El mal comportamiento de los chicos suele ser una de las mayores preocupaciones en muchas familias. Frente a esto, la reacción habitual es pensar en una falta de educación o en una actitud desafiante. Sin embargo, el psiquiatra austríaco Rudolf Dreikurs propuso mirar más allá de la superficie y preguntarse qué necesidad emocional puede estar detrás de esos comportamientos.

Dreikurs, fue uno de los principales divulgadores de la psicología individual de Alfred Adler aplicada a la educación, puso el foco en la importancia de comprender el mensaje que un chico intenta transmitir a través de su conducta. Para él, limitarse a castigar o etiquetar no resuelve el problema de fondo.

Qué hay detrás de una conducta desafiante en la infancia

Una de las ideas centrales de Dreikurs sostuvo que “un niño que se porta mal suele ser un niño que se siente desalentado”. Desde esta perspectiva, las conductas problemáticas no solo reflejan lo que el chico hace, sino también lo que puede estar sintiendo.

El psiquiatra sostenía que el mal comportamiento puede ser un mensaje. (Imagen ilustrativa IA Gemini)
El psiquiatra sostenía que el mal comportamiento puede ser un mensaje. (Imagen ilustrativa IA Gemini)

El desaliento aparece cuando un niño percibe que no es tenido en cuenta, que no logra cumplir con las expectativas de los adultos o que recibe críticas constantes por sus errores. En ese contexto, ciertas actitudes pueden convertirse en una forma de buscar atención, reconocimiento o recuperar la sensación de pertenencia.

Esto no implica justificar cualquier comportamiento ni eliminar los límites. Por el contrario, Dreikurs remarcó que los chicos necesitan límites claros, pero también adultos capaces de entender el trasfondo de sus reacciones.

El valor de sentirse parte y el rol de la familia

Para Dreikurs, el sentimiento de pertenencia es clave en el desarrollo infantil. Los chicos necesitan saber que ocupan un lugar en su familia y que son valorados por quienes los rodean.

Cuando esa sensación se debilita, pueden aparecer conductas que los adultos interpretan como desafiantes. Por ejemplo, una discusión permanente puede ser el modo en que un niño intenta conseguir atención o demostrar que también tiene poder en la relación.

Frente a una actitud que preocupa, la mirada de Dreikurs invita a cambiar la pregunta: en vez de pensar solo en el castigo, propone preguntarse qué busca expresar el chico con ese comportamiento.

Límites, respeto y alternativas al castigo

Desde esta perspectiva, el castigo constante no suele resolver el problema de fondo. Si un chico ya se siente desalentado, recibir solo críticas, gritos o sanciones puede reforzar esa sensación y aumentar la resistencia.

La alternativa es establecer consecuencias y límites firmes, pero acompañados de respeto y oportunidades para que el niño se sienta capaz. Reconocer los esfuerzos, permitir cierta autonomía según la edad y evitar comparaciones con otros chicos son formas de fortalecer la confianza.

Esto no significa permitir cualquier conducta. El objetivo es corregir sin humillar y poner límites sin convertir cada error en una etiqueta sobre la personalidad del niño.