La salud cerebral puede mejorar en edades avanzadas con hábitos sostenidos, estimulación mental y control de los factores de riesgo  (Imagen Ilustrativa Infobae)

La creación del Plan Nacional de Alzheimer y Trastornos Relacionados en Argentina puso la prevención del deterioro cognitivo entre las prioridades de salud pública. En paralelo, la evidencia científica internacional analiza hasta qué punto los hábitos pueden contribuir a preservar estas capacidades: un ensayo clínico realizado en Estados Unidos con 2.111 adultos de entre 60 y 79 años mostró que un programa estructurado de actividad física, alimentación, desafíos mentales y control de la salud cardiovascular logró mejores resultados cognitivos que una estrategia autoguiada.

La Resolución 279/2026, publicada el 19 de febrero, aprobó el Plan Nacional de Alzheimer y Trastornos Relacionados bajo la órbita del Ministerio de Salud. La iniciativa propone seis ejes: promoción y prevención, formación de equipos de salud, atención integral, investigación, coordinación intersectorial y producción de datos epidemiológicos.

Entre sus lineamientos, el plan incluye la promoción de hábitos saludables y el control de factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y el sedentarismo. El objetivo es incorporar la prevención y la detección temprana a las estrategias de atención primaria.

Un ensayo clínico comparó dos estrategias durante dos años

La evidencia de la Alzheimer’s Association y el National Institute on Aging indica que los cambios en el estilo de vida pueden influir en la salud cerebral incluso en etapas posteriores de la vida  (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio U.S. POINTER, publicado en JAMA el 28 de julio de 2025, se realizó en cinco centros de Estados Unidos. Participaron 2.111 personas de entre 60 y 79 años que tenían factores asociados con mayor riesgo de deterioro cognitivo, como poca actividad física, alimentación de baja calidad o problemas de salud cardiometabólica.

Los investigadores asignaron a los voluntarios a dos grupos. Ambos recibieron orientación para mejorar sus hábitos, aunque uno siguió un programa estructurado, con metas específicas, reuniones periódicas, apoyo profesional y controles de salud. El otro contó con una estrategia autoguiada, con menor seguimiento.

El programa estructurado incluyó ejercicio aeróbico, fortalecimiento muscular, pautas de nutrición, actividades cognitivas y sociales, además de controles de presión arterial y otros indicadores de salud.

El estudio U.S. POINTER en Estados Unidos registró mejoras cognitivas en adultos de 60 a 79 años con mayor riesgo de deterioro cognitivo  (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al cabo de dos años, los dos grupos mostraron mejoras en las evaluaciones de cognición global. Sin embargo, la evolución fue mayor entre quienes siguieron el programa estructurado.

También se registró una diferencia favorable en la función ejecutiva, que abarca habilidades como organizar tareas, tomar decisiones, planificar y mantener la atención. En cambio, el estudio no encontró diferencias significativas entre los grupos en las pruebas de memoria.

La Alzheimer’s Association estimó que la ventaja registrada en el grupo estructurado podía equivaler a una protección frente al deterioro cognitivo asociado con la edad de entre uno y dos años. Esa comparación no implica que los participantes hayan rejuvenecido ni que el programa asegure la prevención de la enfermedad de Alzheimer.

El ensayo tampoco evaluó cuántas personas desarrollaron demencia a largo plazo. Sus resultados muestran que una intervención sostenida sobre varios hábitos puede beneficiar el rendimiento cognitivo en adultos mayores con mayor riesgo, pero no prueban que evite diagnósticos futuros.

No hay un hábito aislado que replique los resultados del programa

Una de las principales conclusiones del estudio es que no se puede atribuir el beneficio a una única conducta. Caminar, leer, hacer crucigramas o modificar la alimentación pueden formar parte de una rutina saludable, aunque el ensayo evaluó la combinación de varias medidas, con objetivos definidos y seguimiento durante dos años.

El National Institute on Aging recomienda mantenerse físicamente activo, dormir entre siete y nueve horas por noche, controlar enfermedades crónicas, evitar el tabaco, limitar el alcohol y sostener actividades intelectuales y sociales.

Estas medidas pueden contribuir a la salud cognitiva, pero no constituyen una garantía individual contra la demencia. La edad, los antecedentes familiares, las enfermedades cardiovasculares, la educación, la vida social y otros factores también pueden influir.