
Haakon VIII afrontará este martes 1 de septiembre uno de los momentos más importantes de su vida. Apenas cuatro días después de la muerte de su padre, el rey Harald V, el nuevo monarca acudirá al Storting, el Parlamento noruego, para prestar el juramento constitucional que establece la Carta Magna. Será una ceremonia solemne, pero muy alejada de las fastuosas coronaciones que acostumbran a acompañar a los cambios de monarca en otras casas reales europeas.
A las 13:00 horas, Haakon se presentará ante los representantes de los ciudadanos noruegos para comprometerse públicamente a gobernar de acuerdo con la Constitución y las leyes del país. El acto será retransmitido por televisión y supondrá el primer gran encuentro institucional del nuevo soberano con el Parlamento.
No habrá corona sobre su cabeza ni una ceremonia de entronización. De hecho, Noruega no celebra coronaciones. La sucesión se produce automáticamente en el momento en que fallece el monarca, de manera que el país nunca queda sin jefe de Estado. Cuando Harald murió el pasado 28 de agosto, Haakon se convirtió inmediatamente en rey.

El juramento ante el Storting es, por tanto, una confirmación constitucional de esa sucesión y no el momento en el que Haakon “se convierte” jurídicamente en rey.
Un acto sobrio y con un trono histórico
La ceremonia tendrá lugar en la sede del Parlamento y estará marcada por una escenografía mucho más contenida que la que se vio, por ejemplo, durante la coronación de Carlos III en Reino Unido.
Eso no significa que esté exenta de símbolos. Uno de los más llamativos será el trono del rey que se colocará en el hemiciclo para la ocasión, una pieza histórica vinculada al edificio parlamentario.
El actual trono que utiliza el monarca en las ceremonias solemnes del Storting fue adquirido cuando el nuevo edificio parlamentario abrió sus puertas en 1866. La propia institución explica que no existen documentos que permitan determinar con absoluta certeza su origen, aunque existen diferentes teorías sobre su procedencia. Lo que sí está documentado es que la silla lleva décadas formando parte de la tradición parlamentaria noruega.
El contraste resulta especialmente interesante: Haakon ocupará ese asiento histórico en un acto que, precisamente, subraya que el poder de la Corona está limitado por la Constitución.
El juramento que lleva escrito desde 1814
El momento central llegará cuando el nuevo rey preste el juramento establecido en el artículo 9 de la Constitución noruega, vigente desde 1814.
Haakon prometerá y jurará gobernar el Reino de Noruega “de acuerdo con su Constitución y sus leyes”, invocando también a Dios al final de la fórmula. Se trata de una declaración que pone de manifiesto la naturaleza de Noruega como monarquía constitucional, en la que las atribuciones del soberano están delimitadas por la ley.
Después del juramento, Haakon pronunciará un breve discurso ante el Parlamento. Será su primera intervención ante los representantes de la nación después de asumir la Corona.
A continuación, el presidente del Storting, Masud Gharahkhani, ofrecerá unas palabras en memoria de Harald V y dirigirá también un discurso al nuevo rey. El Parlamento noruego ha subrayado que la ceremonia representa precisamente el vínculo entre la Corona y la institución democrática.
Una sucesión marcada por el duelo
El acto llega en un momento especialmente delicado para la familia real. Harald V murió el pasado viernes después de 35 años de reinado y su funeral de Estado se celebrará el próximo 9 de septiembre.
Por eso, el juramento de Haakon no tendrá el carácter festivo que podría esperarse de la llegada de un nuevo monarca. No habrá grandes celebraciones ni un despliegue destinado a convertir la sucesión en un espectáculo. El país continúa inmerso en el duelo por Harald mientras comienza oficialmente una nueva etapa de la Corona.

La ceremonia concluirá con la interpretación del himno real, cerrando un acto de apenas unos minutos pero de enorme trascendencia constitucional.
Haakon, que durante décadas se preparó para ocupar este lugar, se sentará así ante el Parlamento noruego como rey por primera vez. Sin corona, sin una fastuosa entronización y en plena despedida de su padre, asumirá públicamente el compromiso que resume la esencia de la monarquía noruega: la Corona cambia de manos, pero permanece sometida a la Constitución y al servicio del país.