La Capa de Aire Sahariano transporta partículas finas entre 1,5 y 5 kilómetros de altura sobre el Atlántico tropical (Wikipedia)

Una masa de polvo del Sahara llegó al sur de Florida en los primeros días de septiembre y avanzaba hacia el golfo de México, según reportes meteorológicos locales. El episodio volvió a poner en primer plano un fenómeno que conecta África con el Caribe, América del Norte y Sudamérica: partículas levantadas en el desierto pueden recorrer miles de kilómetros y, en algunos casos, depositarse en la cuenca amazónica.

El desplazamiento ocurre dentro de la Capa de Aire Sahariano, una franja de aire cálido, seco y cargado de polvo que se forma sobre el norte de África. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) señala que estos episodios suelen producirse entre fines de la primavera y comienzos del otoño boreal y pueden avanzar sobre el Atlántico tropical cada tres a cinco días.

La mayor actividad suele concentrarse entre fines de junio y mediados de agosto, aunque la presencia de polvo en septiembre muestra que estas masas de aire todavía pueden influir sobre el Caribe y el sur de Estados Unidos durante la temporada de huracanes. La NOAA también advierte que el aire seco y los vientos asociados con esta capa pueden dificultar la formación e intensificación de ciclones tropicales.

El transporte no depende solo de los vientos que salen del desierto

El polvo más fino puede elevarse a varios kilómetros de altura y mantenerse en la atmósfera durante días. A esa altitud, las corrientes del este lo llevan hacia el oeste sobre el Atlántico. Parte cae sobre el océano por efecto de la lluvia o la gravedad, mientras que otra fracción llega al Caribe, América Central, el golfo de México y el norte de Sudamérica.

Una toma del satélite de la NOAA registra la Capa de Aire Sahariano sobre el océano Atlántico y el continente americano (Captura/NOAA)

Un estudio publicado en marzo de 2026 en Geophysical Research Letters agregó un elemento a esa explicación. Los investigadores analizaron mediciones de partículas en la Amazonia entre 2015 y 2022 y concluyeron que las lluvias sobre el Atlántico tropical influyen de manera decisiva en la cantidad de aerosoles africanos que logra llegar al continente sudamericano.

El trabajo examinó partículas de carbono negro, aunque sus conclusiones también abarcan el transporte de polvo. Según los autores, los sistemas atmosféricos de gran escala pueden favorecer lluvias que limpian la atmósfera sobre el océano o, por el contrario, permitir que más aerosoles crucen el Atlántico. Por eso, el recorrido de estas partículas no responde únicamente a la dirección del viento.

Los cálculos de NASA muestran cuánto polvo puede llegar a la Amazonia

Las estimaciones más citadas sobre este intercambio se basan en datos del satélite CALIPSO, que utilizó un láser para medir la altura y la distribución de partículas en la atmósfera. Con observaciones tomadas entre 2007 y 2013, un equipo asociado con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) calculó que, en promedio, 182 millones de toneladas de polvo superaban cada año el borde occidental del Sahara.

Cerca de la costa oriental de Sudamérica, unas 132 millones de toneladas permanecían suspendidas en el aire. El estudio estimó que 27,7 millones de toneladas se depositaban sobre la cuenca amazónica, mientras que otras 43 millones continuaban hacia el Caribe.

Las cifras no describen una cantidad fija que se repita cada año. La NASA registró variaciones de hasta 86% entre 2007 y 2011, asociadas con cambios en las lluvias del Sahel y en la circulación atmosférica. Esa variabilidad coincide con la conclusión de la investigación más reciente, que atribuye a la lluvia sobre el Atlántico un papel relevante en el transporte de aerosoles hacia la Amazonia.

El polvo del Sahara aporta cerca de 22.000 toneladas de fósforo por año a la Amazonia y contribuye al balance de nutrientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fósforo que viaja desde África ayuda a compensar pérdidas en los suelos

Una parte del polvo contiene fósforo, un nutriente necesario para el crecimiento de las plantas. La NASA estimó que el material africano depositado sobre la cuenca amazónica aportó, en promedio, unas 22.000 toneladas por año durante el período analizado.

Esa cantidad fue comparable con las pérdidas de fósforo que el estudio calculó por efecto de las lluvias y las inundaciones. La equivalencia no implica que la selva dependa de forma exclusiva del polvo africano, ni que toda la Amazonia reciba la misma cantidad de nutrientes. Sí indica que existe un intercambio atmosférico medible entre ambos continentes.

Durante años, la depresión de Bodélé, una antigua cuenca lacustre de Chad, fue señalada como una fuente importante de ese material. Las investigaciones posteriores plantearon que otras zonas del Sahara también pueden aportar polvo que logra atravesar el Atlántico, por lo que el origen exacto de las partículas que llegan a Sudamérica continúa bajo estudio.

La nueva nube detectada a comienzos de septiembre muestra una de las rutas posibles del fenómeno hacia el Caribe y Estados Unidos. Las investigaciones sobre la Amazonia, en cambio, indican que la llegada de aerosoles africanos a Sudamérica depende de una combinación de vientos, altura y lluvias sobre el Atlántico tropical.