
La festividad del 8 de septiembre fusiona el catolicismo y la santería mediante el homenaje conjunto a la Virgen de la Caridad y Oshún. A través de ropa amarilla, girasoles y rituales, los cubanos unen la devoción mariana con la energía del orisha del amor y la prosperidad en un símbolo de identidad nacional.
Ante la profunda crisis actual en la isla, esta celebración funciona como un vital espacio de respiro y refugio espiritual. Más allá de la religión, el homenaje a “Cachita” une a los creyentes en un acto de fe para pedir salud, bienestar y alivio económico.













