Naiare Rodríguez/Marcos
Zaragoza, 5 sep (EFE).- Flamencos rosas, patitos de goma, calaveras mexicanas, gorilas con flotadores, palmeras, flores tropicales o gatos han desfilado impresos en las camisas de los asistentes de Vive Latino 2026, que aunque han llegado al recinto ferial de la Expo con más calma que en la primera jornada lo han vuelto a hacer con abanicos, vaso en mano y ganas de pasarlo bien.
Sombreros, brilli-brilli, agujetas de reírse, amigas poniéndose brillantes en la cara y parejas abrazadas han completado la estampa de una jornada en la que la música ha convivido con los pequeños rituales de cualquier festival, desde hacerse una foto para inmortalizar la noche hasta recorrer las carpas de comida o participar en retos para conseguir algún obsequio.
La responsabilidad de dar la primera tecla se le ha otorgado a Multiplica, una joven banda de indie rock formada en Zaragoza hace tres años, mientras que, en el anfiteatro, Buena Vista Social Club ha puesto a bailar a los cientos de valientes que se han enfrentado a las altas temperaturas a ritmo de son y sabor cubano, con clásicos como 'Guantanamera' o Chan, chan'.
Entre la suavidad tropical y la aspereza de la ribera, el concierto ha cumplido con nota alta su cometido de inaugurar el sábado escenario mediano del festival.
Justo después, ya a las 6 y media, Biznaga ha abierto la programación de las tablas principales del Vive Latino con el antifascismo y el compromiso social por bandera.
"Por favor, no seáis fachas", ha pedido al público el batería de la banda, Jorge 'Milki' Ballarín, en un concierto que ha recorrido temas como 'El entusiasmo', 'Espíritu del 92' o 'La gran renuncia' y que ha sufrido algún que otro fallo de sonido.
Entre escenario y escenario, la jornada ha ido avanzando a golpe de guitarras, estribillos y reencuentros con nombres como El Verbo Odiado y Veintiuno, grupo de rock alternativo liderado por Diego Arroyo y conocido por canciones como 'Dopamina' o 'La vida moderna'.
Uno de los momentos más esperados ha llegado de la mano de Guitarricadelafuente, cuyo vínculo con Aragón ha convertido su actuación en una de las más especiales de esta segunda jornada, ya que el artista mantiene una estrecha relación con Cuevas de Cañart, pequeño pueblo medieval de la provincia de Teruel donde aprendió a tocar la guitarra y descubrió su pasión por la música.
El músico, que está a punto de estrenar 'La bola negra', película preseleccionada para los Óscar, ha recorrido su repertorio con canciones como 'Guantanamera', 'Agua y mezcal' o 'Tramuntana' y ha ondeado la bandera de Aragón sobre el escenario, en un gesto que ha tenido algo de regreso a casa ante un público que ha recibido con entusiasmo sus raíces turolenses y en el que también se ha encontrado su familia.
La fiesta ha continuado con Ojete Calor, que ha llevado al recinto su particular mezcla de humor y música con éxitos como 'Mocatriz', 'Viejoven' y 'Agapimú', una propuesta que ha vuelto a demostrar que en el Vive Latino también hay espacio para cantar a pleno pulmón mientras se baila y se ríe.
La noche ha entrado de lleno con Siloé, que ha hecho sonar 'Amor infinito', 'Si me necesitas, llámame', 'Todos los besos' y 'Que merezca la pena', antes de dar paso a Ultraligera, banda que tiene éxitos como 'Matanza en el hotel', 'Lapsus' o 'La basura'.
La M.O.D.A. ha tomado después el relevo con canciones como 'Héroes del sábado', mientras que La Plazuela ha puesto el acento final a la noche con temas como 'Péiname Juana'.
Hermanos Martínez, Esteman, Daniela Spalla, División Minúscula, Begut, Sonido Gallo Negro y Rialto también se han subido al escenario Escena VL, completando una programación que ha mantenido al público en movimiento durante horas entre propuestas y estilos diferentes.
Y mientras los escenarios han concentrado las miradas, el entorno también ha tenido su propia banda sonora, con el Real Zaragoza presente en algunas pantallas de teléfonos móviles y alguna que otra camiseta, en una jornada en la que el fútbol se ha colado entre canción y canción al enfrentarse el conjunto blanquillo al Antequera.
Con el calor como uno de los protagonistas desde primera hora y la música como hilo conductor, el recinto de la Expo ha vuelto a convertirse en una ciudad efímera en la que han convivido el son cubano, el indie, el rock, el pop y los sonidos electrónicos, pero también los abanicos, los vasos, el brilli-brilli y las ganas de que la noche no se acabara. EFE
nrp/mds/amd
1012039

