FC Barcelona. (REUTERS/Albert Gea)

El FC Barcelona quiere la Champions. A un equipo con ocho campeones del mundo se le queda corta una temporada sin la ‘Orejona’. Por eso el camino hacia la Sexta empezó de la mejor manera, seguramente con algún aficionado aún buscando su sitio. Porque se podían contar los minutos con los dedos de una mano cuando Raphinha, el nuevo 9 de Hansi Flick, hizo lo que es propio de su nueva posición. Como pez en el agua (y nunca mejor dicho por la trompada de agua que estaba cayendo en el Camp Nou), dejó sentados a dos defensas y la colocó donde Ernst no podía llegar.

La dinámica no iba a cambiar. El Barça había salido enchufado y con varias marchas más que los neerlandeses. Primero, Olmo desde la frontal y después Lamine Yamal con una jugada de fantasía que implicaba también al mediapunta. No hubo suerte. Fue entonces cuando los azulgranas bajaron y el Feyenoord asomó la cabeza. Y con ello un ‘sustito’: pudo haber penalti sobre Moussa, pero el árbitro no lo vio así. Y si la que tienes no la aprovechas, los grandes equipos castigan. A la contra, Adeyemi hizo lo que sabemos que sabe hacer: carrera hacia dentro, golpeo al palo alejado y a la jaula. El FC Barcelona ponía tierra de por medio. No habíamos pasado el ecuador de la primera mitad.

A partir de ahí, los culés fueron dueños y señores del encuentro. Y en su máxima expresión, Lamine. Haciendo su jugada clásica, aunque sin encontrar fortuna. Haciendo levantar a la grada con dos caños imponentes. Y entrando entre dos en el área para acabar en el suelo. No hubo penalti. Si no lo pitó antes, no lo pitaría ahora. Pero Lamine sonreía; y eso también sabemos lo que significa.

Lamine Yamal. (REUTERS/Albert Gea)

Entre acercamientos del FC Barcelona había contados del Feyenoord. En parte por la gran presión tras la pérdida de los hombres de arriba. También porque cuando los visitantes conseguían salir aparecía un imperial Cubarsí para desbaratar las opciones neerlandesas. Solo una vez tuvo que intervenir Joan García. Intervención de mérito, por cierto. Por el tiempo ‘sin trabajo’ y las condiciones climatológicas. Las últimas las tuvo el Barça, pero con un tiempo añadido poco común en el fútbol de ahora (un minuto), los jugadores encarrilaron el túnel antes de poder acabar jugada.

La segunda mitad arrancaría de una forma muy distinta a la primera. Tal vez porque que la lluvia dio un respiro o porque el Feyenoord, más atrevido con balón, gozaba de la posesión y numerosas ocasiones, aunque sin peligro para Joan. Y de nuevo, el Barça castigaba. Un balón precioso de Pedri superando dos líneas dejaba solo a Raphinha, que no perdonaba. Pero el FC Barcelona se durmió en los laureles y acto seguido, el Feyenoord no lo desaprovechó. Un balón en largo hacia Julià le daba la posibilidad de acortar distancias, pero apareció el chivato. Fuera de juego.

La celebración de Raphinha. (REUTERS/Albert Gea)

Con el resultado abultado era el turno de rotar. Fue entonces cuando Lamine Yamal rompería otro récord: el chico más joven en portar el brazalete de capitán del FC Barcelona. Y no lo pudo celebrar de la mejor manera. Con un gol, de falta; esas que recuerdan a las que lanzaba Messi con el 10 y sabías que eran gol o gol. Es cierto que la barrera se abrió, pero también vale y el tanto subió al marcador. Póker.

Con el partido sentenciado el ritmo fue diferente. El Feyenoord encontró el premio de consolación. Un centro raso desde la izquierda encontraba a Steijn completamente solo en el segundo palo, pero la alegría duraría poco. Gabriel Jesús, que se había entrado hace poco, remataría de espaldas un centro de Lamine para convertir la ‘manita’.

No había tiempo para más. Pero lo cierto es que es difícil imaginar un equipo que plante cara a este Barça. El camino hacia La Sexta no podía empezar de la mejor manera: exhibición, goleada y reparto de minutos. Este Barça es candidato a todo, como siempre pero más que nunca. Y esto solo acaba de empezar.