Hasta hace poco, el reventón térmico sonaba como un fenómeno exótico y muy difícil de presenciar. Sin embargo, en los dos últimos años muchas de las personas que viven cerca de las costas mediterráneas han podido experimentarlo de primera mano. Ese viento repentino, acompañado de una brusca subida de la temperatura ha perturbado el sueño de muchos españoles y ha complicado o directamente impedido las tardes de playa de otros tantos.
¿Pero qué es exactamente un reventón térmico? Y, más importante aún, ¿por qué se está haciendo cada vez más frecuente? Vamos a ver lo que dice la ciencia sobre ambas cuestiones, porque las olas de calor están relacionadas, pero en realidad se necesitan algunos factores más.
Qué es un reventón térmico
Un reventón térmico es un evento de corta duración, en el que se producen saltos de temperatura superficiales muy bruscos, normalmente de unos 5ºC, aunque a veces pueden subir hasta 15ºC. Suelen ir acompañados de una humedad relativa baja y de ráfagas de viento muy intensas, de entre 100 y 160 kilómetros por hora. Normalmente ocurren por la noche, aunque también pueden darse a última hora de la tarde.
Cómo se forma un reventón térmico
El reventón térmico consta de tres fases mayormente.
Fases del reventón térmico
Fase 1
Todo comienza con la formación de precipitaciones, normalmente en el contexto de una tormenta eléctrica, que nunca llegan a tocar el suelo, ya que en el descenso se encuentran con una capa de aire muy cálido y seco, que las evapora.
Fase 2
El proceso de evaporación requiere energía, que se extrae del aire circundante, enfriándolo de golpe. El aire frío tiende a caer hacia abajo, por lo que se forma una corriente descendente, que cada vez tendrá una mayor columna de aire encima. El peso de esta va comprimiendo dicha corriente, de modo que se calienta súbitamente, dando lugar a esos ascensos de temperatura tan pronunciados, en muy pocos minutos.
Fase 3
Cuando la corriente de aire caliente cae súbitamente sobre la superficie terrestre, ya no puede seguir descendiendo, por lo que se expande violentamente en todas direcciones, como el chorro de agua de un grifo que abrimos de golpe cuando toca el fregadero. El resultado son vientos muy intensos, prácticamente huracanados.




