
La actividad comercial de Bandar Abbas, ciudad portuaria iraní ubicada en el estrecho de Ormuz, cayó de forma pronunciada bajo el bloqueo a los puertos de la república islámica impuesto por Estados Unidos, que busca limitar las exportaciones de petróleo de Irán tras seis meses de guerra.
Bandar Abbas tiene más de 700.000 habitantes y está situada junto a una de las rutas marítimas más transitadas para el transporte global de petróleo, gas natural y derivados. Sus residentes sostienen que la ubicación de la ciudad la expuso a riesgos y dificultades durante el conflicto.
En el muelle, que antes recibía barcos, camiones y trabajadores, la actividad se redujo de forma marcada. Mohammad Torabian, empleado del sector que atiende a pasajeros, indicó que antes de la guerra llegaban cada día hasta 50 camiones con alimentos y carne. Ahora, gran parte de esa zona permanece vacía. “El negocio ahora mismo está fatal”, afirmó Torabian, quien calculó que unas 500 personas obtenían sus ingresos en torno al muelle. “Aquí no hay trabajo”, agregó.
La economía local depende del mar y del puerto de Shahid Rajaee, una de las principales terminales comerciales de Irán. El recinto cuenta con capacidad para procesar 100 millones de toneladas métricas de carga anuales, según datos divulgados en julio por la agencia estatal IRNA.

Washington impuso el bloqueo en abril y lo restableció después del fracaso de las negociaciones con Teherán para poner fin a la guerra. Funcionarios iraníes criticaron la medida, mientras Estados Unidos anunció más presión económica sobre el estrecho de Ormuz.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien encabezó las conversaciones fallidas con la Administración Trump, advirtió a comienzos de mes que una ampliación del bloqueo provocaría una respuesta militar.
Los efectos también alcanzaron a empresas de despacho aduanero. Mahsa Shojaei, contadora de una firma del sector, explicó que antes del conflicto buena parte de la actividad consistía en gestionar importaciones de arroz, té y café desde India y Pakistán.
Shojaei estimó que entre el 80% y el 90% de la carga de trabajo de su empresa desapareció. La compañía, que antes tramitaba alrededor de 100 expedientes aduaneros, ahora procesa cerca de 10, mientras aumentaron los costos de esos procedimientos.
La caída de la moneda iraní y el deterioro del poder adquisitivo redujeron las ventas en comercios de Bandar Abbas, donde los efectos económicos de la guerra y del bloqueo estadounidense ya alcanzan a negocios alejados de la zona portuaria.

Mehrdad Jahangiri, dueño de una tienda de ropa infantil que sostiene a su familia y a la de su padre, estimó que sus ventas cayeron cerca de la mitad frente al mismo período del año pasado. “Sencillamente no hay clientes”, afirmó Jahangiri. “El mercado se ha quedado muy tranquilo”.
El inicio de la guerra coincidió con la cercanía de Nowruz, el Año Nuevo iraní, una de las temporadas de mayores ventas para los comerciantes. Las familias suelen incrementar sus compras en esas fechas, pero el conflicto redujo buena parte de la demanda prevista.
Los negocios afrontan ahora otro período relevante para el consumo, antes de la reapertura de las escuelas a finales de septiembre. Jahangiri señaló que las multitudes habituales para comprar ropa nueva para los niños no aparecieron este año.

La reducción de ingresos llevó a la tienda a retrasarse en algunos pagos de alquiler y a acumular deudas con otros comerciantes, una situación que, según explicó, no había atravesado antes. “La gente tiene los bolsillos vacíos y los ingresos han disminuido”, afirmó. Consultado sobre si su familia debió reducir gastos diarios, respondió en diálogo con Associated Press: “Por supuesto. Ha cambiado mucho”.
Algunos comerciantes intentan sostener las ventas con descuentos o planes de pago para clientes habituales. Para quienes trabajan en el mar, la reducción de la actividad se combina con restricciones para navegar por motivos de seguridad. Abbas Golzanaei, conductor de una lancha que transporta pasajeros hacia barcos y puertos cercanos, contó que antes de la guerra se desplazaba hasta 48 kilómetros para trabajar. “Antes de la guerra, el negocio iba bien”, dijo.

“Ahora no puedo ir más allá de siete u ocho millas. El mar no es seguro”, agregó. La reducción de trayectos le dejó menos pasajeros e ingresos, mientras también enfrenta dificultades para conseguir gasolina. Frente a la costa de Bandar Abbas, los cargueros permanecen detenidos a la espera de que las condiciones permitan retomar sus desplazamientos.
(Con información de Associated Press)



