Comenzó el juicio contra Álvaro Juan Aparicio Díaz, conocido como Sahú Ari Merek, y Carolina Cannes, acusados de trata laboral, explotación y abuso sexual en el marco de una presunta secta de sanación egipcia que funcionaba en Pozos Azules, Traslasierra. En ese contexto, una de las víctimas habló en Noticiero Doce después de prestar declaración ante la Justicia.
La mujer, que actualmente vive en el exterior, aseguró que ingresó al grupo como estudiante sin conocer lo que ocurría detrás de la organización. Según su relato, Aparicio Díaz se presentaba como un maestro con capacidades extraordinarias y alrededor suyo se construían historias sobre supuestos milagros.
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“Un muy buen manejo de grupo y yo cuando ingreso como estudiante sin saber todo lo que había detrás, después cuando me di cuenta, era como una fachada, una imagen que él obligaba a transmitir, entonces todo el mundo todos hablaban de milagros hechos por el maestro que eran mentiras fabricadas por él”, sostuvo.
También contó su propia experiencia: “Como en mi caso, él supuestamente me detectó un cáncer, me lo curó y yo le debía la vida. Empecé como invitada, luego como alumna, siempre es el mismo mecanismo y terminé yendo a trabajar todos los días”.
“Parecía la aldea de los pitufos”
La víctima describió que su primera impresión de Pozos Azules fue la de un espacio en el que todos trabajaban con entusiasmo. Sin embargo, aseguró que esa percepción cambió cuando comenzó a permanecer más tiempo allí.
“Al principio cuando fui a Pozos Azules parecía la aldea de los pitufos, un lugar feliz donde todos trabajaban con alegría, y a medida que empecé a pasar más tiempo y vi lo duro de todo lo que estaban haciendo los chicos que estaban ahí empecé a entender que ni siquiera dormían o comían”, relató.
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La mujer sostuvo además que las condiciones afectaban incluso a quienes no dormían dentro del lugar. Según afirmó, disminuyó su calidad de sueño y alimentación y “la comida estaba en muy mal estado”.
En otro tramo de su testimonio, describió un vínculo atravesado por el miedo y el control. “Ha sido muy duro, las víctimas no tenemos una perspectiva clara de quién es el otro, todo estaba mediado por su mente enfermiza que nos enfrentaba, que nos agredía y nos incitaba a agredirnos unos a otros”, expresó.

“Me da vergüenza reconocer la devoción y el sometimiento con el que hablábamos, nos la pasábamos pidiendo perdón y lavándolo y se lee el miedo que había de cometer un fallo pequeño”, agregó.
Por último, recordó uno de los castigos que aseguró haber recibido: “Yo me ligué un castigo por saludar a una persona antes que a él, fueron 48 horas desmontando un campo sin descanso”.
Además, el denominado “sanador egipcio” se mantuvo activo en las redes sociales hasta hace pocas semanas. Desde allí ofrecía viajes a Egipto y compartía información y videos vinculados a las mismas prácticas con las que, según los testimonios, habían sido captadas otras víctimas.






