“Ya pasó el tiempo del lobo solitario. ¡Reúnanse! Cancelen la palabra combate de su actitud y de su vocabulario. Todo lo que hagan desde ahora deben hacerlo de manera sagrada y celebrando. Somos la gente que estábamos esperando".

Miguel Grinberg nos legó una visión y un llamado que muchos de nosotros estamos sintiendo con fuerza. Estaba convencido de que la verdadera revolución social necesitaba comenzar por una profunda transformación de la conciencia individual. La conciencia individual no solo evoluciona a través de prácticas de meditación, de autoconocimiento y de procesos de sanación. Empieza a ser posible cuando modificamos las formas en que tratamos al vecino, la forma en que llevamos nuestro día a día, cada acto mínimo, los hábitos de qué y cómo consumimos y cuándo podemos elegir de qué nos alimentamos.

“Todo lo que hacemos para mejorarnos a nosotros mismos necesita estar orientado al bien común”, afirmaba.

Sintetizar quién fue Miguel Grinberg me llevaría muchísimos párrafos. Su paso por esta Tierra nos legó más de lo que se puede contar. Escritor, poeta, periodista y argentino. Un ser humano de vanguardia, pionero de la ecología social, de la difusión de la permacultura, de la fuerza de las comunidades y de la espiritualidad ecuménica. Grinberg también es recordado como referente del rock y como el fundador de la revista Mutantia. Siendo uno de los más comprometidos discípulos de Thomas Merton, creó “Holodinamia”, un sistema de meditación que buscaba desarrollar nuestro potencial intuitivo. ¡Y tanto más! Quienes bien lo conocieron, lo leyeron y se dejaron permear por sus ideas encontrarán en estas oraciones una descripción limitada. Consciente de esto, me animo a compartir apenas un contexto para que quien sienta el llamado se atreva a profundizar más en su arte y en su visión, que hoy está más vigente que nunca.

“Somos la gente que estábamos esperando”. Esta frase vuelve a mí una y otra vez desde hace años. Sintetiza un llamado y condensa una increíble potencia que puede lograr, al fin, que muchos humanos conscientes, con necesidad de dar un paso más allá de ellos mismos, asuman su protagonismo y su pequeña (o no) parte del entramado de esta realidad.

Asumir el protagonismo y la pequeña (o no) parte del entramado de esta realidad. (Foto ilustrativa: Adobe Stock.)
Asumir el protagonismo y la pequeña (o no) parte del entramado de esta realidad. (Foto ilustrativa: Adobe Stock.)

Muchas veces nos preguntamos: “¿Quiénes estarán siendo los referentes, los próceres, los iniciadores del tiempo por venir? ¿Quiénes sostienen visiones y crean organizaciones que construyen los nuevos cimientos? ¿Quiénes serán los líderes que ahora están abriendo las compuertas, casi sin saberlo?“.

Quizás Messi, hace unas décadas, se preguntaba si en esta era habría un nuevo Maradona, sin encontrar respuesta. Tal vez Spinetta buscaba en sus inspiraciones al Piazzolla de su época. Es probable que muchas mujeres se sientan interpeladas a encontrar a las Lola Mora, las Julieta Lanteri y las Mercedes Sosa, sin una mínima conciencia de que bien podrían ser ellas.

Miguel Grinberg sostenía la certeza de que la transformación que anhelamos está sucediendo, que estamos en la antesala de una nueva era. Desde hace décadas nos decía que la esperanza no es una espera pasiva de que las cosas mejoren, sino la decisión valiente de actuar como si el futuro ya dependiera enteramente de nosotros. Por eso nos convocaba a reconstruir el presente con imaginación, ternura y acciones concretas. “Las prácticas de autogestión, la simplicidad voluntaria y la vida comunitaria podrán darle forma a una verdadera ‘ecocivilización’. Por eso es fundamental que empecemos a modificar nuestros hábitos, nuestros pensamientos y la relación que tenemos con la tierra”, afirmaba.

Él, como tantos otros, estaba convencido de que ese nuevo mundo que tantos anhelamos no se creará a partir de las decisiones de las élites ni de “soluciones técnicas” aisladas.

Por eso insistía en que “la educación y la comunicación social necesitaban estar dirigidas a abrir los caminos para que la gente, que parece común, descubra su grandeza y su destino divino”.

Buscar un camino para encontrar la grandeza. (Foto: Adobe Stock)
Buscar un camino para encontrar la grandeza. (Foto: Adobe Stock)

¿Y si Miguel Grinberg tenía razón?

A través de sus libros, talleres y escritos sostenía que la crisis social es un reflejo directo de nuestra desconexión interna. Aseguraba que, mientras viviéramos atrapados en el piloto automático del consumo y del aislamiento, seguiríamos reproduciendo prácticas destructivas. “Hay que nutrirnos bien —decía—, no solo de comida, sino de personas. Las malas compañías no son los delincuentes solamente, sino aquellos que, ante cada iniciativa, se paran delante para señalarte todos los defectos, las contradicciones y los peligros”.

Somos la gente que estábamos esperando. Ecocivilización y espiritualidad (Ed. Kier) es también el título de uno de sus libros, en el que sintetiza muchos de estos principios, sus visiones y la convicción con la que nos convocaba a asumir nuestro rol y a poner a funcionar los dones que portamos al servicio de la transformación de la conciencia individual y colectiva. La frase que condensa su gran militancia es también parte de un antiguo mensaje de los ancianos de la tribu de indios hopi que dice así:

“La undécima hora”

“Ahora deben volver a la gente y decirles que esta es la Hora. He aquí las cosas que deben considerarse: ¿Dónde están viviendo? ¿Qué están haciendo? ¿Cuáles son sus relaciones? ¿Están en el vínculo correcto?

¿Dónde está su agua? Conozcan su huerto. Es tiempo de que pronuncien su Verdad; de que construyan su comunidad. Sean buenos unos con otros. Y no busquen fuera de sí mismos al líder.

¡Esta podría ser una buena época!

A esta altura de la historia, no tomaremos nada como personal; ¡menos a nosotros mismos! Pues, en el momento en que lo hacemos, nuestro crecimiento y camino espiritual se detienen. Ya pasó el tiempo del lobo solitario. ¡Reúnanse! Cancelen la palabra combate de su actitud y su vocabulario. Todo lo que hagan desde ahora deben hacerlo de manera sagrada y celebrando".

Hay seres que solo serán comprendidos en toda su dimensión muy lejos de su tiempo. Recuperar su palabra puede ayudarnos a tomar una nueva fuerza que nos impulse a manifestar esas ideas en pequeños actos cotidianos para que un nuevo y mejor mundo posible, al fin, se manifieste.

Mundo Grinberg es su blog y, para nuestra gracia, aún está online. Este espacio virtual se inicia con lo que él llamó “meditación generativa”:

“Para cada uno de nosotros, la vida es un don inesperado. Al percibir que la misma es única e irrepetible, tratamos de lograr la trascendencia, la singularidad, la ‘realización’. Comienza entonces una larga y no siempre satisfactoria travesía para construir significados. Para darle sentido al hecho de haber nacido. Lo cual no es una tarea sencilla. Pues para lograrlo es preciso afinar al máximo nuestros dones, incesantemente.”

Somos la gente que estábamos esperando. ¡Esta podría ser una buena época!

¿Y si Miguel Grinberg tenía razón?

Que así sea.