De Vicente López a ganar el Oscar por un film hablado en francés: Violeta Kreimer presenta “Dos personas intercambiando saliva”
En el mundo distópico de la bella y extraña Dos personas intercambiando saliva , ganadora del Oscar junto a The Singers , besarse está prohibido. Tan prohibido que ni siquiera puede pronunciarse la palabra. Para evitar tentaciones, se lleva el mal aliento, estimulado por lo chicles de ajo y la cebol
En el mundo distópico de la bella y extraña Dos personas intercambiando saliva, ganadora del Oscar junto a The Singers, besarse está prohibido. Tan prohibido que ni siquiera puede pronunciarse la palabra. Para evitar tentaciones, se lleva el mal aliento, estimulado por lo chicles de ajo y la cebolla cruda como plato. El dentífrico sólo puede imaginarse como mercancía de contrabando, entre otras locuras que no conviene seguir contando y que se les ocurrieron a sus realizadores. De un film que pronto tendrá su versión extendida, un largometraje.
Lo cuenta Violeta Kreimer, a la que vimos vestida de gala en la ceremonia del Oscar de Hollywood, cuando subió a recibir el premio. Ver Dos personas intercambiando saliva, de Alexandre Singh and Natalie Musteataes toda una experiencia, y sorprende que el jurado de la Academia le haya dado el premio a un film tan extraño, arriesgado y queer. Filmado en blanco y negro, político y hablado en francés.
Pero el de los cortometrajes es un espacio de mayor libertad y experimentación, puntualiza ella. Para Kreimer fue, pues, una sorpresa pero no tanto, porque la película ya venía de hacer un recorrido importante en festivales, donde había cosechado premios importantes que la habían clasificado para la campaña Oscar. Telluride, Los Ángeles, Premio del Público en el prestigioso Clermont Ferrand, especializado en cortos.
Luana Bajrami y Zar Amir Ebrahimi, en una escena de "Dos personas intercambiando saliva" (Foto: La Mujer y el Cine).
Egresada de la Universidad Di Tella, donde cursó ciencias políticas, Kreimer no volvía al país desde hacía dos años. Y está feliz de presentar el film, que tiene una enorme impronta femenina delante y detrás de cámara, en el marco del ciclo La Mujer y el Cine: el jueves 27 conversará con el público durante la proyección en Malba.
-¿Cómo llegan Isabel Huppert y Julianne Moore y cuánto influyó su madrinazgo en el Oscar y el recorrido exitoso de la película.
-Es algo usual en las campañas al Oscar buscar madrinas o padrinos de los proyectos, para generar prensa a través de nombres conocidos, pero esta vez fue un apoyo real. Dieron entrevistas, fueron a proyecciones, eligieron el proyecto. Decíamos en broma que terminamos con las dos pelirrojas más importantes del cine de hoy. Dos mujeres que tienen una posición fuerte, que transmiten su forma de ver las cosas con sus elecciones de papeles femeninos, que tenía mucho sentido para nosotros que estuvieran cerca. También Jodie Foster apoyó la película, la vio en la plataforma, le encantó e hizo una entrevista hablando de ella junto a Luana Bajrami, la actriz que interpreta a Malaise.
Los directores Alexandre Singh y Natalie Musteata en su discurso de agradecimiento en la ceremonia del Oscar. Violeta Kreimer, con un vestido plateado, sonríe detrás. Foto: REUTERS/Mike Blake
-Vos no tenías una formación en cine, pero parece que llegó a tu vida para quedarse.
-No, y no sabía nada de producción. Creo que hay algo muy argentino en eso de lanzarse a lo nuevo, a probar. Estudié ciencias políticas, en la Universidad Di Tella, y ahí me proponen en un momento hacer una titulación en Science Po. Yo venía de una formación francófona, y con ese proyecto me mudé a París. Hice un máster en gestión cultural, y pasé varios años más ligada sobre todo a las artes visuales. Espectáculos, instalaciones, exposiciones en la Bienal de Venecia, pero siempre estuve tentada por el cine, aunque no me animaba. Me encanta el cine, mi marido es cineasta (Edouard Deluc), y empecé a pensar proyectos. Entonces, junto a una madre del mismo colegio de mis hijos, armamos una productora, Misia Films. Ella es italiana y yo argentina, las dos extranjeras viviendo en París, ella tenía experiencia en cine, más que nada en promoción y ventas, y bueno, nos lanzamos. Fue una locura", dice.
A su marido francés lo conoció por una amiga argentina. Él había filmado un corto aquí, en 2010, Dónde está Kim Basinger, que luego se convirtió en un largo, Voyage, voyage. Después, hizo films grandes, como Gauguin, con Vincent Cassell. “Él se enamoró de Argentina antes que de mí, antes de conocerme”, dice Violeta.
Ahora, entre los muchos proyectos, de cortos y largos, que tiene Misia entre manos, está Los días libres, ópera prima de la argentina Lucila Mariani, que se vio en Locarno. Y el largometraje de Dos personas intercambiando saliva: la extraña historia de amor en un tiempo de represión atroz tendrá su versión extendida.
Además, tienen en carpeta interesantes documentales, coproducciones don diversos países y cortometrajes, que son para ella espacios de libertad, experimentación y encuentro con directores. “Hay un montón de cosas pero son piedras que se lanzan y van desarrollándose en distintos tiempos. Sobrevivir como productora es muy difícil, salvo que tengas algo que genere un proyecto muy armado que genere financiación hay que tener muchas armas, muchas ventanas porque no sabés cuál va a salir. Ahora quiero aprovechar esto que generó el corto para pasar a una forma que nos permita tomar riesgos. En Francia hay subvenciones que sostienen proyectos para escritura, y es un sistema fundamental, aunque está en riesgo de que en las próximas elecciones eso cambie mucho, pues está muy atacado por la derecha. Es un medio fácil para cortar a las voces diferentes, aunque es un sistema que se auto financia y genera su propios fondos, con cada entrada en cine, que se reinvierte en desarrollo para producción. Es un sistema ejemplo para el mundo y estamos todos muy metidos en su defensa”.
Además de la espuma del Oscar, las ideas multifacéticas que rodearon a la película hablan de la creatividad y el impulso innovador de esta productora argentina y su equipo. “Nos divertimos mucho, hicimos un montón de derivados, los perfumes que se ven, por ejemplo, tienen olor a caca, a pis; en la campaña hicimos chicles con gusto de ajo y los repartimos; invitamos a gente a besarse en los foto booth en San Valentín, en Nueva York, y les hacíamos un pasaporte, como si fueran parte de la campaña de besarse como acto de resistencia. Y jugamos con cosas generan intriga: los nombres de los personajes (Malaise, Angine, Pétulante), la cebolla que comen, cosas que no se entienden. También queríamos hacer una exposición con todos los objetos... al final el cine absorbió tanto que no tuvimos tiempo para todo”.