de actividad digital y evitar que todo el uso de pantallas se agrupe en una única categoría. El umbral de 150 minutos aparece como un punto de inflexión estadístico, aunque no puede interpretarse como un límite clínico universal ni como una recomendación médica.
El siguiente paso será comprobar mediante estudios longitudinales y experimentales si reducir el tiempo dedicado a redes sociales disminuye realmente la incidencia de depresión clínica. También será necesario determinar qué características concretas del uso de estas plataformas explican la relación observada.