La investigación publicada en Journal of Animal Science evaluó ovejas, vacas y ciervos criados con pastoreo de mayor diversidad de plantas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación plantea que la alimentación de los animales de granja puede influir directamente en la salud humana al modificar la composición de la leche y la carne que consumen las personas.

El trabajo fue publicado en Journal of Animal Science y liderado por Pablo Gregorini. Se realizó en Nueva Zelanda con ovejas, vacas y ciervos criados en sistemas de pastoreo con mayor diversidad de plantas.

De acuerdo con Phys.org, las enfermedades crónicas, entre ellas la obesidad, los problemas cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, han sido vinculadas con dietas de alta carga calórica, abundancia de comidas procesadas y escasa multiplicidad nutricional.

En ese marco, el investigador sostiene que el bienestar humano, el de los animales y el de la tierra donde se producen los alimentos están conectados y que la producción agropecuaria también puede formar parte de las estrategias de prevención sanitaria.

Un modelo que busca cambiar el pastoreo

Un estudio en Nueva Zelanda analizó cómo la dieta del ganado modifica compuestos de la carne y la leche vinculados a la salud humana (Magnific)

La investigación cuestiona la lógica de la ganadería convencional basada en pastos en el país, donde predominan métodos de alimentación uniformes y repetitivos, dominados por monocultivos de pasto.

Incluso las dietas mixtas equilibradas, cuando se repiten sin variación, pueden afectar el bienestar, el comportamiento, la salud y la nutrición de los ejemplares, de acuerdo con la revista Animal Production Science.

Frente a eso, el equipo trabajó con una práctica llamada “diversidad funcional”, que combina distintas especies forrajeras que se usan para alimentar a los animales a lo largo del espacio y del tiempo.

El sistema incorpora gramíneas como raigrás, festuca y dáctilo; hierbas como llantén y achicoria; leguminosas como alfalfa y tréboles perennes y anuales aromáticos; además de bioestimulantes comerciales para el suelo.

El trabajo cuestionó la ganadería convencional basada en monocultivos de pasto y propuso un modelo de pastoreo con diversidad funcional (Magnific)

De acuerdo con Gregorini, este diseño permite que el ganado cubra sus necesidades nutricionales, medicinales y profilácticas mientras mejora el estado del suelo.

El laboratorio de producción ganadera pastoral comparó esquemas convencionales, multiespecie y de diversidad funcional en ovejas, vacas y ciervos, y observó mejoras en crecimiento, eficiencia alimenticia, elaboración de leche y bienestar de los ejemplares.

El trabajo también registró un beneficio ambiental: los esquemas de variedad funcional redujeron la pérdida de nitrógeno con caídas de aproximadamente un 30% en ovejas y un 42% en vacas lecheras; esto forma parte de las ventajas de este enfoque productivo.

Cambios en la carne y la leche

Uno de los ejes centrales del estudio fue determinar si el manejo del pastoreo podía alterar la composición bioquímica de los productos animales. Gregorini describió estos hallazgos por su función biológica, sin precisar el nombre técnico de cada metabolito.

Los esquemas de diversidad funcional mejoraron el crecimiento, la eficiencia alimenticia, la producción de leche y el bienestar animal, y redujeron la pérdida de nitrógeno al ambiente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para eso, el equipo analizó leche y distintos tipos de carne, como vacuna, cordero y venado, obtenidos de distintos sistemas, y buscó miles de metabolitos, que son sustancias pequeñas que produce o utiliza el organismo mientras funciona.

En la leche de vacas alimentadas en praderas con diversidad funcional, los investigadores encontraron niveles más altos de compuestos que ayudan al cuerpo a quemar grasa. Una cantidad insuficiente de esas sustancias puede debilitar el corazón y los músculos, bajar peligrosamente el azúcar en sangre y afectar el hígado y el cerebro.

También detectaron otros elementos vinculados con la producción de glóbulos rojos sanos y con neurotransmisores asociados al estado de ánimo y la motivación.

