Cocinando en la calle - Familias cubanas sin gas licuado, Cuba (Infobae Cuba/ Cortesia Food monitor program)

Una médica cubana de atención primaria llega a su consulta cada día y se encuentra con algo que va más allá de las enfermedades físicas: pacientes que necesitan llorar.

La doctora Yomeidis Felicó Riverón lo resume con una sola frase: «Antes había esperanza». Lo que sigue es su diagnóstico de una Cuba que ya no la tiene.

«Vienen a llorar sus penas porque con quién se van a desahogar», dijo Felicó Riverón a la agencia AP en un reportaje publicado este 9 de septiembre sobre el costo psicológico de la crisis. «Nos toca un poco ser psicólogos».

Un estudio publicado en 2026 en Social Science & Medicine, basado en una encuesta a 415 adultos cubanos realizada entre julio y noviembre de 2025, encontró que el 55.4% presentaba depresión extremadamente severa, el 66% ansiedad severa y el 65.8% estrés extremo.

Los investigadores identificaron que el factor más dañino no era la duración de los apagones en sí, sino su impacto en rutinas básicas: cocinar, dormir, trabajar o estudiar. Los adultos más jóvenes resultaron el grupo más vulnerable.

El Gobierno de Cuba confirma el segundo apagón a nivel nacional en una semana.

La conducta suicida adolescente sube en La Habana

La directora de Salud Mental de La Habana, Tania Peón, describió la situación a CiberCuba, medio cubano: «Es un estrés sobre el estrés». Según ella, buena parte de la población vive en un estado permanente de alerta porque las personas están en función de resolver necesidades básicas todo el tiempo, sin margen para el descanso emocional.

La señal más grave que lanzó Peón apuntó a los más jóvenes: en el primer semestre de 2026 se observó un incremento de la conducta suicida entre adolescentes en la capital.

La socióloga Elaine Acosta, según recogió el mismo medio, describió el fenómeno como una «epidemia de salud mental» alimentada por la precariedad económica, la escasez de alimentos y el acceso insuficiente a atención psiquiátrica.

La escasez de medicamentos agrava ese cuadro. El ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, reconoció ante la Asamblea Nacional en 2025 que el sistema sanitario atravesaba una crisis estructural sin precedentes, con una cobertura de apenas el 30% del cuadro básico de medicamentos, entre los que se encuentran los psicofármacos.

Alexis Mijan y su hijo, Bayron Miranda, doblan sábanas en la azotea de un edificio residencial al amanecer en La Habana Vieja, el 12 de agosto de 2026. Muchos cubanos duermen al aire libre durante las noches de verano buscando alivio ante las altas temperaturas y los frecuentes cortes de electricidad. (Foto de YAMIL LAGE / AFP)

Los padres intentan ocultar la crisis a sus hijos

El impacto psicológico golpea con fuerza particular a quienes tienen hijos. La propia Felicó Riverón contó a AP que procura que su hijo no sepa cuándo falta comida en casa. «Mi hijo no sabe si hay comida o si no hay comida», explicó. Para evitar que lo note, intenta distraerlo con juegos o paseos.

Dianne Tamayo, otra madre entrevistada por la agencia, rompió a llorar al explicar que durante años acumuló emociones sin encontrar una vía para liberarlas. «Yo trato de hacer lo mejor que puedo con las herramientas que tengo, pero no, llega un momento que me supera», reconoció. Su descripción de lo que vive fue más cruda aún: «Nos están exterminando. Y seguimos conformes».

