Desde que comenzó la disputa arancelaria, el cruce fronterizo entre Estados Unidos y Canadá cayó de forma sostenida. Los canadienses eligen gastar su dinero en casa, y las ciudades americanas que dependían de ese flujo buscan cómo reinventarse (REUTERS/David Ryder)

El 8 de septiembre, Canadá puso en marcha aranceles de represalia sobre unas 700 categorías de productos importados desde Estados Unidos, con tasas de entre el 15% y el 50%.

Acero, lácteos, electrodomésticos, papel y equipos agrícolas quedaron alcanzados por la medida, que responde dólar por dólar a las tarifas del 50% que el presidente Donald Trump impuso sobre USD 20.000 millones en importaciones canadienses tras el colapso de las negociaciones bilaterales a fines de agosto.

La orden de renombrar el lago Ontario fue interpretada en muchas comunidades fronterizas como una provocación innecesaria en medio de negociaciones que ya estaban al límite (REUTERS/Evan Vucci)

La escalada no se limitó al plano económico. El primer ministro Mark Carney advirtió que su gobierno no aceptaría ser tratado “como una subsidiaria de Estados Unidos”.

Trump, por su parte, ordenó cambiar el nombre del lago Ontario por “Lago América”.

En las ciudades que viven pegadas a la frontera, cada uno de esos movimientos se sintió de forma directa: en los mostradores, en los alquileres y en las conversaciones con familiares del otro lado.

El primer ministro canadiense convirtió la resistencia a los aranceles en una cuestión de soberanía nacional. Su postura le dio respaldo interno, pero cerró la puerta a cualquier acuerdo rápido con Washington (REUTERS/Ingrid Bulmer/File Photo)

Los negocios fronterizos sintieron el golpe antes de que llegaran los nuevos aranceles

En Blaine, Washington —ciudad ubicada sobre la línea fronteriza—, los efectos del conflicto comercial son anteriores a esta última escalada. Gurdeep Bains, propietario de una florería y de varios inmuebles en alquiler, describió al New York Times el nivel de tensión que se vivió en la localidad. “La gente tuvo las cubiertas de sus autos pinchadas”, afirmó.

La ciudad tomó nota del cambio y dejó de apostar al turismo canadiense. En lugar de eso, orientó sus esfuerzos hacia visitantes de Seattle y otras ciudades del interior del estado.

Bains dijo que los ánimos se habían calmado con el tiempo, pero que ese alivio fue reemplazado por algo más difícil de revertir. “Nunca va a volver a ser igual”, aseguró al diario.

Sus propios familiares radicados en Canadá visitan con menos frecuencia. “Están enojados”, le dijeron.

En las ciudades que bordean Canadá, la caída del comercio no esperó a los aranceles de septiembre. Los comercios locales venían ajustando precios, recortando costos y buscando nuevos clientes desde meses antes de que las negociaciones colapsaran (REUTERS/Carlos Osorio/File Photo)

Vermont muestra solidaridad con Canadá mientras sus productores absorben los costos

Dave Lane, propietario de Snow Farm Vineyard and Distillery en South Hero, Vermont, le dijo al New York Times que los aranceles ya encarecieron cada botella vacía importada desde Canadá en alrededor de un dólar, hasta llegar a USD 8 por unidad.

Con las ventas en baja, el negocio recortó gastos en publicidad en lugar de subir los precios de sus productos.

La respuesta ciudadana en la región fue distinta a la de otros estados. Burlington rebautizó su peatonal central como “Rue Canada” el año pasado, en un gesto de solidaridad con el vecino del norte.

Las banderas canadienses y el Fleurdelisé de la provincia de Quebec aparecen con frecuencia en hogares y comercios de la zona. “Estamos en un momento muy extraño, pero vamos a superarlo”, expresó Lane.

La frontera norte de Vermont siempre fue más un puente que una línea divisoria. Hoy esa identidad compartida convive con pérdidas reales: insumos más caros, menos clientes del otro lado y márgenes que se achican mes a mes (REUTERS/Carlos Osorio)

En Dakota del Norte, el sector agrícola resiente los aranceles pero el apoyo a Trump se mantiene

Dakota del Norte exporta alrededor del 80% de su producción a Canadá. Grand Forks, la tercera ciudad más poblada del estado, está ubicada a unos 130 kilómetros (80 millas) de la frontera.

Su alcalde, Brandon Bochenski, reconoció que el sector agrícola es el más golpeado por la nueva ronda de aranceles, aunque subrayó que los residentes locales mantienen su respaldo al presidente.

Barry Wilfahrt, presidente de la cámara de comercio local, dijo al New York Times que la administración Trump tiene “su estrategia para reequilibrar los acuerdos comerciales donde Estados Unidos tiene un déficit comercial significativo”.

El alcalde de Grand Forks reconoció el daño pero no presionó a la Casa Blanca. Para él, la disputa es coyuntural; la vecindad con Canadá, permanente (City of Grand Forks)

Dos de cada tres estadounidenses piden más diálogo, pero la mitad desconoce la disputa

Una encuesta de Ipsos realizada a fines de agosto reveló que dos de cada tres estadounidenses, incluyendo casi la mitad de los republicanos, consideran que su país debería estar más abierto al diálogo con Canadá.

Cuando se les preguntó quién tiene la responsabilidad en el conflicto, el 46% señaló a Estados Unidos, frente a solo el 12% que apuntó a Canadá.

Sin embargo, apenas la mitad de los encuestados dijo estar al tanto de la guerra comercial.

Pequeños empresarios y funcionarios locales de tres estados fronterizos consultados por el New York Times habían comenzado a percibir una leve mejoría en el flujo de visitantes canadienses en las semanas previas. Los nuevos aranceles cortaron esa tendencia de raíz.