Una deficiencia de estos compuestos puede provocar cansancio y dificultad para respirar debido a la anemia, además de relacionarse con problemas de memoria y mayor riesgo de depresión, según la revista Acta Psychiatrica Scandinavica.

La leche de vacas alimentadas con diversidad funcional mostró más compuestos ligados a la quema de grasa, la producción de glóbulos rojos y neurotransmisores, y menos sustancias asociadas a enfermedad cardíaca y demencia (Magnific)

Al mismo tiempo, ese sistema redujo a la mitad el nivel de una sustancia asociada con mayor riesgo de enfermedad cardíaca y demencia. En la carne de ciervo, los cambios fueron todavía más amplios: el estudio observó un aumento de 27 veces en propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, con mayor presencia de prolina betaína y ácido pipecólico, además de otras ligadas al desarrollo cerebral fetal.

También registró un incremento de 59 veces en sustancias relacionadas con la regulación del estrés oxidativo. Tanto la carne de cordero como la vacuna mostraron, además, más compuestos asociados con actividad antioxidante, salud cardiovascular y mental, función anticancerígena y una mejor absorción de nutrientes.

Los efectos se midieron en personas

Para evaluar si las diferencias detectadas en carne y leche se traducían en respuestas medibles en humanos, el equipo realizó lo que describe como los primeros ensayos aleatorios de alimentación de “causa y efecto”.

En esas pruebas, los participantes consumieron cortes vacunos o de corderos procedentes de animales criados en praderas convencionales, multiespecie o de diversidad funcional. Cada persona probó alimentos de cada sistema de producción.

La carne de ciervo, cordero y vacuna presentó más metabolitos vinculados con actividad antioxidante, salud cardiovascular y mental, función anticancerígena y absorción de nutrientes (Magnific)

Ese diseño permitió reducir la variabilidad entre participantes y comparar con mayor precisión los resultados obtenidos tras cada comida.

Los investigadores tomaron muestras de sangre antes y después de la ingesta para medir cambios en metabolitos circulantes, pequeñas moléculas que intervienen en la inflamación, el equilibrio oxidativo, el metabolismo de lípidos y aminoácidos, la función cardiovascular y la señalización celular.

Cada vez hay más informes que evidencian un vínculo directo entre el bienestar humano, la condición de los animales destinados a nuestro consumo y los suelos en los que se alimentan, como el estudio publicado en la revista Appetite.

El consumo mostró efectos en el organismo

Los ensayos aleatorios en personas mostraron que consumir carne vacuna y cordero de sistemas de diversidad funcional alteró metabolitos ligados al colesterol, la inflamación, la energía, la función vascular y la reducción del riesgo de enfermedades crónicas (Magnific)

Quienes consumieron carne vacuna proveniente de modelos de diversidad funcional presentaron niveles más altos de metabolitos relacionados con el metabolismo del colesterol (ácido 3-hidroximetilglutárico), la función vascular (arginina), la regulación de la energía y la reducción del estrés asociado a los riñones (con menor concentración de sulfato de indoxilo). Además, de compuestos vinculados con una disminución del riesgo de cáncer de colon (gamma-tocoferol).

En el caso del cordero, los consumidores mostraron perfiles metabólicos semejantes, asociados con neuroprotección, salud cardiovascular, defensa antioxidante, reducción de la inflamación, regulación de los lípidos, absorción de nutrientes y propiedades anticancerígenas.

En conjunto, los hallazgos indican que los sistemas de pastoreo pueden modificar la forma en que el organismo responde a los alimentos, con posibles implicancias para prevenir o aliviar enfermedades crónicas. El diseño de las pasturas y el manejo de pasto también inciden en el bienestar del ejemplar, el rendimiento productivo y el impacto ambiental.

Para el equipo, la agricultura integral para la salud ofrece una base para futuras estrategias de prevención mediante productos de mayor valor biológico, con mejoras paralelas en sostenibilidad y cuidado animal.