Yannay Miranda peina a su hija, Olaya Triana, mientras esta se prepara para ir a la escuela en el primer día del curso escolar 2026-2027, en La Habana, el 1 de septiembre de 2026. En medio de la escasez de uniformes y de maestros, así como de prolongados cortes de electricidad, 1,4 millones de estudiantes iniciaron un nuevo año escolar el 1 de septiembre en Cuba, donde la crisis económica obliga a las familias a asumir los crecientes costos de la educación de sus hijos. (Foto de YAMIL LAGE / AFP)

Dos alertas sanitarias de la Embajada de Estados Unidos en una semana

El deterioro no es solo emocional. La infraestructura de agua y energía se hundió hasta el punto de generar una emergencia sanitaria paralela. La Embajada de Estados Unidos en La Habana emitió dos alertas de salud pública en menos de una semana.

El 28 de agosto advirtió que la infraestructura de suministro de agua de Cuba «es cada vez más inestable» y que algunos barrios permanecen largos períodos sin servicio.

El 4 de septiembre alertó sobre un incremento de enfermedades gastrointestinales, entre ellas infecciones por E. coli, norovirus y Shigella, vinculadas a la «degradación de la infraestructura de agua y energía», según informó CiberCuba.

El nexo entre apagones y enfermedad es directo: el sistema de abasto de agua depende en un 87% del Sistema Electroenergético Nacional, de modo que cada corte prolongado paraliza las estaciones de bombeo.

A lo largo de 2026, Reuters, agencia británica de noticias, documentó brotes de hepatitis A en al menos seis provincias, todos vinculados a la contaminación del agua.

El 25 de agosto, una intoxicación masiva en Santiago de Cuba afectó a 52 personas, con 18 hospitalizadas, entre ellas dos gestantes y tres menores.

Resistir un día más como única estrategia

El reportaje de AP retrató cómo ese agotamiento se traducía en la vida cotidiana. Óscar Joaquín López, de 81 años, pasa parte de las noches sentado en el marco de su puerta, buscando algo de brisa, con una tubería de acero a su lado para protegerse de posibles intrusos. Su filosofía frente a la desesperación es resistir: «Porque te vuelves loco, y a mí loco no me va a volver nadie».

Armando Lafita, de 60 años, recorre La Habana Vieja empujando un carrito con ramos de rosas y mariposas blancas que vende por unos pocos centavos. Hay días en los que vuelve a casa sin haber vendido ninguno. «Aquí todo el mundo lucha por sobrevivir», afirmó a la agencia. «Cada día se está haciendo más difícil».

Los vínculos familiares aparecen como uno de los pocos puntos de apoyo. Lafita piensa en su hijo de 19 años, mientras José Manuel Borroto Díaz, de 70, encuentra fuerzas en su madre de 93. «La situación que tenemos es de película, pero vamos a seguir adelante», aseguró Borroto ante AP.

Un grupo de personas pasa junto a la basura prendida fuego en medio de una calle durante una protesta contra los frecuentes cortes de electricidad, mientras La Habana se enfrenta a sus peores apagones en décadas en medio de un bloqueo estadounidense que ha estrangulado la isla de combustible, en La Habana, Cuba. 13 de mayo de 2026. REUTERS/Norlys Perez

Los apagones superan las 24 horas diarias en 2026

El contexto estructural explica por qué la crisis psicológica se profundiza. Los cortes eléctricos en la isla superan ahora las 24 horas diarias, según consignó AP. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió que los apagones continuarán durante todo 2026. La llegada temporal de combustible desde Rusia en abril no revirtió la tendencia.

CiberCuba informó que la captura de Nicolás Maduro en 2026 interrumpió los envíos de petróleo desde Venezuela, lo que agudizó los problemas energéticos.

Desde finales de enero, el presidente Donald Trump anunció aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba. El canciller cubano Bruno Rodríguez cifró el impacto de las sanciones estadounidenses entre marzo de 2025 y febrero de 2026 en más de USD 8.000 millones, «una cifra récord», según recogió AP.

Lo que describe Felicó Riverón en su consulta es la cara más íntima de ese colapso: ya no se trata únicamente de vivir con menos electricidad, agua o medicamentos, sino de una población que, según observa la médica cada día, está perdiendo la esperanza de que la situación cambie.