Qué asiento elegir para un viaje largo, qué cosas tener a mano y qué hacer durante el vuelo, para una experiencia más agradable y menos extenuante (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una cosa es un vuelo de cabotaje de hora y media o dos horas y otra una travesía trasatlántica o un destino incluso más allá de Europa. Para viajes de 12 horas o más, conviene tener en tener en cuenta ciertas uan serie de reglas no escritas que ayudarán a hacer más agradable el viaje y llegar a destino en las mejores condiciones. Acá van.

1. Elegir el asiento correcto

Debemos tener en cuenta tres criterios específicos. El primero, es preferir el pasillo, lo cual nos permitirá levantarnos cuantas veces lo necesitemos sin incomodar al resto de los pasajeros. Ir al baño, estirar las piernas, buscar un vaso o una botellita de agua e incluso hacer algunos ejercicios que mejoran la circulación van a ser posibles sin tener que pedir permiso a cada rato.

El segundo criterio es elegir la zona del avión. Los sitios más silenciosos y con menos tránsito de pasajeros son los que están alejados de los baños y de la cocina. La parte delanera del avión recibe menos ruido de fuselaje. En lo posible evitar sobre todo la zona próxima a los baños, donde suelen concentrarse los pasajeros a la espera de algún sanitario disponible.

El tercer criterio es la turbulencia. Los asientos sobre las alas o justo detrás de estas son los puntos más estables del avión. Existen sitios como Seat Maps o AeroLOPA que te ayudarán a decidir mejor qué asiento reservar.

A la hora de elegir asiento, preferir el pasillo para poder moverse durante el viaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

2. Hidratarse correctamente

La forma en que acostumbramos a hidratarnos en tierra no va a ser la misma que usaremos en el avión. La cabina de un avión tiene una humedad de entre el 10 y el 20 por ciento. Esto es considerablemente más seco que cualquier ambiente en tierra. El cuerpo pierde líquidos mucho más rápido. Debemos entonces beber agua de forma proactiva, es decir, antes de sentir sed. La cantidad recomendada es de 250 ml por hora de vuelo, es decir, un vaso cada sesenta minutos. Algo que muchos no saben es que se puede solicitar agua tantas veces como sea necesario, y esto puede ser una excusa para caminar por el pasillo en busca de un tripulante que nos la facilite.

Conviene evitar a conciencia el alcohol y la cafeína. Esto no quiere decir que no podamos tomar un vaso de vino con la comida, pero debemos acompañarlo con abundante agua. Tanto el alcohol como el café tienen efectos deshidratantes, algo para tener en cuenta. Algunas compañías ofrecen también agua de coco, especial para reponer electrolitos.

3. Llevar siempre un kit de vuelo largo

No se trata de una mochila llena de cosas. Sólo lo necesario. Toallitas antibacteriales, para higienizar las mesitas, los apoyabrazos o cualquier superficie que acumule suciedad por un uso reiterado. El protector labial y la crema humectante son también imprescindibles. Las medias de compresión son especialmente útiles para prevenir trombosis. Otro elemento a tener en este “kit” es un suéter o abrigo liviano, e incluso una bufanda, chal o chalina que pueda servir de mantita extra de ser necesario.

Durante el vuelo, es necesairo tener a mano los medicamentos, pañuelos, protector labial, un abrigo, etcétera (Shutterstock)

4. Moverse cada noventa minutos

La trombosis venosa profunda, o sea, la formación de coágulos de sangre en las venas de las piernas, es un riesgo en vuelos largos. Para la mayoría de los viajeros saludables este riesgo es bajo, pero la prevención es clave. Moverse cada hora y media y caminar durante dos o tres minutos por el pasillo es la solución más adecuada. También podemos hacer ejercicios de circulación en el asiento cuando no es posible levantarse, como realizar rotaciones de tobillos y elevar las pantorrillas en forma repetida. Como ya se mencionó en el punto anterior, el uso de medias de compresión es una excelente medida.

