
Siete de cada diez hogares argentinos con dificultades financieras contrajeron deuda para cubrir alimentos o gastos de vivienda, según un relevamiento de la consultora Inteligencia Analítica realizado a fines de agosto.
El estudio, que relevó un segmento focalizado de la población con problemas para afrontar sus gastos (2.252 casos efectivos), encontró que el 77,2% de los consultados utilizó una deuda nueva para pagar otra anterior y que el 62,1% mantiene en la actualidad algún pago atrasado.
Casi nueve de cada diez encuestados no logra cubrir el conjunto de sus gastos
El relevamiento parte de un diagnóstico sobre la capacidad de pago de los hogares: el 86,4% de los encuestados afirma no cubrir el conjunto de sus gastos familiares. Dentro de ese universo, el 38,6% sostiene que sus ingresos ni siquiera alcanzan para las necesidades básicas, mientras que un 29,1% adicional indica que el ingreso solo cubre esas necesidades mínimas, sin margen para otros consumos. Un 18,7% dice no llegar a cubrir la totalidad de sus gastos y apenas el 13,6% afirma cubrirlos o registrar un excedente.
Según la lectura del informe, la insuficiencia de ingresos antecede al endeudamiento: el crédito aparece como una respuesta ante gastos que el ingreso corriente no logra cubrir. En ese contexto, el pago de cuotas, tarjetas y préstamos compite de manera directa con los recursos destinados a alimentación, vivienda y salud.
“El hallazgo principal no es únicamente la presencia de deuda, sino su utilización para financiar gastos corrientes y, posteriormente, para sostener el pago de la propia deuda. Esta secuencia permite interpretar los resultados como un patrón de endeudamiento defensivo: los hogares recurren al crédito para compensar ingresos insuficientes y sostener compromisos financieros que se acumulan en el tiempo”, detalló en informe.
Alimentos y vivienda concentran el destino del crédito
Al indagar sobre el motivo principal del endeudamiento, el 44,5% de los encuestados mencionó alimentos y productos básicos, y un 32% señaló servicios, impuestos, alquiler y vivienda. Ambas categorías, agrupadas por Inteligencia Analítica, explican el 76,5% del total. Muy por detrás quedan la salud o educación, con el 5,5%, y la ropa, el calzado y los bienes para el hogar, con el 5,1 por ciento. Las vacaciones y otros consumos no esenciales apenas reúnen el 0,9% de las menciones, y las apuestas, el 0,3 por ciento.
El patrón se repite al consultar por un segundo motivo de endeudamiento: el 42% volvió a mencionar servicios, alquiler e impuestos, y el 31,3% citó alimentos. La reiteración de estas categorías, según el informe, muestra que el crédito se encuentra integrado al funcionamiento ordinario del hogar y deja de operar como un adelanto de consumo para convertirse en una herramienta de cobertura de necesidades inmediatas.
La mitad del ingreso familiar se destina a pagar deudas
La carga financiera mensual resulta uno de los indicadores más marcados del relevamiento. El 56,2% de los consultados destina al menos el 40% de su ingreso al pago de deudas, y el 34,9% paga más de la mitad de lo que percibe cada mes. En términos de deuda acumulada, el 44,5% tiene compromisos superiores al 40% de su ingreso y el 59,9% supera el 30 por ciento.

La distribución promedio del presupuesto mensual muestra que el 56,2% del ingreso se destina a obligaciones financieras, frente a un 43,8% disponible para el resto de los gastos. Ese nivel de compromiso, señala el estudio, reduce la capacidad de los hogares para absorber aumentos de precios, ajustes tarifarios o cualquier deterioro adicional en los ingresos.
La tarjeta de crédito es el instrumento con mayor peso
Entre los distintos productos financieros, la tarjeta de crédito ocupa el lugar central. El 48,2% de los encuestados la identifica como su deuda principal y el 52,1% le destina el mayor pago mensual entre todas sus obligaciones.
La forma en que se cancela el resumen mensual funciona, de acuerdo con el informe, como un indicador de deterioro progresivo. El 36% de los consultados pagó el total de su último resumen, el 27,6% pagó más que el mínimo pero menos que el total, el 18,4% abonó solamente el mínimo y el 11,8% pagó incluso menos que ese mínimo. A medida que se avanza hacia los pagos parciales, aumentan de manera correlativa la refinanciación y la mora.
Ocho de cada diez recurrió a una deuda nueva para pagar otra
El 77,2% de los encuestados utilizó una nueva deuda para cancelar una obligación anterior en los últimos seis meses. De ese grupo, el 63,2% recurrió a esta práctica más de una vez y el 14% lo hizo en una sola oportunidad. Solo el 21% del total no apeló a esta estrategia.
La relación entre la refinanciación y la mora resulta directa: entre quienes no utilizaron deuda para pagar otra deuda, el 62,3% no registra atrasos, mientras que entre quienes lo hicieron en varias ocasiones esa proporción sin atrasos cae al 25,7 por ciento. El informe describe esta secuencia como un circuito que comienza con un presupuesto insuficiente, continúa con crédito para gastos corrientes, avanza hacia un mayor peso de las cuotas y termina en nueva deuda para pagar deuda, con atrasos y mayor vulnerabilidad como desenlace.
Seis de cada diez encuestados reconoce algún atraso vigente
El 62,1% de los consultados admite mantener en la actualidad alguna forma de atraso en sus pagos. De ese total, el 31,3% presenta una mora menor a tres meses, el 21% acumula tres meses o más de atraso y el 9,8% no logra precisar la antigüedad de su deuda impaga.
Ante la imposibilidad de completar un pago, las respuestas más frecuentes son pagar solamente una parte (31,1%) y pedir dinero a familiares o amigos (27,8%). Un 18,4% opta por tomar otro préstamo o usar otra tarjeta, el 8,6% deja de pagar de manera temporal y el 5,3% reduce gastos en alimentos, medicamentos u otros consumos básicos. Solo el 2,5% de los encuestados renegoció de manera formal con la entidad o persona acreedora.
Jóvenes, cuentapropistas y hogares numerosos, los más expuestos
El informe identifica diferencias significativas según edad, situación laboral y composición del hogar. Entre los 16 y los 29 años, el 83,8% utilizó una deuda para pagar otra, el porcentaje más alto de todos los tramos etarios, además de un mayor uso de billeteras virtuales y prestamistas. En la franja de 30 a 49 años, el 38,4% destina más de la mitad de su ingreso a deudas y el 25,1% registra mora prolongada.
La situación laboral también marca diferencias: entre quienes trabajan sin aportes, la mora de tres meses o más alcanza el 24,6%, frente al 16,5% de quienes sí los tienen. Los cuentapropistas presentan la mora prolongada más alta entre todas las situaciones laborales analizadas, con el 29,7 por ciento. En cuanto al tamaño del hogar, la mora prolongada asciende del 12% en los hogares unipersonales al 29,8% en los hogares de cinco integrantes o más.
El relevamiento también indagó sobre la identificación política de los encuestados. “La mora de tres meses o más alcanza el 20,9% tanto entre votantes de Massa como entre votantes de Milei. Las principales diferencias aparecen en las expectativas: 81,3% de los votantes de Massa y 54,4% de los votantes de Milei creen que su situación personal estará peor dentro de seis meses”, explicó el trabajo.


