
Un repartidor fue despojado de su motocicleta a punta de pistola en Miramontes y semanas antes una mujer fue asaltada por motociclistas en Lomas del Mayab.
Dos videos grabados por cámaras de seguridad en sectores residenciales de Tegucigalpa volvieron a poner bajo discusión la seguridad cotidiana en la capital hondureña.
El caso más reciente ocurrió la noche del martes en la colonia Miramontes, donde un repartidor que acababa de entregar un pedido fue interceptado por hombres armados y obligado a entregar su motocicleta.
La secuencia duró apenas segundos. El joven había estacionado frente a una vivienda y se disponía a marcharse cuando fue amenazado con armas de fuego.
Los asaltantes huyeron con la motocicleta, su herramienta de trabajo, mientras vecinos auxiliaron a la víctima.
El hecho quedó registrado por cámaras de vigilancia y la Dirección Policial de Investigaciones inició el análisis de las imágenes para intentar establecer identidades y la ruta de escape, de acuerdo con los reportes preliminares.
El episodio recuerda otro asalto registrado semanas antes en Lomas del Mayab.
En aquella ocasión, una cámara captó a varios motociclistas pasando frente a una mujer que se encontraba junto a su vehículo. Tres de ellos regresaron posteriormente, la rodearon y le quitaron la cartera.
Dos presuntos implicados fueron detenidos posteriormente, según los reportes difundidos sobre el caso.
Aunque se trata de hechos distintos, ambos comparten elementos: ocurren rápidamente, utilizan motocicletas para movilizarse y quedan expuestos gracias a sistemas privados de videovigilancia.
La paradoja entre estadísticas y sensación de inseguridad
La difusión de estos videos ocurre mientras las autoridades presentan resultados positivos en otros indicadores de seguridad.
La Secretaría de Seguridad informó recientemente que más de 100 municipios registraban cero homicidios, además de 117 estructuras criminales desarticuladas, más de 5.000 capturas y cerca de 4.000 armas decomisadas.
Pero reducir los homicidios no significa necesariamente que desaparezcan otras formas de criminalidad.
Los robos, asaltos callejeros, extorsiones y hurtos forman parte de la experiencia diaria de seguridad de una población y pueden mantener una elevada percepción de riesgo incluso cuando bajan los asesinatos.
Ese contraste ayuda a explicar por qué un video de pocos segundos puede generar una reacción ciudadana muy distinta a la que sugieren algunos indicadores oficiales.

Las motocicletas están en el centro del problema
La propia Policía reconoce el peso que tiene el robo de automotores en la capital.
Hasta julio, la DPI reportaba haber recuperado 277 vehículos robados durante 2026: 230 motocicletas y 47 automóviles, mediante operaciones desarrolladas principalmente en Tegucigalpa y Comayagüela.
La institución también ha advertido que algunas unidades robadas son modificadas mediante alteraciones de números de motor y chasis para dificultar su identificación y facilitar su comercialización ilegal.
Para un trabajador de delivery, además, perder la motocicleta significa algo más que sufrir un robo: puede representar quedarse sin la herramienta que genera sus ingresos.

Las cámaras se convierten en testigos
Los dos casos muestran además la importancia creciente de la videovigilancia privada.
Las cámaras permiten reconstruir movimientos, vestimenta, vehículos y rutas utilizadas por los sospechosos. En Lomas del Mayab, las imágenes habrían contribuido a seguir la pista de los presuntos asaltantes.
Pero su utilidad comienza después del delito. El reto de seguridad sigue siendo evitar que el asalto ocurra.
Honduras puede exhibir menos homicidios, más capturas o vehículos recuperados y, al mismo tiempo, enfrentar ciudadanos que siguen sintiéndose vulnerables al salir de casa, estacionarse frente a una vivienda o realizar una entrega.
Por eso, la seguridad no se mide únicamente por cuántas personas dejan de morir, sino también por cuántas pueden vivir, trabajar y desplazarse sin miedo a convertirse en la próxima imagen viral de una cámara de vigilancia.




