
Putin reconoció por primera vez, con una cifra concreta, el costo económico que durante meses había intentado minimizar. La semana pasada, el presidente ruso admitió que la campaña ucraniana de ataques con drones de largo alcance le costó a su país cerca del 1% del PBI, unos 25.000 millones de dólares, aunque insistió en calificar esa cifra de “no crítica”. El reconocimiento llega en un momento en que Kiev dejó de apuntar solo a blancos militares y apunta cada vez con más precisión a los engranajes que mueven la economía cotidiana de los rusos.
El combustible, el punto más sensible

Nada golpeó la economía rusa tanto como los ataques a las refinerías, según un análisis del Wall Street Journal firmada por Alexander Osipovich. De acuerdo a datos de la consultora Energy Aspects citados por el WSJ, el procesamiento de crudo ruso cayó de 5 millones de barriles diarios en agosto del año pasado a 3,8 millones este agosto, una caída que ya se siente en la calle: una de las aplicaciones más descargadas del país es hoy una herramienta colaborativa para que los conductores encuentren estaciones con nafta disponible.
Rusia tuvo que salir a importar combustible desde India —paradójico para uno de los mayores productores de crudo del planeta—, relajar sus estándares de calidad para sumar oferta de refinerías soviéticas de segunda línea y prohibir la exportación de diésel.
El precio de la nafta subió 19% en el año, según estadísticas oficiales, y esa suba ya complica los planes del banco central ruso para bajar una inflación que ronda el 6% anual, muy por encima de su meta del 4%.

El comercio electrónico, en la mira desde julio
El otro frente que documenta el WSJ es el ataque sostenido contra la infraestructura de comercio electrónico: más de 30 bombardeos desde julio contra centros logísticos de Wildberries y Ozon, los dos gigantes del comercio en línea ruso, que desataron incendios y dejaron a miles de pequeños vendedores con su mercadería reducida a cenizas.
Según el WSJ, varios de esos emprendedores publicaron videos entre lágrimas en redes sociales pidiendo ayuda después de ver cómo se quemaba todo su inventario.
La consultora moscovita Data Insight calcula, según cita el diario, más de 10.000 millones de dólares en daños directos y al menos 12.000 millones más en ventas que se perderán en el próximo año.
Ese golpe ya empezó a inquietar al sistema financiero: el banco estatal VTB, principal acreedor de Wildberries por entre 6.000 y 7.000 millones de dólares, vio caer sus acciones más de 25% este año en la Bolsa de Moscú, hasta un mínimo histórico a fines de agosto. En simultáneo, los rusos empezaron a preferir el efectivo por sobre los depósitos bancarios —en el segundo trimestre retiraron más de lo que depositaron, algo inédito—, un cambio que el banco central atribuyó a los cortes de internet móvil que las autoridades activan de forma preventiva cada vez que detectan drones ucranianos.
El campo y el cielo, dos frentes menos visibles pero igual de golpeados
El WSJ describe además un tercer frente que pasó más desapercibido: desde julio, los ataques ucranianos contra terminales portuarias y buques de carga en el mar Negro y el de Azov frenaron de hecho las exportaciones rusas de trigo y cebada.
Según la consultora SovEcon, las ventas externas de trigo se hundieron más de 50% en agosto frente al año anterior, el nivel más bajo desde 2010, lo que generó un excedente interno que hundió los precios para los productores justo cuando el trigo cotiza cerca de un máximo de tres años a nivel global. La región de Rostov, el granero del país, ya declaró la emergencia agrícola.
“Es un escenario sin precedentes”, dijo al diario Andrey Sizov, director de SovEcon, que anticipa una ola de quiebras en el campo ruso.
El cielo tampoco escapa a la ofensiva: los aeropuertos rusos cerraron 993 veces en agosto por la presencia de drones cerca de las pistas, casi cinco veces más que seis meses atrás, según la firma de seguridad aérea Osprey Flight Solutions.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, fue todavía más lejos y advirtió que el espacio aéreo ruso “prácticamente se va a cerrar”, un mensaje apuntado directamente a las aerolíneas no occidentales que aún vuelan a Rusia y a quienes las aseguran.


