
De las 24 horas que tiene el día, los estudiantes secundarios porteños pasan más de 6 delante de la pantalla del celular. En otras palabras: un cuarto de su día y de su vida transcurre frente al teléfono, y de los 365 días que tiene el año, 92 se dedican enteramente a mirar e interactuar con la pantalla.
Son los resultados del primer Monitoreo de tiempo de pantalla y salud mental en estudiantes de nivel secundario de la Ciudad de Buenos Aires, a los que tuvo acceso Infobae. Según esa investigación, cuatro de cada diez adolescentes que cursan el secundario en la Ciudad presentan al menos una señal de alerta respecto de su bienestar socioemocional. En concreto, el 40% de esos chicos y chicas presenta por lo menos un signo de alarma asociado a ansiedad, depresión, uso problemático del teléfono o somnolencia diurna.
Por encima del promedio mundial
La investigación la hicieron, en conjunto, el Ministerio de Educación de la Ciudad y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Encuestaron a 3.261 estudiantes de 1º y 4º año de escuelas secundarias porteñas públicas y privadas. Los resultados obtenidos ubican a la Argentina en un rango medio-alto respecto del promedio mundial de tiempo de uso de pantalla.
En promedio, los estudiantes porteños pasan 6 horas y 10 minutos por día ante la pantalla del celular. El uso crece con la edad: los chicos de 4º año pasan, siempre en promedio, 51 minutos más por día con el teléfono respecto de los de 1º año. TikTok es la aplicación a la que más tiempo le dedican.
La investigación Kids Online que Unicef llevó a cabo en 2025 reveló que, en promedio, los chicos en Argentina acceden a su primer smartphone a los 9,6 años. Cuando llegan al secundario, el uso del teléfono ya lleva varios años. También el año pasado, otro estudio reveló que nuestro país se ubica en el 5º puesto a nivel mundial respecto del uso del celular en personas de entre 16 y 64 años: el promedio nacional es de 8 horas y 41 minutos por día. Más de un tercio de la vida.

Los adolescentes ingleses pasan 4 horas por día frente al teléfono. Una investigación en Estados Unidos registró un promedio de 5 horas diarias en esa misma población. Argentina se ubica por encima de esas cifras.
“Los teléfonos han hackeado la atención de los estudiantes, por eso fuimos en busca de información propia, de nuestra ciudad”, sostuvo Mercedes Miguel, ministra de Educación de la Ciudad, en la presentación de la investigación a la prensa.
Según contó, las familias de los estudiantes empezaron a reportar que, ante la restricción primero y prohibición después del uso del teléfono celular en el aula, “los chicos salen de la escuela con una especie de síndrome de abstinencia; por eso hay que trabajar no solo con lo que pasa en la escuela sino durante todo el día, y pensar en el rendimiento académico y también en el bienestar de los estudiantes”.
Las alternativas para salir de la pantalla
Cuando se hace un zoom sobre la información que recaba la investigación del ministerio y el ITBA se detectan algunas particularidades. En cuanto al nivel socioeconómico, los estudiantes en el quintil más bajo de la población pasan, en promedio, alrededor de una hora y media más por día delante del teléfono si se los compara con el quintil de ingresos más altos. Las mujeres, siempre en promedio, pasan unos 30 minutos más por día con el teléfono respecto de los varones. Y además, presentan tasas más altas de indicadores de ansiedad y de depresión.
Esas más de seis horas que los estudiantes secundarios de la Ciudad pasan con el teléfono son un promedio. La investigación, que accedió al tiempo de uso de pantalla registrado con exactitud por los sistemas operativos de los celulares de los estudiantes, registró casos en los que están hasta 11 horas por día frente a esa pantalla.

“¿Qué hacemos ante esta situación? Creemos que hay una tríada que hay que ofrecerles a los chicos: arte, deporte y contacto con la naturaleza. En eso estamos trabajando, a través de diferentes herramientas, para que no pasen lo que duran cuatro partidos de fútbol por día delante del teléfono”, describió la ministra, y sumó: “Una mayoría de las familias reconoce la enorme dificultad para poner límites sobre el uso de tecnología, y eso tiene que ver con que los adultos también estamos teniendo un uso del teléfono que en muchos casos es problemático. Finalmente, ese es el ejemplo que el chico ve y recibe”.
Según estadísticas de la cartera de Educación, unos 10.000 adolescentes participan de actividades como los clubes de jóvenes, coros y orquestas que se desarrollan los fines de semana en escuelas públicas de la Ciudad. Se trata solo el 10,7% del total de los estudiantes que van a esos colegios.
Esa misma cartera consignó, a través de encuestas a docentes, que 7 de cada 10 docentes registraron mayor atención de sus alumnos en el aula después de que en 2024 se introdujera una restricción del uso del celular en escuelas secundarias. Este año, esa restricción se convirtió en prohibición.
La salud mental en jaque
El monitoreo que se dio a conocer este lunes no solo midió la cantidad de tiempo frente a la pantalla del celular, sino que interrogó el impacto de ese uso en la salud mental de los adolescentes. Cada estudiante de los más de 3.200 que fueron encuestados tuvo que autoadministrarse encuestas validadas internacionalmente para determinar la presencia de esos signos de alerta.

El 38,1% de los chicos presentó algún signo de alerta vinculado a la depresión; el 37,2%, de somnolencia diurna; el 31,2%, de ansiedad; y el 24,9%, de uso problemático del smartphone.
Los adolescentes cuyas respuestas manifestaron riesgos de depresión pasan 49 minutos más con el celular respecto de los que no presentaron estas alertas. Los que presentan señales de alarma respecto del uso problemático del smartphone -que lo manifestaron, por ejemplo, que quisieran usarlo menos y no lo logran- pasan 46 minutos más con el celular respecto de quienes no arrojaron resultados que puedan traducirse en un alerta para la salud mental.
“Los usos problemáticos del smartphone y de tecnología presentan las asociaciones más consistentes con un peor estado de salud mental, mientras que el tiempo total de pantalla no muestra este efecto. La mayor asociación se observa en el vínculo entre el uso problemático de tecnología y el indicador de depresión”, sostiene la investigación.
Ese llamado “uso problemático” refiere a situaciones en las que los chicos sienten dificultad para desconectarse, dependencia psicológica del dispositivo, uso de la tecnología como forma de regular sus emociones, conflictos interpersonales asociados con cómo usan el teléfono y posible impacto de ese uso en el rendimiento en la escuela.
No hay diferencia entre las escuelas de gestión pública y privada respecto de los indicadores de riesgo de ansiedad. Pero sí es mayor entre las mujeres, y también es mayor entre los estudiantes de 4º año respecto de los que cursan 1º.
Los chicos que están por encima del “punto de alerta” respecto de un uso problemático del celular tienden a presentar más puntaje no solo en cuanto a tiempo frente a la pantalla sino también respecto de alarmas de depresión (48% más que quienes no refieren un uso problemático del teléfono), ansiedad (43% más) y somnolencia nocturna (32% más).
En sus respuestas, los adolescentes porteños reportaron que la forma en la que usan el teléfono y la tecnología en general -y, especialmente, si esa forma les resulta problemática o no- es lo que más les impacta en su salud mental. Al fin y al cabo, se trata del dispositivo al que le dedican un cuarto de su vida.