5. Dormir en forma estratégica.

Un viajero con experiencia en vuelos largos duerme en forma deliberada y planificada. Una estrategia es la de cambiar los relojes a la hora del lugar de destino, a fin de tener en cuenta el horario en el que uno debería estar durmiendo. Esto va a reducir considerablemente el famoso “jet lag” y permitir que se aprovechen mejor las horas de sueño y de vigilia en el país al que llegaremos. Un antifaz puede ser una buena solución para intentar dormir aunque tengamos luz en la cabina. Audífonos o tapones para los oídos también pueden ser útiles a la hora de descansar. La posición del cuerpo también es importante: usar una almohada de viaje y sostener bien el cuello es lo aconsejable.

6. Pedir la comida que conviene.

En casi todos los vuelos largos podemos pedir una comida especial sin costo adicional. Comidas bajas en sodio o sin gluten, aptas para diabéticos, vegetarianas, etc. Es bueno saber que estas comidas se sirven antes que las de consumo general. De todos modos, conviene evitar la comida muy pesada, rica en grasas saturadas o en sodio. Esto no significa comer poco, sino comer liviano. Recordar también la regla acerca del alcohol: un vaso con la comida no es un problema si va acompañado por al menos el doble de agua.

Recordar que antes del vuelo se puede pedir una comida especial y no olvidarse de beber agua durante el trayecto (Imagen Ilustrativa Infobae)

7. Si se va a utilizar melatonina, hacerlo en el momento correcto y en la dosis adecuada.

La dosis recomendada es entre 0,5 y 3 mg, suficiente para producir el efecto deseado en el ciclo circadiano. Es necesario tomarla según la hora del lugar de destino y no el de tu lugar de origen, 30 minutos antes del momento en el que deberías dormir. Lógicamente, es fundamental consultar a nuestro médico para verificar si esta hormona no interfiere con algún otro tratamiento que estemos realizando.

8. Usar la ropa adecuada

No se trata de pensar en la más elegante sino en la más cómoda y práctica. Vestirse con el sistema de capas: algo liviano sobre el cuerpo, una remera de manga larga y quizás una camisa por encima, más una capa exterior que pueda quitarse o agregarse según la temperatura de la cabina, que puede fluctuar durante el vuelo. Los pantalones largos o leggins cómodos son preferibles antes que los shorts o los jeans ajustados. En general, evitar todo lo que ajuste. El calzado debe ser fácil de poner y quitar, y es necesario recordar que los pies tienden a hincharse durante los vuelos largos. Es bueno tener en cuenta además que los cinturones o accesorios con hebillas deberán quitarse en cada control de seguridad, razón por la cual es mejor evitarlos.

9. Tener en cuenta el protocolo de llegada

Lo conveniente es exponerse a la luz solar en forma deliberada apenas llegado al lugar de destino. La luz natural es el regulador más poderoso del ciclo circadiano. Diez a veinte minutos de caminata bajo el sol son suficientes para acelerar la adaptación.

Tener en cuenta el horario en el destino, para decidir cuándo dormir a bordo (Foto AP/J. David Ake, Archivo)

Es necesario además mantenerse despierto hasta la noche para iniciar el descanso. Dormir en el día refuerza el desfase horario y dificulta la adaptación. También es necesario respetar las comidas en su horario, aunque estemos “hambrientos”. Desayuno, almuerzo y cena en los momentos adecuados al lugar al que llegamos.

10. Llevar los artículos indispensables en el equipaje de mano siempre disponible

Los elementos que tienen que ver con nuestra seguridad, nuestra salud y nuestro bienestar deben estar colocados en la mochila, bolso de mano o cartera que va ubicado a nuestros pies, debajo del asiento de adelante. Es posible que durante una turbulencia los compartimentos superiores no puedan abrirse. Entonces, los medicamentos suficientes para el viaje y para unas horas más, los documentos personales, que incluyen las reservas de alojamiento y los seguros, la batería portátil, los audífonos y los lentes y el “kit” de viajero que mencionamos en el punto 3 deben estar al alcance de nuestra mano. Los viajeros frecuentes aplican siempre estas reglas para no tener disgustos en un viaje largo.

Estos consejos están especialmente pensados para los mayores de 60 años, pero son también útiles para los más jóvenes, que muchas veces desconocen algunas reglas que pueden hacer que un viaje largo sea mucho más placentero a cualquier edad.