Theo James y James Bond vuelven a coincidir en un momento de alta exposición para el actor británico, entre The Gentlemen, el eco de The White Lotus y una respuesta tajante sobre el espía más famoso del cine. “Para empezar, ya soy demasiado mayor, sin duda”, dijo a GQ.
El actor aseguró que no ve sentido en asumir un papel como James Bond si eso implica perder por completo una vida corriente y quedar absorbido por una fama irreversible. En la entrevista, también habló de su relación con la exposición pública, de su necesidad de preservar el anonimato por su familia y de una etapa profesional que le permite elegir mejor sus proyectos.
A sus 41 años, Theo James habló con British GQ durante la promoción de la segunda temporada de The Gentlemen, que Netflix estrenó el 3 de septiembre de 2026 y donde interpreta a Edward “Eddie” Horniman. El actor sostuvo que esta etapa de su carrera le permite elegir proyectos con mayor libertad: “Con un poco más de éxito, y eso siempre fluctúa, puedes permitirte ser algo más selectivo con lo que haces”.
La clase, el poder y la ambición en “The Gentlemen”
Cuando la conversación pasó a The Gentlemen, James situó la serie en el terreno de la clase social, el poder heredado y la corrupción moral. En esa parte de la entrevista con GQ, dejó una de sus definiciones más directas sobre el Reino Unido: “Creemos que no es así, pero la clase social define Gran Bretaña”.

El actor explicó que al principio entendió a Eddie desde “un sentimiento de culpa de clase media”, como alguien que despreciaría ese legado aristocrático. Después, a partir de las conversaciones con Guy Ritchie, dijo que empezó a ver el magnetismo de pertenecer a un linaje de 600 años. “Es algo que no puedes entender de verdad a no ser que lo tengas, y yo no lo tengo”, señaló. “Creo que lo subestimé. El encanto, el poder y la importancia que tiene para la gente”, agregó.
Para James, esa promesa de continuidad y pertenencia también está en el origen de una degradación más profunda. “La gente comienza a creer que merece estar ahí por esa razón. Y que pueden hacer cualquier cosa con tal de mantenerse ahí… Y eso es lo más tóxico”, dijo.
Ese deterioro aparece en la segunda temporada a través de un Eddie más atraído por su peso dinástico y más dañado por las consecuencias de sus decisiones. “La idea de que el alma se ennegrece hasta que ya no hay vuelta atrás”, planteó James.
La fama, los selfis y el precio de perder el anonimato
Al mirar hacia la etapa de Divergente, el actor habló de una relación mucho más áspera con la exposición. “Cuando era más joven, hice una saga adolescente y eso fue más complicado. Hay un momento de euforia en el que la gente te persigue por la calle, ese tipo de cosas”, explicó.

Esa presión lo llevó a encerrarse, a rechazar trabajo y hasta a pensar en estudiar Oceanografía en la Universidad de Santa Cruz, en California. “Sin duda, me preguntaba si, de hacer algo así, algo más real, en cierto modo, sería más feliz”, reconoció.
Además, explicó que el anonimato sigue siendo una frontera que no quiere perder del todo, sobre todo por sus hijos, que van a cumplir 5 y 3 años.
Por qué Theo James no idealiza el papel de James Bond

James no aborda la idea de Bond como una meta natural de carrera, sino como un papel capaz de alterar de forma permanente la relación entre actor, personaje y vida privada. “Para mí, no merece la pena”, dijo al hablar del coste de una fama total. Y agregó: “A la vez, es muy embriagador que te ofrezcan un papel enorme y atractivo que puede cambiar tu vida para siempre. Pero, en última instancia, no merecería la pena”.
GQ también reveló cómo lo ven sus compañeros en esta etapa. Kaya Scodelario, su compañera en The Gentlemen, dijo: “Es muy seguro de sí mismo. Es su mayor fortaleza. Theo no tiene aires ni pretensiones. Nunca actúa para complacer a nadie”.

Al llegar al asunto de 007, James mantuvo el tono del resto de la charla: menos atraído por el mito que atento al costo que arrastra. Su respuesta dejó claro que, ante un personaje capaz de absorberlo todo, prefiere preservar una carrera con más margen y una vida que todavía pueda parecerse a la de una persona corriente.



