El escrutinio a las herramientas digitales aumentó en los últimos años debido a potenciales daños al bienestar físico y psicológico de los usuarios, con especial énfasis en los menores de edad. Hasta ahora, las medidas restrictivas hicieron foco en las redes sociales: son cada vez más los países que pusieron en marcha iniciativas para impedir que los chicos usen aplicaciones como Instagram, TikTok y YouTube, entre otras.
Ahora bien, ¿qué ocurre con los chatbots, ahora en auge? Un estudio recientemente publicado en la revista JAMA Pediatrics ahonda en ese terreno con el siguiente disparador: ¿existe alguna relación entre el uso de la inteligencia artificial generativa “afectiva” y los problemas emocionales en niños y adolescentes?
“Un hábito muy preocupante”, advirtió una especialista
Investigadores de la Universidad de Ontario, en Canadá, encuestaron a casi 40.000 niños y adolescentes en escuelas primarias y secundarias de aquella ciudad, durante un período de un año, para conocer detalles acerca de su vínculo con las herramientas de IA.
Tal como observa New York Post, se encontró una “alarmante relación entre el uso de chatbots con trastornos emocionales”. Además, notaron que ciertos grupos son más vulnerables a los efectos negativos.

El relevamiento concluyó que casi uno de cada cuatro chicos usa inteligencia artificial generativa con fines afectivos, es decir, para obtener consejos sobre sus relaciones sociales o apoyo emocional.
Siguiendo a la fuente mencionada, el problema radica en que el uso de chatbots para esos propósitos se asoció con puntuaciones más altas en problemas emocionales, con una probabilidad casi dos veces mayor de que los estudiantes presentaran síntomas de angustia clínicamente significativos.
Tal como señalamos, esta problemática no afecta a todos los chicos por igual. Al respecto, los investigadores de la institución canadiense observaron que los problemas emocionales fueron más fuertes entre las niñas y en los que integran minorías.

“Que los jóvenes acudan a chatbots para obtener ayuda emocional es muy preocupante”, opinó la doctora Consuelo Cagande, directora de la división de psiquiatría infantil y adolescente del Hospital Northwell Zucker Hillside de Nueva York, que no participó en el estudio.
La especialista señaló que el problema principal es la “falta de medidas de seguridad, seguimiento clínico y protección en situaciones de crisis”. En ese sentido, notó que esas herramientas deberían usarse de modo complementario, no como sustitutos de los tratamientos con profesionales, además de con un acompañamiento y campañas para conocer los alcances de esas herramientas.
“Si un niño usa un chatbot de IA, debería avisar a un profesional de la salud sobre la información que recibió del chatbot acerca de sus problemas de salud mental y no necesariamente tomarla como la última palabra”, dijo Cagande al respecto.
En esa línea, los investigadores a cargo del estudio comentaron que las conclusiones a las que arribaron demuestran que los marcos clínicos y los programas de alfabetización digital “deberían distinguir entre la asistencia funcional de la IA y el uso de interfaces algorítmicas como refugio digital para las necesidades emocionales”.




