Una niña de 10 años levanta 82 kilos en peso muerto. El video dura apenas unos segundos, pero alcanzó más de 67 millones de reproducciones y convirtió a su protagonista en una figura de las redes sociales. Lucy Milgrim, de Long Island, Nueva York, entrena levantamiento de potencia desde los ocho años y ya consiguió un récord nacional en una disciplina que, hasta hace poco, parecía difícil de asociar con chicos tan pequeños.
El caso llamó la atención de Tomás Balmaceda, que analizó el fenómeno en Infobae al Mediodía. Según explicó, Milgrim pesa alrededor de 26 kilos, por lo que la marca que consiguió equivale a más de tres veces su propio peso corporal. “Ese video se volvió viral porque justamente no solamente levantó tres veces más que su propio peso, que para los adultos es muy raro, sino que se sumó un nuevo récord, en este caso un récord nacional”, señaló.
La historia de Lucy, sin embargo, no termina en la barra. La niña comenzó a acompañar a su padre al gimnasio cuando tenía ocho años y, con el tiempo, empezó a competir. Su madre es nutricionista y ambos padres participan en la administración de sus cuentas. Ella, en cambio, no tiene teléfono propio.
Mientras continúa con su vida escolar y sus actividades cotidianas, los videos de sus competencias y entrenamientos circulan entre cientos de miles de personas. Sus cuentas de Instagram y TikTok reúnen alrededor de 230.000 seguidores y una de las publicaciones, en la que aparece levantando 82 kilos, llegó a los 67 millones de visualizaciones.

“No necesitás tener números gigantes para que el contenido se vuelva gigante”, sostuvo Balmaceda. En el caso de Milgrim, esa exposición ya comenzó a trasladarse al terreno comercial: la niña cuenta con un patrocinador.
Lo que ocurre con Lucy forma parte de una tendencia más amplia. Cada vez aparecen más chicos que entrenan fuerza, practican powerlifting o crossfit y comparten sus rutinas en plataformas digitales. En algunos casos, el contenido es administrado por sus padres y termina construyendo una comunidad que supera ampliamente el ámbito deportivo.
Balmaceda mencionó, entre otros ejemplos, a Winter y Sky Duuck, dos hermanas de siete y cuatro años que practican crossfit y cuyos entrenamientos también son publicados en redes. Las niñas llegaron incluso a participar de una acción comercial durante el Super Bowl y ya tienen acuerdos con marcas.
El crecimiento también empieza a verse en las propias competencias. Balmaceda señaló que USA Powerlifting pasó de tener alrededor de diez menores de 13 años en sus competencias a registrar 65 durante 2026. Para el año próximo, según explicó, la organización anunció otros 120 lugares para esa categoría.

El cambio no se limita entonces a las redes. Lo que aparece en los videos también empieza a reflejarse en la cantidad de chicos que se acercan a estas disciplinas y en una industria que encuentra nuevas oportunidades alrededor de ellos.
Pero cuanto más crece la tendencia, más difícil resulta separar el deporte de la exposición.
En el caso de Lucy, el levantamiento de potencia ocupa una parte importante de su rutina, pero no es su única actividad. Balmaceda contó que, entre competencias y sesiones, la niña continúa yendo al colegio, habla con sus amigas y mantiene una vida acorde a su edad. Esa convivencia entre una infancia cotidiana y una práctica deportiva de alto rendimiento fue uno de los aspectos centrales de la conversación.
La diferencia está, en buena medida, en cómo se realiza la actividad. Un chico puede correr, saltar, trepar o empujar mientras juega y desarrollar fuerza como parte de ese movimiento. En un entrenamiento, en cambio, aparecen objetivos concretos, cargas determinadas y una progresión planificada.
“Cuando un chico juega, corre hasta cansarse, trepa, salta, empuja, tira cosas. Necesita fuerza para todo eso, pero la fuerza no es lo central”, explicó Balmaceda. En el gimnasio, en cambio, aparecen “las series, las repeticiones, los kilos, la idea de la progresión”.

La discusión no implica necesariamente que los chicos no disfruten de estas actividades. Una niña puede encontrar en el levantamiento de potencia una disciplina que le gusta, entrenar porque quiere hacerlo y sentirse cómoda compitiendo. El interrogante aparece cuando esa práctica comienza a quedar rodeada por una audiencia que observa, comenta y espera nuevos resultados.
Y en las redes sociales esa audiencia puede ser enorme y, sobre todo, difícil de controlar.
“Todo lo que ponemos en redes con menores llega no solo a las personas bienintencionadas como nosotros, sino a otro tipo de ojos, otro tipo de intenciones”, advirtió Balmaceda.
Ese es uno de los aspectos que diferencia a estos casos de las promesas deportivas infantiles de otras épocas. Un niño que se destacaba en un club podía ser conocido por sus compañeros, entrenadores y familiares. Hoy, una competencia puede convertirse en un video viral y llegar a millones de personas que no tienen ninguna relación con el deporte ni con el entorno del menor.
A eso se suma la aparición de las marcas. Cuando una cuenta infantil consigue una audiencia considerable, la actividad deportiva puede transformarse también en contenido y en una oportunidad comercial. Lucy ya tiene un sponsor; otras niñas que practican crossfit comenzaron a aparecer en campañas publicitarias.

Balmaceda evitó, de todos modos, hacer una valoración médica sobre el entrenamiento de fuerza a esas edades. “No me voy a detener tanto en qué es lo que sucede en términos físicos, si una niña puede o no hacer esos ejercicios, porque no soy médico y no sé esas cosas”, aclaró. Para analizar esa dimensión, consideró necesario incorporar la mirada de especialistas en deporte y nutrición.
El caso de Lucy Milgrim deja una discusión que va bastante más allá de los 82 kilos que consiguió levantar. Hay una niña que encontró una disciplina que disfruta, padres que acompañan su desarrollo deportivo y una audiencia que convirtió ese esfuerzo en un fenómeno viral. Entre esas tres cosas aparece una realidad cada vez más visible: niños que entrenan, compiten y crecen frente a una cámara.
Y cuando el desempeño puede medirse no solo en kilos y récords, sino también en seguidores, reproducciones y contratos con marcas, el debate deja de ser únicamente deportivo.
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