"¿SIEMPRE DISCULPAR?"
Por Guillermo Daniel Rivelis.
Muchas personas han tenido un padre o una madre o ambos sumamente e injustamente severos.
Nunca el castigo es un método educativo.
Hace que niños, niñas y adolescentes busquen maneras de hacer lo que se les prohíbe a escondidas.
Hablaré de "padres" para incluir a padres y madres.
Hay "padres" que mandan a la cama sin comer, padres que pegan, padres que prohíben salidas, padres que pasan un límite en materia corporal-sexual.
Diversas corrientes psicológicas actuales (y de los últimos años) sostienen que todo tiene que ser perdonado.
Por más de un motivo:
- porque cada uno hace lo que puede,
- porque no disculpar hace que guardemos enojo y hasta odio en nuestro interior y eso no hace bien.
No comparto lo que plantean estas corrientes.
Disculpar o no disculpar no es, en principio, una acción voluntaria. A veces podemos y, a veces, no podemos.
Por otra parte no es bueno pensar que uno tiene una capacidad sin límites de perdonar.
De tal manera, lejos de caminar hacia la salud, esa persona sostiene una fantasía infantil de omnipotencia.
Asimismo, hay algunas cuestiones que no tienen perdón. Situaciones terribles vividas por un niño que ahora se supone que debería disculpar este adulto.
De esa manera, el niño que ese adulto fue, no sería reconocido por este adulto que ahora es.
Ese niño quedaría, entonces, revictimizado.
Por último, no es cierto que siempre disculpar haga "bien".
Hay determinadas cuestiones que hacen mucho mal cuando pretenden ser perdonadas porque fuerzan un sentimiento que no nos es auténtico.
Por el contrario, hace bien estar enojado con una persona que ahora puede no estar y que nos hizo sufrir mucho y pudo habernos arruinado la vida.
No se trata de una revancha.
Se trata de ser sinceros con nuestros propios sentimientos.
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