Alternativa para Alemania (AfD), la agrupación de ultraderecha a la que los partidos tradicionales le atribuyen tintes neonazis empezó la difícil tarea de buscar aliados para gobernar en una antigua región comunista.
Su aplastante triunfo en las elecciones del domingo en el estado de Sajonia-Anhalt, en la vieja Alemania Oriental, lo dejó al borde de la mayoría absoluta después de lograr un histórico 44% de los votos.
Ahora, para llegar al gobierno de un estado federado por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la ultraderecha alemana deberá conseguir el apoyo de al menos tres diputados.
Se trata de una misión difícil pero posible, más allá del “cortafuego democrático” impuesto por los partidos tradicionales para evitar su ascenso al poder nacional o regional bajo el compromiso de no prestar apoyo a un eventual gobierno de AfD.
El objetivo pasa hoy por dos caminos diferentes:
- Convencer a legisladores díscolos del conservador CDU, que gobierna el país con el canciller Friedrich Merz, en alianza con el socialdemócrata SPD. La CDU obtuvo el 17% de los votos en los comicios, frente al 9% de la SPD. Se trató de una durísima derrota de los partidos tradicionales.
- Sellar una paradójica alianza, al menos tácita, con la formación prorrusa de izquierda Alianza Sahra Wagenknecht (BSW, populista).
¿Por qué la izquierda puede ayudar a la ultraderecha alemana?
La irrupción de la extrema derecha en un estado federado causó un verdadero terremoto político en el país. No solo la dirigencia “democrática” está en shock por el resultado de las elecciones, sino por la creciente popularidad de la AfD a nivel nacional, que lo sitúa como favorita para acceder al gobierno central en 2029.
Su discurso es simple: endurecer la política migratoria con una propuesta de “remigración” (devolución de migrantes a sus países de origen), eliminar la obligación de ir a la escuela, cuestionar el rol de la UE y modificar la materia de historia en el colegio para alejar la “culpabilidad” de la Alemania del Tercer Reich, entre otros puntos. También se opone al respaldo militar a la guerra en Ucrania.

Lo más paradójico es que la izquierda radical podría abrirle el camino a la AfD para acceder al poder en Sajonia-Anhalt.
¿Por qué? Porque la Alianza Sahra Wagenkencht (BSW), una agrupación radical prorrusa, es el único partido alemán que rechaza el “cortafuego democrático” (también llamado “cordón sanitario”) que impide a la ultraderecha acceder al poder. Considera este pacto “antidemocrático” y afirma que en el fondo beneficia a la extrema derecha porque lo coloca en papel de víctima.
Ambos partidos están hoy en las antípodas en muchísimos puntos ideológicos, en especial por su visión sobre los inmigrantes y la cercanía de la AfD a Donald Trump, pero los une su rechazo al respaldo alemán a Ucrania y cierta simpatía a Moscú. De hecho, ambos coinciden en la necesidad de adquirir el petróleo y el gas ruso.
La alianza BSW, creada en 2024, podría dar un respaldo tácito a un gobierno de AfD sin formar parte del ejecutivo. ¿Cómo? A través de un gobierno de expertos independientes. A cambio, se declaró dispuesto a abstenerse en una eventual tercera votación en el Parlamento regional que le permitiría a la extrema derecha asegurar la elección de su líder local, Ulrich Siegmund, como primer ministro de Sajonia-Anhalt.
Pero la AfD quiere conformar una coalición que le garantice un gobierno fuerte y que no deba negociar cada paso en el Congreso.
Ahora, comienza un proceso de extensas negociaciones que mantiene en vilo no solo a Alemania, sino a toda Europa.




