Hay personas que nos recuerdan que una vida luminosa no es necesariamente una vida sin tristezas, pérdidas, dolores, preocupaciones o días de desasosiego. Es una vida que aprende, una y otra vez, a mirar lo que hay. A narrarse no solamente desde lo que falta, lo que terminó o lo que ya no puede ser, sino desde la potencia que todavía somos y que nos rodea.